Laura Martínez

Desafíos a dos orillas

Laura ya no está “en tu casa”, como en el micro de gimnasia que realizaba hasta el año pasado. Salió de su zona de confort y se animó a un reto mayor: una coproducción para la señal Magazine en donde saca a relucir su perfil de presentadora y entrevistadora.“Me siento presionada en tener que hacer las cosas muy bien”, confiesa. La conductora, la actriz, la madre de un adolescente, la exesposa de una eminencia de los medios, la hermana de un periodista que se probó en los chimentos y la exbochinchera que ahora recibe el amor de niñas que no llegaron a verla en televisión. Laura Martínez es todas esas mujeres y las hace hablar en una entrevista íntima.

Laura Martínez. Foto: Javier Cé Producción: Carolina Nieves
Laura Martínez. Foto: Javier Cé Producción: Carolina Nieves
Laura Martínez. Foto: Javier Cé Producción: Carolina Nieves
Laura Martínez. Foto: Javier Cé Producción: Carolina Nieves
Laura Martínez. Foto: Javier Cé Producción: Carolina Nieves
Laura Martínez. Foto: Javier Cé Producción: Carolina Nieves

Laura Martínez está convencida: pudo despegarse de la imagen de Cacho De la Cruz a la que estuvo asociada por 26 años y cultivar un perfil propio. Lejos del envión que le daban las largas horas al aire en Teledoce, fue trazando un camino largo pero constante.

En estos años, transitó por una obra dramática en teatro, un unitario para Argentina, una participación en el programa de Sergio Puglia para Punta del Este y un segmento de fitness en las mañanas de Canal 10. "Se cerraron algunas puertas, pero enseguida se abrieron otras que me mostraron haciendo cosas distintas a las que venía haciendo hace años", resume Laura sobre esta etapa.

Superó los mojones profesionales con creces y en este último tramo se topó con el desafío mayor: un espacio propio en el canal argentino Magazine que la devolvió a su rol de conductora de variedades. Desde el otro lado del charco se la puede ver a Laura en entrevistas a celebridades e informes sobre el patrimonio uruguayo que despiertan interés en el público vecino. Lo hace en Comenzando el día, ciclo que conduce Verónica Varano. "En el primer programa salió periodista Laura Martínez y pedí que lo cambiaran porque soy comunicadora", apunta con modestia.

La conductora está sumergida en este proyecto. Sus notas comenzarán a verse desde diciembre en Canal 7 de Maldonado y ya confirmó que será la responsable de la cobertura estival en Punta del Este para la señal argentina. Se la escucha tan entusiasmada que sostiene que "seguro" iría a trabajar al otro lado del Río de la Plata si se le presentara la oportunidad. Antes la detenían la educación de su hijo Santiago y los prejuicios sobre las personas que cruzan el charco. "Es gente vinculada a la farándula y ese no es mi perfil", pensaba. Ahora "que Santi es más grande" y que comprobó que para colarse en la industria porteña no precisa más que su cálido estilo, no lo pensaría dos veces.

Por otra parte, reconoce que esta flamante propuesta "la tensiona". Se complica a la hora de atenerse al guión de un formato más estructurado que con el que se desempeñó en experiencias anteriores. "Me encanta el vivo y no tener libreto, pero en este formato no es así. El espacio tiene que ser preciso. Como yo soy natural, me pasa que tengo tres preguntas para hacer pero de repente me salgo y pregunto ¿por qué estás tan flaca?, pero no me puedo mostrar tan así", explica, y destaca en ese sentido la ayuda de su productora Carolina Nieves y del realizador Gonzalo Arnoletti.

La oportunidad de Magazine le había llegado sobre fines de 2014 pero Laura la había rechazado. Se le cruzó la trágica muerte de su entonces compañera de Canal 10, Ana Nahum. "Yo la adoraba y eso me fulminó", recuerda en el único momento de la entrevista que destierra la sonrisa de su rostro. "Se hizo una linda conexión y siempre estuve ahí. Teníamos mucha química. Nuestros hijos tienen la misma edad y están en mismo curso, entonces hablábamos de los problemas de la adolescencia hoy en día", completa.

Tras el desplante al canal argentino, Laura pensó que no la volverían a llamar nunca más. Pero el tren pasó dos veces. El teléfono volvió a sonar y el resto es historia conocida. Ciudad Vieja, La Rambla, el museo Juan Manuel Blanes y entrevistas a artistas como Mónica Navarro son parte del contenido que hoy exhibe la uruguaya en el cable de la otra orilla. "Tenemos mucha libertad para trabajar", agradece.

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El quiebre de Laura

La obra El Salvador (2013) junto a Franklin Rodríguez fue el punto de inflexión en la nueva etapa de su carrera. A partir de ese papel fue convocada para la ficción argentina El Francés, de la mano de Ricardo Preve y Mariana Sagasti. Se verá en la televisión local en 2016.

Su minipasión.

A pesar de los nuevos rumbos, Laura nunca dejó de dar clases de danza para niñas en el gimnasio Mujeres ni de ofrecer espectáculos infantiles, de hecho prepara uno nuevo para el verano en Punta del Este. "Los niños me llenan el alma, son la felicidad total", sintetiza y no pasa por alto un detalle crucial. Las generaciones que llegan a sus clases no la conocen. No saben qué fue Cacho Bochinche. Pero ella sostiene que la sintonía con ese público está intacta, tal cual como si el programa estuviera al aire: "Nunca me vieron en la tele pero tienen la misma fascinación, y eso es recíproco".

La "fascinación" lleva a que Laura afirme categórica: "Quiero volver a estar en un programa infantil, es lo que más extraño". Está trabajando para eso. Planea volver a la televisión de aire en 2016 con una propuesta en ese género bajo la producción de Mariana Sagasti. "Lo que vamos a hacer es súper aggiornado y moderno pero igual yo mezclaría de las cosas que habían antes... Como que me digan un versito que aprendieron en la escuela, ¿por qué no? A mí me gusta lo simple de los niños".

La dicotomía que se le presenta a Laura entre lo "simple" y lo "aggiornado" no es casual. Los niños saben más sobre el teléfono inteligente de los padres (o del propio) que sobre versitos aprendidos en la escuela. No es un dilema que Laura enfrente solamente para la televisión. Es un dolor de cabeza diario para la conductora, que además es madre de un adolescente. "Veo como los absorbe la play, las redes sociales, la computadora, el teléfono. Les quita tiempo para estudiar, los consume", se horroriza sobre el vínculo entre los jóvenes y la tecnología. "Hay que encontrar un equilibrio", advierte.

Reivindica la importancia de la educación familiar, y así sigue de cerca a Santiago, el hijo de 15 años que comparte con Cacho De la Cruz. "Lo ayudo a estudiar, ahora estoy deseando que pase el año", revela, y confiesa que el adolescente ya sale a bailar a sus primeras "plus 15" con la complicidad de su padre. "Yo me quedo muy nerviosa. Cuando se queda con su padre me hacen trampa, me mienten sobre la hora que llegan. Los llamo y nadie me quiere atender". Y cierra con una sonrisa: "Los De la Cruz son muy fuertes..."

Sin farándula.

A Laura no le gusta el star system. Le aburre la farándula, descree de la existencia de la misma en Uruguay y no se siente identificada con ese mundo. Así lo aclara en cada entrevista cuando aparece el tema. Sin embargo, el año pasado la prensa del corazón se infiltró en su familia cuando su querido hermano y periodista Rufo Martínez se puso al frente del programa de chimentos de Teledoce, Verano Perfecto. Laura define a su hermano como un "talentoso" y cree que estaba "en su lugar justo" en aquel ciclo que finalizó en mayo: "Él no es farandulero pero pedía al aire que lo informaran, se mostraba tal como es. Más que el contenido me gustaban los tres conductores, Rufo, Nati (Yoffe) y Andy (Vila)". Agrega que tiene una "relación divina" con Rufo y suelen ser muy críticos entre ellos: "Nos damos mucho palo, pero yo le dije que en ese programa me encantaba". Y piensa: "Igual tendría que tener su periodístico propio. Es un capo y se lo merece".

La conducción de Rufo en Teledoce llevó a un acontecimiento sensible para Laura: fue invitada al programa de su hermano y volvió a pisar el canal que fue "su segunda casa" por más de tres décadas. "Pensé que me iban a temblar las piernas y no iba a poder", recuerda nerviosa. Es que Laura no había vuelto a pasar por Teledoce desde hacía cuatro años, cuando se fue y no en los mejores términos. Así recuerda su visita al ciclo: "No quise pasar por maquillaje ni vestuario, pero me sentí bien. Todo el miedito que tenía se me fue enseguida con el abrazo de la gente querida de ahí. Me encantó estar al lado de mi hermano, me gustaría hacer un programa con él".

A Laura no sólo le aburren los programas de chimentos. Tampoco le divierten demasiado otros programas de la televisión uruguaya, y es crítica con sus comunicadores.

"Casi todos se hacen pasar por alguien súper simpático cuando no lo son. Eso se nota. Capaz que es culpa de productores que piden tenés que ablandarte más, ser más fina, tener más glamour, pero uno es como es. Cacho (De la Cruz) se mantuvo vigente por ser como es, igual que Omar Gutiérrez. El Piñe y (Sergio) Puglia también me parecen auténticos", finaliza.

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"No prendo la tele"

"No hay programas que me atrapen. Me gustan Santo y Seña, Esta Boca es Mía y Puglia invita... Pero prefiero leer un libro, andar en bicicleta o escuchar música celta".

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