Try en la cancha de la vida

| En una zona de contexto crítico, el Liceo Jubilar apela al rugby como herramienta para enseñar a los chicos a enfrentar la vida. El éxito deportivo es secundario, pero la iniciativa ya ha reportado grandes satisfacciones; y no sólo en la cancha.

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El País

LEONEL GARCÍA

El frío hace imperioso empezar el entrenamiento en la cancha de baby fútbol. Son las 18.30 del viernes, y una docena de adolescentes comienzan a moverse. A un costado, está el edificio del Liceo Jubilar. A los otros, separados por un muro, están las viviendas de material del asentamiento más próximo a la Gruta de Lourdes. Dos horas después, la cancha estará mucho más poceada y barrosa que al principio, pero eso no será preocupación alguna para los rugbistas.

Sí, rugby; rugby en una cancha de baby fútbol; rugby a un par de cuadras de la Gruta de Lourdes, muy lejos (y no sólo físicamente) de los barrios en donde está asociada la práctica de este deporte. Rugby, ¿por qué rugby? ¿Por qué esta propuesta en la que están anotados 55 adolescentes de la zona, alumnos o ex alumnos del Jubilar, y conocidos de éstos, de entre 13 y 17 años?

Más allá de su dureza, el rugby tiene valores muy destacables, señala Ignacio Aznárez, coordinador del taller que impulsa esta disciplina en el Jubilar. "Este deporte se basa en el compañerismo, el apoyo entre todos, y el respeto al compañero, al contrincante y al árbitro. En el rugby no se puede jugar sin saber eso porque es un deporte peligroso. Por eso, el respeto a la autoridad del árbitro es sagrada, no porque sea una obligación sino porque así son las reglas del juego. Y eso se aplica a la vida", sostiene mientras los muchachos -a esa hora entrena la categoría de entre 15 y 17 años- se llenan de tackles, line-outs, scrums, tries y barro. "El rugby no es una solución a la vida, pero sí les inculca valores de esfuerzo. Y si ellos ven que con esfuerzo pueden lograr cosas, tienen una alternativa", añade.

Esos valores cobran una nueva significación en una zona, estigmatizada como roja, donde algo así como el "respeto a la autoridad" lidia constantemente ante barras dispuestas a poner sus propias reglas. "Mucha gente de afuera los ve como distintos, los tratan distinto. Algunos que están en la calle les ponen presión para que no sigan, para que se junten con la `barrita`", agrega Aznárez. "Afuera" es el mundo alrededor de los muros del Jubilar, el mismo en el que viven estos jóvenes. Los responsables cuentan que más de una vez han caído piedras a la cancha desde las casas y calles cercanas. La presión del entorno, reconoce el coordinador, puede ser demasiado. A algunos hace tiempo que ya se los dejó de ver en el entrenamiento.

luchadores. Si bien los resultados deportivos son un objetivo secundario, los responsables cuentan con orgullo que el equipo del Jubilar ya jugó cinco partidos contra colegios con mucha mayor tradición en el rugby, como Seminario, St. Patrick`s o Woodlands. El historial hasta ahora habla de una victoria y cuatro derrotas, "¡pero todas en partidos parejitos, eh!", apunta Gonzalo "Mono" Arancibia, un ex jugador de Old Boys devenido parte del cuerpo técnico totalmente voluntario y proveniente del ambiente del rugby uruguayo. "Los chicos son muy aguerridos, con muchas ganas de aprender. Con una fuerza que te contagia ganas de seguir luchando. Esto los ayuda a ellos, a su barrio, y a uno también", concluye. Uno de los desafíos de este proyecto, reconocido por Aznárez, es ver cómo se puede seguir con el grupo una vez cumplan los 18 años. En eso andan.

El proyecto atrajo también como entrenador a Alfonso "Sapo" Preto, un jugador de las inferiores de Carrasco Polo que se acercó al Jubilar como parte de un trabajo comunitario para su liceo. Le gustó tanto que se quedó, más allá de haber cumplido las horas exigidas. También enganchó a Rafael Álvarez, miembro del plantel de Old Christians y Los Teros, quien está sorprendido por el progreso de los muchachos. Al cuerpo técnico lo completa Álvaro, a quien todos llaman "Pecho" y debe ser, a sus 15 años, el coach de rugby más joven del país. Fue miembro del plantel e incluso practicó en Champagnat, pero un problema de salud lo alejó de las canchas. Sapo y Mono lo convencieron que se quedara en el equipo, pero del otro lado de la línea de cal.

Serio, robusto y vistiendo una campera con el escudo de Nacional, "Pecho" se toma muy en serio su trabajo. Mientras observa de reojo el esfuerzo de sus compañeros afirma que el rugby les ha brindado cosas que el fútbol -casi el único deporte que practicaban antes de esta iniciativa- no tiene. "Me sorprendió el respeto, y también el `tercer tiempo`. Es increíble el juntarse con el otro cuadro, aunque estés caliente, aunque hayas perdido, a compartir una coca y una hamburguesa".

Mikael es "Mika", tiene 16 años y es el capitán del equipo. Sueña con ser biólogo marino, está en tercero de liceo y vive a dos cuadras del Jubilar, donde estudia. Sabe que su barrio tiene el rótulo de zona roja. "Sé que la llaman así, pero como vivo acá, la veo distinto. Hay de todo". Como a casi todos sus compañeros, no le interesaba antes el rugby. Ahora es fanático. "Está bueno, enseña la importancia del respeto y el grupo, que uno no logra el try sin el apoyo del equipo". Nadie le tiene que contar sobre la problemática del entorno. "Sabemos de la droga, de los robos, pero si uno cae en esa, es cualquiera... uno es consciente de lo que hace".

Mika asegura -sus compañeros y entrenadores también- que jamás hubo un problema, ni siquiera una desubicación verbal de propios o extraños, en los partidos contra otros equipos. O que es lo mismo decir, de otras realidades sociales tan antagónicas como Carrasco y Gruta de Lourdes. Los choques, si los hubo, quedaron reducidos a los enfrentamientos en la cancha y olvidados en el tercer tiempo. "Eso es parte del mérito del rugby", explica Sapo. Pecho aporta: "Tal vez haya cuadros que contra nosotros salgan confiados a la cancha, ¡pero con los tackles que metemos se tienen que poner las pilas enseguida!" El amor a la camiseta ya está instalado.

A pulmón. Todo se hace a pulmón. Son los propios muchachos los que arreglan la cancha en la que practican. De hecho, algunos se quedaron sin entrenar porque trajeron ropa de "fajina", para hacer una zanja que quedó para otra ocasión por falta de herramientas. Javier, vigilante del liceo, hace las veces de improvisado médico del equipo, gracias a sus estudios avanzados en enfermería. Hace falta su presencia. Entre ensayos de pases y tackles, "Tony" cae como fulminado; aparentemente, es un escape. Nada serio. "Este gordo (un compañero que permanecerá en el anonimato) no sirve para nada y se viene a caer arriba mío, ¡que se dedique al fútbol!", protesta. El amor es más fuerte: minutos después estará soportando la embestida de hasta tres de sus compañeros más corpulentos en el trabajo diferenciado de los forwards. Uno de ellos es "Kiti", o Christian, cuyo nivel lo llevó a ser uno de los dos preseleccionados del Jubilar para el combinado de la Unión de Rugby del Uruguay (URU) de la categoría. El otro, "Jeanpi" o Jean Pierre, entrena con los backs.

En algún momento era común separar una piñata a causa de un choque en las prácticas. En los primeros partidos, los muchachos se sentían perdidos por el hábito de entrenar en una cancha considerablemente más reducida que las de rugby. Pero nada de eso se nota ahora. La alegría, el esfuerzo y la buena onda llenan el entrenamiento. Como deporte amateur que es en Uruguay, ninguno de ellos se va a "salvar" corriendo detrás de una pelota ovalada. Nada de eso les importa; solo vale prepararse para el próximo test-match, tal vez el fin de semana que viene, contra los chicos de Monte VI.

A las 20.30 ninguno de los muchachos siente el tremendo frío de la noche. Es la hora de la charla final de Sapo, voz cantante del cuerpo técnico a sus 18 años. Hay alegría por una buena práctica; pena por las ausencias. De los 16 presentes, sólo 12 entrenaron. El resto o tenía una lesión o no había traído ropa adecuada. El ida y vuelta técnicos-jugadores aclara puntos. Que no vinieron tiradores, que faltaron forwards, que el frío asusta, que Fulano tenía feria, que Mengano no viene más, que de Zutano no se sabe, que Perengano venía y no llegó. "Hay que entrenar, necesitamos de todos, contagien, casi siempre son los mismos los que vienen, los que se llenan de barro y los que se llevan las puteadas por los que faltan", arenga el joven coach. "¿Quién cree que llegó al máximo?" "Nadie, todos podemos dar más", responde Tony; el mismo que hace diez minutos entrenaba duro y hace media hora estaba doblado de dolor por el fragor de la práctica.

El encuentro termina con el tercer tiempo post entrenamiento. Leche chocolatada, jugo, torta de fiambre (cortesía de uno de los jugadores), bananas y mandarinas. La sana costumbre de este deporte no es solo una cuestión de camaradería en este caso. El cuerpo técnico sospechaba que muchos malestares de algunos integrantes del equipo, como dolores de cabeza o huesos, se debía a una alimentación no adecuada para un deportista.

Es noche cerrada. En las afueras del Liceo Jubilar, en la esquina de Román Arana y Calle 5 se junta una de las barras de la zona. A pesar de que puedan ser conocidos, la amenaza de algún "mangazo" o alguna desubicación está latente. Por eso la salida, a pie y rumbo a la calle Antillas, es con todo el grupo unido. Como un equipo.

"El crecimiento es limitado por los prejuicios"

Desde hace tres años, el sacerdote Gonzalo Aemilius es el director del Liceo Jubilar. Con él, llegó el rugby a esa institución como parte de la oferta educativa.

"Era una locura, ¡al principio fue difícil sacarlos del fútbol!", recuerda hoy riendo. "Pero mientras que ahí se promueve mucho la individualidad, en el rugby, si bien es bueno destacarse, para lograrlo uno tiene que apoyarse en todo el equipo. Dentro de la política educativa nuestra, este juego fomenta el trabajo en grupo y el espíritu de superación. A los chicos les decimos que ensayen y sueñen, que pueden caerse pero enseguida levantarse. Y está muy bien decírselos, ¿pero qué mejor manera que ellos mismos se den cuenta a través de un juego?"

El director no disimula su disgusto con la calificación de "zona roja" para el entorno en donde se levanta el Jubilar. "Es una caricaturización, es como decir: todos los que salen de acá son malandros. A mí me molesta el simplismo barato. Más allá de los problemas obvios que hay acá -las cuestiones materiales, los robos, la droga- lo peor es que nosotros mismos nos victimizamos y victimizamos. Con todos los prejuicios que hay, limitamos el crecimiento de los gurises. Yo no digo que haya que ser ingenuo, ¡no digo que las dificultades no existan! ¡Pero eso ya es algo sabido, y no todo es así! El mayor obstáculo que tienen estos chicos, que de peligrosos no tienen nada, no es el barrio, sino el no creer que puedan superar los obstáculos. Pero vos los ves practicar y te das cuenta que quieren dejar todo en la cancha de la vida".

En el Jubilar se ha pensado alguna vez en que su equipo compita en los torneos de menores de la URU. Aún les falta para eso, reconoce Aemilius. De cualquier forma, el éxito deportivo estará siempre en un segundo plano. "No espero que ninguno de los chicos sea un atleta fenomenal, pero sí que adopten un espíritu emprendendor y ganas de enfrentar la vida". La vida, en este caso, tiene forma de cancha de rugby. "Espero que los muchachos aprendan que cuando los van a "tacklear", pueden buscar al compañero, pasar la pelota, y seguir hacia adelante. Si salen con eso incorporado, me puedo jubilar mañana".

Donaciones y voluntarios

Además del Jubilar, hay otras instituciones que difunden el rugby en zonas carenciadas. Entre ellos está el Centro Educativo Los Pinos, en Casavalle, y la Asociación Los Tréboles, en Flor de Maroñas. Hasta el año pasado, la Escuela 183 de Carrasco Norte también tenía una iniciativa similar.

El Liceo Jubilar Juan Pablo II, inaugurado en noviembre de 2003, es el primer centro educativo de gestión privada gratuito para sus alumnos en Uruguay. Todo se solventa con donaciones y voluntariado. Tiene 105 estudiantes que van de primero a tercero.

Esas donaciones -de textos a computadoras, pasando por convenios educativos con otras instituciones- también han beneficiado al rugby. El banco Itaú ha aportado las camisetas blancas que conforman la indumentaria del equipo. Reebok ha apoyado con equipamiento deportivo. La URU brindó pelotas.

El Jubilar busca hoy voluntarios para una iniciativa deportiva para las chicas, al estilo handball. Teléfono: 2270916.

Proyectos de "Teritos"

En su breve historia, el "Liceo Jubilar Rugby Club" -así lo llaman algunos- ya ha logrado algunos hitos. El primero de ellos fue su test-match inaugural, el 16 de noviembre pasado, ante el Colegio Seminario. Perdieron 24-10. A principios de este año y frente al mismo rival, obtuvieron su primera victoria.

Pero el miércoles 29 de julio, hace 11 días, obtuvieron un reconocimiento que vale por unos cuantos triunfos. Dos de sus jugadores, Jean Pierre y Christian, preseleccionados para la sub-16 de la URU, realizaron el primer entrenamiento con el combinado de esa categoría, con chicos provenientes de colegios e instituciones con muchos más años de tradición en el rugby. Y ambos aseguraron que no notaron ninguna diferencia de rendimiento con sus ¿futuros compañeros en los Teritos, tal vez?

"Eso me da más fuerzas para seguir adelante", asegura el robusto Kiti. Jeanpi, que entrena con una remera de Old Boys, agrega: "Me emocionó mucho la preselección. El rugby le puede abrir puertas al barrio, demostrar que hay buenas personas que quieren progresar".

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