EL PERSONAJE MÁS GOLPEADO DEL FÚTBOL

La porfiada vocación del árbitro

En un fútbol cada vez más profesional, los árbitros quedaron un paso atrás. Luego de años de reclamos, lograron algunas conquistas, pero no alcanzan para dedicarse exclusivamente al deporte. ¿Cómo se vive entre entrenamientos duros, controles continuos y la duda constante de su honestidad?

17.885 pesos aproximadamente cobra por partido un árbitro central de Primera División. Foto: A. Colmegna
Unos 17.885 pesos cobra por partido un árbitro central de Primera División y los internacionales. Foto: A. Colmegna

Un niño observa el partido rodeado de una hinchada minúscula y grita "genocida", "genocida", "genocida". El genocida es el árbitro. A su alrededor un adulto lo festeja. Ahora son dos, tres, cinco adultos festejando. Orgulloso por la atención, el niño agrega otra muletilla: "¿Vamos a jugar al fútbol o qué?"

Las quejas se repiten por 45 minutos.

Un hombre ya no lo soporta más. "Así no se puede, por favor, hacé algo con tu hijo", le dice al padre del niño. "Él viene a la cancha a descargarse como cualquiera y tiene derecho a gritar lo que quiera igual que vos", le responde.

Andrés Cunha escucha esta anécdota y sonríe con timidez, escurrido entre una taza de café doble y un sillón demasiado grande para su físico: delgado, pequeño, ágil. El mozo lo mira con una sonrisa a medias, como diciéndole yo sé quién sos, pero no suelta nada. No es el único. ¿Quién saluda a un árbitro en un bar? ¿Qué se le dice exactamente a un profesional del fútbol que en tres años fue amenazado dos veces de muerte por no sancionar un penal? ¿Quién recuerda, con verdadera pasión, un buen arbitraje?

La primera advertencia, en 2013, después de un partido entre Nacional y Liverpool, fue por mail. Estaba dirigida a él y a su familia. Decía: "Ladrón, es imposible que no hayas visto esa falta a Alonso. Hijo de puta. Cuidate vos y los tuyos. Nacional y su hinchada no lo van a dejar así". La segunda, en 2016, después de un partido entre Peñarol y Wanderers, fue mediante pintadas. Una en la fachada de la Asociación Uruguaya de Fútbol: "Con Peñarol. Si siguen robando van a morir todos". Y otra en el Colegio de Árbitros, estampada en el Estadio Centenario: "Dejen de robar a Peñarol. Hay balas para todos".

Furiosos, los dirigentes aurinegros exigieron su renuncia del Colegio de Árbitros y que no fuera designado para dirigir en la Copa América Centenario, pero ninguno de sus pedidos prosperó. Apenas unos días después, durante un partido entre Brasil y Perú por la Copa América, el jugador peruano Raúl Ruidíaz metió un gol con la mano. Ante el reclamo de los brasileños, Cunha detuvo el partido y pidió ayuda a sus asistentes para saber si alguien había visto la infracción. Durante tres minutos interminables nadie le dio una respuesta certera y él validó el gol, que terminó dejando a Brasil fuera de la competencia. "Esta jugada fue tan confusa que se convirtió en material de estudio en el entrenamiento de árbitros de la FIFA", cuenta.

La estadística estima que el arbitraje tiene un margen de error del 10%, pero ninguna equivocación resulta tan expuesta como la que comete un árbitro. Puede ser una entre las más de 1.000 decisiones que se toman en 90 minutos de juego pero, si es clave y arruina el partido, se vuelve el protagonista de una tormenta de acusaciones y su honestidad se pone bajo sospecha. No hay forma de ser querido por ninguno de los dos equipos que se enfrentan: ante un penal, un bando se queja por lo cobrado mientras que el otro reclama tarjeta.

Cada fin de semana, miles de hinchas le gritan "ladrón" a un árbitro pero, hasta el momento, nunca se confirmó un solo caso de corrupción en el fútbol uruguayo. De hecho, desde el gremio aseguran que los errores arbitrales que se comprueban y se sancionan son casos aislados. "Una de las razones fundamentales de que haya tanto mito es que muy pocos conocen las reglas del juego", opina el árbitro asistente Marcelo De León, presidente de la Asociación Uruguaya de Árbitros de Fútbol (Audaf).

—Lamentablemente uno espera los insultos. Esto pasa en todos lados, pero en Sudamérica y en nuestro país la pasión se vive con un nivel de agresividad descomunal. Acá el 90% de los hinchas están concentrados en dos cuadros, entonces si un día te equivocás con uno es porque sos hincha del otro indefectiblemente —dice Cunha.

Hace un año, cuando el mundo se le vino abajo, Cunha no podía dormir. Pidió disculpas a los hinchas. Sentía que el país entero hablaba de su error en los bares, en las calles, en los ascensores. Pensó en renunciar.

Eso ya pasó.

Ahora, para cambiar el clima, cuenta.

—Bueno, yo tengo otra anécdota. Al principio arbitrar es muy difícil: es como cuando aprendés a manejar y no sabés cómo vas a hacer con todo. Mis primeros cinco partidos fueron un desastre. Me acuerdo que los asistentes me gritaban desde la línea que volviera al medio de la cancha, porque corriendo y mirando las jugadas, me iba yendo cada vez más para afuera de la banda.

La Comisión de Arbitraje de Peñarol realiza estadísticas de los arbitrajes de todos los partidos. Foto: M. Bonjour
La Comisión de Arbitraje de Peñarol realiza estadísticas de los arbitrajes de todos los partidos. Foto: M. Bonjour

Igual que hacen los jugadores, antes de cada fecha los jueces estudian el comportamiento de los equipos y el tipo de juego que plantea su técnico: desde hace un año tienen acceso al software Wyscout, que contiene archivos de todos los partidos. Los árbitros llegan juntos al estadio. Un minuto antes de salir a la cancha, Andrés Cunha piensa en su esposa, en sus tres hijos y repasa "la película del partido que uno se imagina". Se dice a sí mismo que no se pueden cometer errores. Le dice al equipo de cuatro árbitros asistentes que hay que estar concentrados, "que nada puede escapárseles de la vista". En el entretiempo, en el vestuario de los jueces también hay una charla técnica. Y cuando llega el pitido final, si el arbitraje salió bien, estos deportistas acostumbrados a soportar el desprecio en silencio, celebran con abrazos. Al menos ese domingo por la noche, cuando empiecen a circular las imágenes de las jugadas, no tendrán de qué preocuparse.

Por la competencia.

Los gritos y los insultos pueden volverse costumbre, pero los golpes no. Siempre hay un límite.

Hace tres semanas, durante un partido sub-19 entre Platense y Basáñez, el árbitro Carlos Rocca fue agredido mientras observaba el juego como representante de la Comisión de Seguridad de Juveniles. Todo comenzó cuando le pidió a un niño (otros dicen que "lo zarandeó") que dejara de tirar piedras a la cancha, en la que, entre sus colegas, estaba su novia Anahí Fernández. Un grupo de hinchas comenzó a golpearlo en el piso mientras otros filmaban la escena. Audaf resolvió parar durante dos fechas con la esperanza de lograr un fallo ejemplificante, que sirva de ejemplo para reducir la violencia en las canchas, especialmente en las de categorías formativas, que desde hace cuatro años no cuentan con presencia policial. Varios árbitros consultados aseguran que aunque los partidos se disputan entre menores de edad y la hinchada está compuesta de familiares, el ambiente puede ser más peligroso que el de un clásico.

La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) los respaldó, suspendiendo las actividades de todas las divisiones juveniles de Platense hasta el 31 de diciembre de 2018 y fijándole al club una sanción económica que ronda los 507.000 pesos. También se resolvió poner policías en aquellos partidos que considere de alto riesgo.

Carlos Rocca, que además de arbitrar un promedio de cinco partidos por fin de semana en Juveniles dirige una micro empresa de transporte y estudia Ciencias Políticas, dice, con la contundencia de un juez dictando sentencia, que él no piensa en dejar el fútbol luego de este incidente.

—Nadie deja por esto. Al contrario, quiero seguir trabajando todavía más.

Rocca se levanta cada día a las 5 A.M. para ir al gimnasio. Luego trabaja. Luego estudia. Y luego vuelve a entrenar. Los fines de semana dirige todos los partidos que pueda para conseguir una buena puntuación y ascender a Primera. Su rutina no tiene descanso, pero así él es feliz.

Es que al árbitro, como al futbolista, lo que lo empuja a la cancha es la pasión. Y ahí sí, para quedarse, hacer carrera y llegar a arbitrar en Primera División hace falta tener paciencia para trepar de categoría, sostener una cadena de sacrificios personales y una rutina de controles que llevan a sus protagonistas a concluir que "ser árbitro no es tan fácil como se cree". Y que su trabajo se analiza al detalle por decenas de ojos expertos, muchos más de lo que cualquier persona ajena al ambiente podría imaginar.

Jorge Larrionda, uno de los jueces locales que logró mayor destaque internacional, y actual instructor de árbitros FIFA, explica que desde que se egresa del curso y se pisa por primera vez una cancha "hay un asesor que observa tu trabajo y lo puntúa". Esta es una garantía, dice, "que se ve muy poco en el mundo, no solo para los jueces sino también para los clubes, porque demuestra que es un ambiente muy competitivo".

El árbitro, además, es analizado en Juveniles por la Sub Comisión Técnica y, una vez que llega a Primera, por la Comisión Técnica. El cruce de ambas apreciaciones determina su puntaje anual. Cada seis meses un juez recibe una devolución de su desempeño y a fin de año, aquellos con mejores calificaciones pasarán a Primera; siempre y cuando haya cupo. Este proceso conlleva una espera que en promedio ronda los cinco años.

Si el árbitro resulta sancionado, no solo perjudica su puntaje sino que, además, en el caso de recibir una suspensión de fechas, no tendrá margen de partidos para levantar la nota.

—Y ahí empieza el proceso de aprender a convivir con el error —dice Larrionda.

—¿Cómo se llevó usted con sus errores?

—Convivía mal, pero me hacían bien.

—¿Cómo es eso?

—Yo no quería cometer errores, pero ese fue mi karma porque los errores siempre llegan. Todo en el arbitraje, al final de cuentas, es subjetivo. Pero hay gente que no entiende, que la ciega el fanatismo y se cree que definimos campeonatos. El árbitro debe convivir con el error, pero quien cada vez convive menos con el error del árbitro es el fútbol.

—¿Y qué hay que hacer entonces?

—Yo creo que el fútbol está necesitando una operación silencio. Acá todo el mundo habla, pero hay que callarse y empezar a resolver cómo mejorarnos.

Árbitros full time.

En un deporte que mueve millones, ¿hasta dónde puede crecer un árbitro? Entre los de Primera que logran un mayor puntaje, únicamente siete árbitros centrales y siete asistentes serán propuestos cada año a la FIFA. Sin embargo, a veces pasan años sin que haya cupos y por eso existe la creencia de que los mejores árbitros nunca llegan a dirigir en un encuentro internacional. El arbitraje, como el resto de las carreras vinculados al fútbol, es ingrato.

A punto de interrumpir esta charla para volver a su jornada laboral, Cunha dispara al centro del asunto:

—Con nosotros hay un debe, porque trabajamos como profesionales y le arbitramos a jugadores profesionales, pero no tenemos las condiciones de un profesional porque, para empezar, no podemos vivir del arbitraje.

En un fútbol cada vez más estilizado, el error arbitral quiere ser erradicado de la cancha de juego. Por eso la FIFA lleva algunas temporadas presionando para que los árbitros internacionales se dediquen en exclusiva al deporte y dejen sus otros trabajos. Quiere que Cunha, por ejemplo, abandone su puesto de repartidor de bebidas. Subió los sueldos, pero aun así se avanza de a poco: son pocos los que se animan a dejar sus trabajos para apostar a un puesto que un error puede hacer desaparecer y cuya edad de retiro es a los 45 años.

En la Liga Española un árbitro central cobra 3.700 euros por partido, más 10 mensualidades de 11.000 euros, más 53 euros diarios en dietas por cada partido arbitrado, más 12.000 euros por derechos de imagen, más 6.000 euros por cada partido dirigido en Europa y unos 12.000 euros en concepto de publicidad, que luego el colegiado reparte entre sus miembros.

En Uruguay, las mejoras en este rubro llegan con lentitud, pero llegan. Llegan, pero todavía no alcanzan. Hasta comienzos de los años 2000, para ejercer como juez era obligatorio presentar un recibo de sueldo como forma de demostrar que el fútbol no era su única fuente de ingresos. Planificando una profesionalización del rubro, el objetivo de Audaf es buscar la forma de limitar el multiempleo. Luego de años de reclamos a la AUF, en diciembre de 2016 el gremio logró que los árbitros centrales de Primera División y los internacionales comenzaran a cobrar un sueldo mensual por el valor de dos partidos arbitrados más un viático fijo correspondiente a gastos de traslado. A partir de 2018, la adición se incrementará a tres partidos. Cada encuentro se paga $ 17.885.

Sin embargo, en todas las otras categorías los árbitros aún cobran por partido y por un valor que varía de acuerdo a la división en la que brindan servicio. Es decir que un juez de Juveniles, como Carlos Rocca, en lo que respecta al fútbol es un jornalero.

Comprometido con mejorar la vida de lo suyos, Marcelo De León, el presidente del gremio, anunció que en las próximas semanas la asociación le exigirá a Tenfield el pago de los derechos de imagen de los árbitros, porque al final de cuentas ellos también son protagonistas del fútbol televisado.

En 2015, antes de que la AUF reaccionara a los reclamos de los árbitros, Darío Ubriaco quedó afuera de la Copa América debido a que no superó la prueba física. Sin un lugar adecuado para entrenar, los jueces estaban lejos de estar en forma. Corrían en una cancha con pozos que les generaba lesiones, o en el Parque Batlle, o en las correderas del Estadio Centenario: ninguna de estas alternativas eran las indicadas para entrenar a un deportista que debe correr 12 kilómetros por partido.

En el paquete de medidas que aprobó la AUF para profesionalizar a los árbitros, este problema se saldó a medias. Dos veces a la semana entrenan de forma obligatoria en el estadio José Nasazzi del club Bella Vista, pero la cancha no está disponible para sumar un tercer día, que sería lo ideal. Y como los árbitros deben mantener rutinas exigentes, eso los obliga a pagarse gimnasios para ejercitarse a diario, suplementos alimenticios y productos para mejorar el rendimiento. "Lo más caro es la vida deportiva", resume Andrés Pollero, árbitro asistente de Primera.

Entre las necesidades más mencionadas, los jueces quieren sumar un nutricionista al equipo y más médicos. Por el momento hay uno solo para atender a 170 árbitros, de los cuales aquellos que están en Juveniles se lesionan tres veces más que los de Primera.

Larrionda vuelve al ataque.

—El fútbol cambió. Los futbolistas son atletas súper profesionales y para estar preparados para ese nivel necesitamos dar el pasito hacia la excelencia —advierte.

Para este árbitro, ese paso tiene que ver con mejorar el conocimiento de las reglas y en trabajar los valores del deporte. Para otros, la solución viene de la mano de la tecnología con el Video Assistant Referee (VAR), un sistema que comenzó a utilizarse en los grandes eventos futbolísticos y podría terminar con los problemas de interpretación dentro de la cancha, aunque también implicaría modificar el espíritu del juego, que, irónicamente, concibe al error como parte de su magia. De León opina que en nuestro país aún es impensable aplicar este sistema, primero por un tema de costos y segundo por un tema cultural: "La hinchada pediría que se parara el partido cada cinco minutos porque en nuestro fútbol no hay jugada que no se preste a polémica".

“Estar en el arbitraje exige ganas, esto no es una changuita para sumar ingresos”

Ubriaco
Darío UbríacoEx árbitro y ex futbolista

El VAR exige que tres árbitros analicen desde una cabina las jugadas de gol, penales, fueras de juego, tarjetas y confusión de identidad de los jugadores. Si su colega en el campo de juego omite una infracción o se equivoca al fallar, estos mosqueteros le avisan. El año pasado, en Japón, a Andrés Cunha le tocó cumplir esta tarea. Cuenta que el estrés es tan grande que cuando le midieron las pulsaciones del corazón iban casi tan rápido como las del árbitro que corría en la cancha."Para nosotros las imágenes son terriblemente beneficiosas", dice Larrionda, con la certeza de que esa garantía también puede ser una condena. Es que los árbitros saben que ninguno de sus triunfos llega sin sufrimiento. Son como quijotes luchando con el insoportable deseo de no equivocarse jamás.

PEÑAROL

Creó una comisión para analizar los arbitrajes

Todos los lunes a las 18 horas, Sergio Perrone, Johan Olt, Marcos Beraza y Nicolás Díaz se reúnen en el Palacio Peñarol y vuelven a ver el último partido de los aurinegros. Con las imágenes como prueba, analizan si los principales fallos arbitrales fueron correctos o no. Entonces, estos hinchas y consejeros del club generan videos de 10 segundos con el fallo y los catalogan. Al día siguiente le entregan el material al Consejo Directivo.

Sergio Perrone, presidente de la Comisión de Arbitraje de Peñarol —primera y única en su especie —cuenta que él mismo fue árbitro en Juveniles y que por eso sabe que los errores en la cancha siempre van a existir, "el problema es que van a favorecer a unos y a los otros los van a perjudicar", opina.

La comisión se creó a mediados de 2016, luego de una serie de arbitrajes que, según él, "le trajeron mucho sufrimiento a Peñarol", por eso tomó la decisión de aplicar la ciencia y generar estadísticas. "Si me decís el nombre de un juez , yo aprieto un botón y te digo cómo arbitró a Peñarol", asegura. "Aunque los resultados nunca los hacemos públicos", subraya.

—¿Por qué es importante la función de la comisión?

—Porque hay árbitros que están más capacitados para arbitrar partidos de Peñarol y otros que lo están menos. Lo mismo pasa con los jugadores: algunos dan la talla y otros no.

—¿De qué depende?

—De jerarquía y experiencia.

—¿Y cómo vendría a ser un partido de Peñarol?

—Lo ve muchísima gente, tiene mucha hinchada y genera mucha presión porque Peñarol nunca puede perder. Y el que llega a arbitrar tiene que hacerlo con cierto condicionamiento en el sentido de que sabe que no puede cometer errores porque su trabajo tendrá muchísima repercusión mediática.

Aunque los clubes no pueden influir en la designación de los jueces (la regla es que un juez no puede arbitrar al mismo equipo hasta pasadas tres fechas), Perrone dice que los análisis de su comisión permiten estudiar los patrones de conducta de los árbitros, ir previendo la designación e intentar, mediante las pruebas que recaba, que si esa elección es inadecuada, "no suceda". El material también está a disposición de los abogados para utilizar cuando un jugador corre riesgo de ser sancionado. El siguiente paso al que aspira es capacitar de forma obligatoria a los jugadores acerca de las reglas del arbitraje y del perfil de cada juez.

Partido arreglado: ¿una sospecha infundada?

Opina el árbitro retirado Otello Roberto que los jueces "son 100% honestos, pero a veces están presionados totalmente por las condiciones. Yo creo que el perfil del buen árbitro debería ser un 75% de personalidad y un 25% de técnica, porque si vos técnicamente arbitrás bien pero disciplinariamente no, al final el partido se te quilombea".

Dice Daniel Jablonka, presidente de Defensor Sporting, que en su club hay "absoluta confianza en todos los jueces". Agrega: "Creemos que siempre arbitran bien, pueden a veces tener errores como los tienen los jugadores, los tenemos los dirigentes y cualquier persona".

Según Julio Trostchansky, candidato a la presidencia de Peñarol, "como en todas las actividades puede haber personas que se desvíen consciente o inconscientemente de la honorabilidad. Ha habido algunos ejemplos que pueden inducir a pensar que hay incentivos para que un juez cobre en un sentido. Por eso creo que la tecnología podría impartir una mejor justicia y terminar con cualquier suspicacia".

El presidente de Fénix, Álvaro Chijane, está convencido: "¿Arreglos en Uruguay? Es clarito: si usted mira para el costado va a ver que este fútbol está fundido, entonces, ¿qué arreglo puede haber en un partido? Yo creo en la honestidad de los jueces. ¿Si pueden equivocarse? ¡Hay que decidir en un segundo si es un penal o una mano! Todos acá, sentados atrás del mostrador y o desde una tribuna, podemos ver tranquilos la repetición de la jugada, pero yo no conozco ni a un juez que se haya enriquecido haciendo su trabajo".

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