Contradicciones

La doble cara de la vida sana

El Estado gasta US$ 5.175 millones al año en salud y por más que la prevención es el mejor ahorro, a veces la vida sana tiene su alto costo. Los repelentes pagarán 12% menos de IVA, pero los protectores solares, los preservativos y alimentos para celíacos siguen con la tasa del 22%.

"La Junasa no prevé cambiar política impositiva para ajustar a recomendaciones de vida sana".

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TOMER URWICZ27 feb 2016

El sol está bravísimo, use protector". María va al supermercado y paga 179 pesos por el protector de 70 gramos más barato que encuentra. "El dengue se está expandiendo, póngase repelente". Muy bien, María va al supermercado y busca el repelente más barato. Pero no hay. Así que va a la farmacia y compra el más barato que encuentra, que le sale 105 pesos. "Coma frutas y verduras". Muy bien, va a la feria y compra la lechuga más barata que encuentra a 50 pesos y los limones más baratos a $ 63 el kilo. La lista de compras continúa y también el desembolso de más y más dinero. Seguir al pie de la letra las recomendaciones de una vida saludable tiene sus costos.

La política impositiva no siempre maneja la lógica de la salud. Pasa con la marihuana que, aun para su uso recreativo, no paga IVA, Imesi (el tributo a los bienes suntuarios) e Imeba (venta de productos agropecuarios en su estado natural). Ocurre con la cerveza que, por más ley de tolerancia cero de alcohol, tiene un subsidio por usar envases retornables. Sucede con los preservativos, que tienen un IVA del 22% y no del 10%, al igual que los protectores solares y los alimentos modificados para celíacos, diabéticos e intolerantes a la lactosa.

Al Estado le sería más económico invertir en prevención que en enfermedad. De hecho, el país gasta en salud unos US$ 5.175 millones al año. Ese es un axioma indiscutible para los economistas. Pero "los tributos muchas veces manejan una razón de mercado y no de responsabilidad social", explica Félix Abadi, catedrático de Impuestos en Universidad ORT y socio del estudio Rueda, Abadi, Pereira.

La discusión se reavivó esta semana, cuando el Poder Ejecutivo decretó la baja del IVA de los repelentes del 22% al 10%. "La idea era alentar al cuidado y se lo situó en el mismo nivel que los medicamentos, los que pagan IVA mínimo", justificó Pablo Ferreri, subsecretario de la cartera.

La venta de repelentes se cuadriplicó este febrero y se suma a una tendencia al alza de este producto desde hace un lustro, a un ritmo del 10% anual, según fuentes del sector.

Más allá de la alta demanda, los precios de los repelentes estuvieron ajustados a la inflación. Esa actitud le dio "confianza" al Ministerio de Economía para no solicitar a las empresas "precios de referencia". El problema es que puede que haya algún pequeño vendedor que aumente el precio y que María no se termine beneficiando de la exoneración fiscal.

En el país funcionan 15 empresas proveedoras de repelentes y una de ellas acapara el 80% del mercado. Una situación similar se da con las pastas de dientes y los desodorantes, en los que también hay cierto monopolio. "En esos casos", dice Abadi, "el Estado puede motivar la competencia para que bajen los precios".

Los protectores solares, que hasta 2009 eran considerados productos de "lujo", no pagan Imesi. Su alto costo, dicen, es inherente al tipo de bien. Una forma de ahorrarse unos pesos es solicitar a su médico una receta. También para los preservativos corre esa "trampita" de las mutualistas. Los prestadores de salud dan gratis los profilácticos, al igual que el Ministerio de Salud.

"Hay otros productos cuya baja demanda imposibilitan una disminución de los precios", señala Abadi. Pero cabe preguntarse: cuando se trata de calidad de vida, ¿no vale la pena un subsidio?

Intolerantes.

Una de cada 100 personas es celíaca. Sin embargo, solo el 10% de esa población lo sabe. Los celíacos, aquellos que no pueden comer harina por su intolerancia al gluten, deben llevar una dieta estricta. Su mayor aliado suele ser un sellito con una espiga y una barra, que indica que pueden consumir ese producto. Pero el detalle tiene su precio.

La harina de trigo, esa que cuesta $ 38, la suelen sustituir por la harina de arroz a $ 74. La polenta pasa de $ 24 a una especial de $ 103. Y el almidón de maíz, de $ 53 a $ 162. También más del triple salen los panes de pancho, las pizzas y el pan rallado, por solo mencionar algunos alimentos.

Los productos aptos para el consumo de celíacos, más allá de las carnes o las frutas y verduras, suelen pagar el 22% de IVA. De ahí que sea prioridad de la Asociación de Celíacos "ver cómo mejorar los costos y conseguir un subsidio", dice Ana Bayce, su vicepresidenta.

Una situación similar viven los uruguayos con intolerancia a la lactosa que, según la estimación del gastroenterólogo Henry Cohen, son entre el 30 y 40 por ciento de la población.

Por más que están menos organizados, y que mayormente se contactan por el grupo de Facebook "Intolerancia a la Lactosa en Uruguay", también pretenden la baja de los precios y piden, también, que los productos "estén correctamente etiquetados", señala la representante Ana Laura Ramos.

La leche vegetal cuesta entre $ 134 y $ 217. No cuenta con exoneración del IVA, como sí la tiene la leche de vaca. Las cuatro unidades de postre de arroz les cuestan el doble que sin lactosa, y $ 20 más el jugo con leche de soja.

Los costos no terminan ahí. "Desde hace unos años", dice Ramos, "disponemos de unos comprimidos que ayudan a digerir la lactosa, y que se deben ingerir antes de consumir cualquier alimento que contenga la misma". Pero el medicamento se dejó de producir en Uruguay y lo deben importar de Argentina a un precio de $ 600 las 20 pastillas.

Las personas con diabetes también tienen que desembolsar más cantidad de dinero si quieren un sustituto a los productos con azúcar. Uruguay tiene un 8% de diabéticos y la "dificultad principal que afronta el país es la gran variedad de productos ultraprocesados", indica Bruno Carrattini, nutricionista de la Asociación de Diabéticos. Es que estos alimentos son "la principal" causa de la obesidad y la diabetes en el mundo. Suelen combinar azúcar con grasa y sal. Y muchas veces "sus precios son más baratos" que un alimento sano.

Con el fin de obtener una solución a los altos costos, el 14 de noviembre realizaron una petición ante el Parlamento.

Luis Gallo, uno de los diputados que recibió el reclamo, dijo que "se tiene en cuenta el pedido pero que aún no está en estudio ningún proyecto".

La Junta Nacional de Salud tampoco prevé solicitar una modificación de la política impositiva para ajustarla a las recomendaciones de una vida sana, asevera su presidente, Arturo Echevarría. Y tampoco "se piensa en un subsidio".

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