EL CASO JULIO DE VIDO

Cayó De Vido y ahora las miradas apuntan a Cristina

Le quitaron los fueros y se entregó; “mándenle champagne a Carrió”, dijo

La Gendarmería fue a buscar a De Vido a su casa en el barrio de Palermo. Foto: AFP
La Gendarmería fue a buscar a De Vido a su casa en el barrio de Palermo. Foto: AFP

Julio De Vido, el otrora superministro que manejó multimillonarias obras públicas en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, está desde anoche en la cárcel. De Vido fue detenido unos minutos después de que la Cámara de Diputados le retirara sus fueros como legislador.

Dos jueces pidieron su detención, porque quien fuera un poderoso ministro no podía ser juzgado en libertad. Creen que todavía tiene la capacidad de obstruir las causas por las que fue llevado a juicio.

Minutos después de ser votado el desafuero, efectivos de la Gendarmería (la policía militarizada argentina) ingresaron a la vivienda de De Vido en el residencial barrio de Palermo, en Buenos Aires, para arrestarlo. Pero el exministro de Planificación, de 67 años y padre de cinco hijos, no estaba. En esos instantes se entregaba en el Palacio de Tribunales.

La Cámara Baja, de 257 bancas, le levantó los fueros por 176 votos a favor y una abstención. El bloque Frente para la Victoria (kirchnerista) no ingresó a sala durante el debate.

La expresidenta Cristina Kirchner, ahora senadora electa por la provincia de Buenos Aires, había declarado que no pone "las manos en el fuego por De Vido, ni por nadie", pero la caída de su exsuperministro es un nuevo golpe para ella. Sobre Cristina pesan varias denuncias por corrupción. Además, debe declarar hoy jueves en la investigación por encubrimiento del atentado contra la AMIA en 1994.

De Vido pasó el último fin de semana en su chacra de las afueras de Buenos Aires rodeado de su familia, abogados y sus palomas mensajeras de las que es aficionado. Ni siquiera fue a votar en las legislativas.

Una de sus más vehementes enemigas es la diputada oficialista Elisa Carrió. Ayer cuando fue detenido, De Vido se acordó de ella: "Mándenle champagne a la doctora Carrió", señaló.

Durante el debate en la Cámara Baja, la diputada opositora Graciela Camaño dijo que sería un "escándalo jurídico" no poner a De Vido "a disposición de la Justicia para que rinda cuentas y se defienda".

"La búsqueda de impunidad a través del refugio que algunos intentan tener en una banca es un artilugio absolutamente incompatible con el sentido del diseño institucional que nosotros pretendemos para nuestro país", dijo por su parte Margarita Stolbizer, también opositora.

El desafuero de De Vido había sido solicitado por el juez Luis Rodríguez, quien investiga un desvío de 1.500 millones de dólares en un proyecto minero en Río Turbio, en Santa Cruz, que nunca se llevó a cabo, y por el juez Claudio Bonadio, que lleva adelante una causa por el presunto pago de sobreprecios en la compra de gas licuado.

"Se imputa al diputado De Vido ser el pergeñador de la más compleja y efectiva trama de corrupción que se haya visto alguna vez en Argentina. Esto lo dicen los jueces", aseveró el diputado oficialista Pablo Tonelli.

De Vido afronta además un juicio por un choque de tren en Buenos Aires que dejó 51 muertos en 2012, conocido como la "tragedia de Once".

"Era el ministro de la corrupción, el número dos en la escala de una estructura mafiosa liderada por la expresidenta Kirchner y su marido en la primera Administración", aseveró ayer miércoles la titular de la Oficina Anticorrupción de Argentina, Laura Alonso.

Cerco a Cristina.

En tanto, la Cámara Criminal y Correccional Federal de Buenos Aires pidió ayer a un juez que resuelva, "sin más demoras" si corresponde citar a declarar como investigada a Cristina Kirchner, entre otros delitos, por lavado de dinero.

Según informaron fuentes jurídicas, ese alto tribunal se refirió a la investigación dirigida por el magistrado Sebastián Casanello, que mantiene detenido, desde hace un año y medio, al empresario Lázaro Báez.

En abril de 2016 el fiscal Guillermo Marijuan pidió investigar también a Cristina en el marco del mismo expediente, pero, hasta el momento, el juez no había avanzado en esa línea.

La Cámara Federal confirmó ayer los procesamientos de 20 imputados, entre ellos el de Lázaro Báez y sus hijos Martín, Leandro, Luciana y Melina Báez, del empresario Leonardo Fariña y el financiero Federico Elaskar por el delito de lavado de activos. La resolución judicial asegura que se probó que montaron una estructura de sociedades y cuentas bancarias en el exterior que permitieron el blanqueo de por lo menos unos 60 millones de dólares.

La cárcel y sus compañeros.

Julio De Vido será alojado en el Complejo Penitenciario Federal I, conocido como la cárcel de Ezeiza, el penal más grande de Argentina. Habilitado en 1999, tiene capacidad para 2.226 presos y tiene hoy 2.069. La mayoría de los internos están detenidos por infracción a la ley de drogas, delitos contra la propiedad y contra las personas.

El penal cuenta con seis módulos, una unidad de ingreso y el Hospital Penitenciario Central. Cada módulo se divide en pabellones, que cuentan con celdas individuales y un sector común. En 2013 fue el escenario de la cinematográfica fuga de 13 presos, que escaparon a través de un largo boquete dentro de una celda, luego de romper cuatro cercos perimetrales. Tras este hecho, se reformó la seguridad.

En el módulo 6, donde sería alojado De Vido, están algunos de los protagonistas de los casos más sonados de corrupción en Argentina de los últimos tiempos. José López, el exsecretario de Obras Públicas, detenido cuando intentaba ocultar 8 millones de dólares en un convento; Lázaro Báez, el empresario detenido el 5 de abril de 2016 en el aeropuerto de San Fernando por presunto lavado de dinero en el marco de la causa que investiga la ruta del dinero K; Ricardo Jaime, el ex funcionario kirchnerista detenido el 2 de abril de 2016 en el marco de la causa que investiga la compra de trenes usados a España y Portugal; y Daniel Pérez Gadin, el contador de Lázaro Báez, también detenido en el marco de la causa que investiga la ruta del dinero K. (La Nación)

PERFIL

El más obediente del entorno kirchnerista.

Hizo historia. Julio Miguel De Vido, aquel arquitecto porteño que se crió políticamente en Santa Cruz, quedará en los libros que repasen los nuevos tiempos.

Fue, quizá, el empleado más obediente que tuvo Néstor Kirchner. "Obediencia De Vido", se ufanaba él mismo del rol que asumió siempre bajo el ala protectora de su jefe. Manejó gran parte del dinero y el futuro del país, y estuvo presente en cada minuto de todos los argentinos durante 12 años.

"Hablen con Julio" fue la frase que escucharon con pasmosa mansedumbre los principales empresarios argentinos durante una década. Funcionaba como una contraseña que los habilitaba a depurar detalles con el poderoso ministro de Planificación Federal.

Conjugó unos pocos verbos en la política. El principal, obedecer. Ya era funcionario importante en Santa Cruz cuando Kirchner lo mandaba en las reuniones políticas a comprarle cigarrillos. De Vido hacía los mandados. Obedeció y ejecutó cada uno de los pedidos del matrimonio Kirchner.

La electricidad, el gas, el teléfono fijo y el celular; las rutas y los peajes; los colectivos, trenes, aviones y camiones. Todo dependió de De Vido. Las viviendas sociales, el agua y las cloacas. La obra pública fue su reino.

Hizo de todo. Ganó experiencia aérea con Lafsa (que nunca tuvo aviones y jamás voló) y estatizó Aerolíneas. Ensayó con Enarsa, la petrolera estatal tan oscura como un barril de crudo, y terminó por negociar la compra del Grupo Petersen de parte de YPF. Años más tarde, obedeció a Cristina, su nueva jefa, y estatizó la compañía.

Compró gas importado hasta ocho veces más caro que el que producían los pozos argentinos y cortó el suministro de combustible a Chile ni bien asumió. Negoció con Bolivia y pagó miles de millones de dólares a barcos que iban y venían con gas licuado. Fue el hacedor de la relación con Venezuela. Creó la embajada paralela y llenó de discrecionalidad la agenda comercial bilateral.

Se rodeó de fieles colaboradores a quienes les inculcó el verbo que lo hizo crecer: la obediencia. Los hombres del ministro se cansaron de expoliar empresarios, periodistas, sindicalistas y toda persona que entorpeciera la orden del ministro.

Desde sus oficinas se instaló la mentira como método de comunicar y la venganza como sistema para encolumnar a los díscolos.

Hablen con Julio se escuchó mientras duró aquel poder, que sólo empezó a ceder con el ascenso de La Cámpora. Los tiempos cambiaron. LA NACIÓN, GDA

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