Larga sequía provoca problemas de suministro en San Pablo

La falta de agua afecta a la capital económica

Bendecido por el Amazonas y otros ríos poderosos, una diversidad de gigantescas represas y un octavo del agua dulce del mundo, Brasil es llamado a veces la "Arabia Saudita del agua", tan rico en el codiciado recurso que algunos lo asemejan con vivir sobre un mar de petróleo.

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"El cambio climático llegó para quedarse", indicó el gobernador Alckmin. Foto: Reuters.

Sin embargo, en la ciudad más grande y rica de Brasil, se está desarrollando una situación cobntradictoria: las canillas están empezando a secarse.

A medida que el sureste de Brasil lucha con la peor sequía en casi un siglo, el problema ha sido empeorado por los ríos contaminados, la deforestación y el crecimiento de la población, y por consiguiente el mayor sistema de embalses que da el suministrio a São Paulo está cerca de agotarse. Muchos residentes ya están soportando esporádicos cortes de agua, algunos incluso pasan varios días sin suministro. Los funcionarios señalan que podría necesitarse un racionamiento drástico, abasteciendo solo dos días por semana.

A puerta cerrada, las perspectivas son más sombrías. En una reunión grabada en secreto y filtrada a los medios informativos de la localidad, Paulo Massato, prominente funcionario en la empresa de servicio público del agua de San Pablo, dijo que podría ser necesario advertirles a los habitantes que huyan porque "no hay suficiente agua, no habrá agua para bañarse, ni para limpiar casas".

"Estamos presenciando una crisis del agua sin precedente en una de las grandes ciudades industriales del mundo", dijo Marussia Whately, especialista en el Instituto Socioambiental, un grupo ambientalista de Brasil. "Debido a la degradación ambiental y cobardía política, millones de personas en São Paulo ahora se preguntan cuándo se acabará el agua".

Fuego lento.

Para algunos, en esta mega ciudad de rascacielos futuristas, sofocada por el tránsito vehicular, comunidades protegidas por cercas y extensas barriadas, la crisis a fuego lento ya ha significado que, a veces, no hay agua corriente durante días.

"Imagine tres días sin nada de agua e intentar administrar un negocio con las medidas elementales de higiene", dijo María da Fátima Ribeiro, de 51 años de edad, quien es dueña de un bar en Parque Alexandra, barrio bravo en el extremo del área metropolitana de São Paulo. "Esto es Brasil, donde nuestros políticos tratan a los seres humanos peor que a perros".

Algunos habitantes han empezado a perforar sus propios pozos alrededor de hogares y edificios de apartamentos, o acumulan agua en baldes para lavar ropa o descargar la cisterna. Las escuelas están prohibiendo a los estudiantes el uso de agua para cepillarse los dientes, así como cambiando sus menús para el almuerzo a fin de servir sándwiches en vez de comidas en platos que necesitan lavarse.

Los funcionarios están prometiendo ambiciosas soluciones, como nuevos reservorios. Sin embargo, aún les falta mucho, y mucha gente en esta vasta región metropolitana de 20 millones de personas se siente aterrada por los pronósticos en el servicio brasileño de monitoreo de desastres, en el sentido que el principal sistema de embalses de São Paulo está en riesgo de secarse este año.

Los expertos dicen que los orígenes de la crisis van más allá de la reciente sequía para incluir una diversidad de factores conectados entre sí: el repunte del crecimiento poblacional de la ciudad en el siglo XX; un sistema con fugas crónicas que derrama vastas cantidades de agua antes de que pueda llegar a los hogares; notoria contaminación en los ríos Tiete y Pinheiros que atraviesan la ciudad (su olor puede causar náusea entre los transeúntes); y la destrucción de bosques circundantes y humedales que históricamente se han saturado de agua de lluvia, liberándola a presas.

Causas.

La deforestación en la cuenca del río Amazonas, a cientos de kilómetros de ahí, también se estaría sumando a la crisis del agua en Brasil. La tala del bosque tropical reduce su capacidad para liberar humedad al aire, disminuyendo la precipitación pluvial en el sureste de Brasil, de acuerdo con un reciente estudio de uno de los principales climatólogos.

Aunado a esto, algunos funcionarios destacan el calentamiento global.

"El cambio climático ha llegado para quedarse", dijo Geraldo Alckmin, el gobernador del estado de São Paulo. "Cuando llueve, llueve demasiado, y cuando hay sequía, es demasiado seco".

La crisis de São Paulo es particularmente aguda. Funcionarios en Sabesp, la empresa de servicio público controlada por el estado de São Pablo, han reconocido la reducción en la presión del agua en la red de distribución. Si bien eso redujo efectivamente la cantidad de agua que fluye a través del sistema, las autoridades han insistido con frecuencia que no es lo mismo el racionamiento, sembrando confusión e ira entre quienes son incapaces de obtener agua.

La compañía pública dice que está en pos de un gran proyecto para extraer agua de una cuenca ribereña en la cercanía y la construcción de nuevas presas, aunque no se prevé que algunos esfuerzos sean completados sino hasta bien entrado ya el año próximo.

"Es un sistema de agua que claramente no ha sido administrado bien", dijo Newsha Ajami, director de política urbana del agua en el Instituto Stanford Woods para el Ambiente, quien se reunió hace poco con autoridades del agua aquí. "Ellos están favoreciendo estos mega proyectos, que deberían ser la última solución", cuando deberían haberse tomado decisivas medidas varios meses atrás "para reducir el consumo y las fugas".

Se estima que más de 30 por ciento del agua tratada de la ciudad se pierde en fugas y despilfarro. En una declaración, la empresa de agua informó que estaba buscando reducir fugas. Ha estado ofreciendo descuentos para reducir el consumo, al tiempo que empieza a imponer fuertes multas este mes por alto consumo de agua.

El racionamiento directo —se cortaría el servicio enteramente durante ciertos periodos, no solo reduciéndolo—"sigue en discusión y estudio", informe Sabesp, la compañía de agua, luego que las lluvias en semanas recientes elevaran ligeramente los niveles de presas. Sin embargo, para gente que ya experimenta lo que describe como racionamiento de facto, la posición de facto ha sido desconcertante, en el mejor de los casos.

Especialistas en agua advierten que la crisis todavía podría estar en las etapas iniciales, lo que significa que la escasez en São Paulo —la capital económica de Brasil—, podría obstaculizar los esfuerzos para fortalecer la economía nacional que se ha enlentecido y lucha con precios bajos de las materias primas que exporta Brasil.

Renuencia a cuidar el consumo e indiferencia

"Si no están trayendo agua en camiones cisterna en grandes cantidades, eso quiere decir que aún no han llegado a la peor parte"", dijo Steven Solomon, el autor de Agua: La lucha épica por riqueza, poder y civilización, al comparar esta crisis con la situación en ciudades de India y Pakistán, donde los habitantes salen a buscar agua o la compran en el mercado ilegal.

La crisis tiene a algunos preguntando cómo la poderosa ciudad global de Brasil llegó a esta situación.

Ignacio de Loyola Brandão, que escribió en 1981 una novela en la que imaginó a São Paulo sufriendo escasez de agua, dijo que no le sorprende el problema y mencionó la renuencia de muchos hogares a limitar su consumo de agua y la indiferencia con la que mucha gente en Brasil aborda los escándalos y desastres naturales.

Llovió en días de Carnaval y la situación tuvo una mejora leve

Las lluvias de los últimos días, época en la que se celebra el carnaval brasileño, elevaron al 8,3 % el nivel del sistema Cantareira, el mayor embalse de São Paulo, gran afectado por la sequía del sureste brasileño y que volvió a su estado de comienzos de diciembre, reportaron hoy las autoridades.

La compañía de saneamiento básico del estado de São Paulo Sabesp indicó que el lunes el promedio de lluvias habitual para todo el mes de febrero, de 199,1 milímetros, fue superado y el reporte más reciente, de hoy, apunta ya un índice de precipitaciones de 228,4 milímetros.

El sudeste de Brasil, principalmente el estado de São Paulo, enfrenta su peor crisis hídrica desde 1930, lo que ha llevado a las autoridades a tomar medidas como la transposición de ríos, multas por el aumento de consumo, bonificaciones por el ahorro del mismo y un racionamiento mediante reducción de la presión del acueducto.

La situación también tiene en alerta a las autoridades y a la población ante la posible necesidad de implementar un racionamiento eléctrico, debido a que el país depende en su mayoría de una matriz energética por hidroeléctricas.

El sistema Cantareira abastece 6,5 millones de habitantes (un tercio de la población) en la región metropolitana de São Paulo y desde noviembre comenzó a operar con la segunda cota del llamado "volumen muerto", una reserva técnica del conjunto de represas.

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