ODISEA MIGRATORIA

Organización contiene a cientos de venezolanos

“Manos Veneguayas” colabora hasta en la búsqueda de empleo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Hay hambre, conozco gente que en cuatro meses perdió 40 kilos". Foto: AFP

Alicia Pantoja tiene en su muñeca derecha dos pulseras. Una tiene la bandera de Uruguay y la otra la de Venezuela. Casada con un uruguayo, vino al país en 2014 porque la empresa venezolana de equipos médicos en la que trabajaba cada vez tenía más problemas por no poder acceder a dólares para importar. Desde ese año Pantoja no volvió a Caracas y al barrio de Catia en el que vivía. Se hizo amiga de Vanessa Sarmiento, otra venezolana casada con un uruguayo que vive en Montevideo hace más de una década, y que durante años casi no encontraba compatriotas con los que socializar. Angustiadísimas por la crisis que atraviesa su país y acompañadas por otras dos amigas, decidieron crear en 2015 "Manos Veneguayas", una organización con la que quieren ayudar a sus coterráneos que llegan.

En un local prestado por el Centro de Estudios Cívicos, en Maldonado 1859, casi Emilio Frugoni, hace unos días organizaron una colecta de ropa de abrigo con la que ayudaron a 400 personas. Colaboraron para que más de 100 venezolanos consiguieran empleo y tienen 300 currículums que facilitan a posibles empleadores. Y están enviando medicamentos y haciendo una especie de "censo" (los formularios están en la página de Facebook de la organización y se pueden pedir a [email protected]) para así poder determinar cuáles son las necesidades de los venezolanos que están llegando a Uruguay en lo que a esta altura ya es casi una oleada. También lanzaron los "Clasificados veneguayos" en Facebook. A la sede de la calle Maldonado se acercan también voluntarios.

"En Venezuela hay hambre. Conozco gente de mi entera confianza que en tres o cuatro meses bajó 40 kilos. Pasó de comer tres veces por día a comer una vez al día. Y a comer lo que se consiga. No hay carbohidratos, no hay carne. Se mueren de hambre, se mueren de enfermedad, por la inseguridad. No puede ser que un niño salga a la calle con un par de zapatos y lo dejen sin zapatos y se tenga que volver a su casa descalzo. O que no pueda ir al colegio porque no desayunó", dice Pantoja y se le humedecen los ojos. "No es justo que la ayuda humanitaria a mi país no esté llegando por culpa de un pequeño grupo que la tiene secuestrada. Y eso el pueblo uruguayo y el mundo lo tienen que saber. Lo que está viviendo mi país ahorita no es cuento. No es que no nos gusta fulano y tenemos que sacarlo. Es que mi país está sufriendo", enfatiza con mucha vehemencia.

La situación de desabastecimiento grave que hasta 2014 afectaba fundamentalmente al interior de Venezuela, comenzó a llegar a las principales ciudades. "Ahora tienes que rogarle al partido de gobierno una oportunidad para poder comer. Éramos el país más rico del mundo. Hay mucha gente que piensa que los que nos fuimos somos desertores, traidores, y resulta que los que estamos afuera sufrimos más que los que están allá. Ver su vulnerabilidad es muy doloroso. Yo tengo allá a mi papá, a mi hijo, a mi hermana, a mis sobrinos, que me dicen tía, no te preocupes que lo vamos llevando. Es un dolor en el alma que tú tienes todo el tiempo", asegura.

Uruguay espera en 2017 la llegada de 2.340 inmigrantes venezolanos, según ha informado el subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, José Luis Cancela. Recientemente han comenzado a llegar vía ómnibus, pasando por lo que es una verdadera odisea, contó Sarmiento. Dejan Venezuela en la localidad amazónica de Santa Elena de Uairén, en el estado Bolívar, desde donde van a Manaos, en Brasil. El viaje les lleva una semana. "Es que la gente no tiene para comer y un bus sale US$ 30 dólares y un ticket de avión US$ 800", dice Sarmiento.

La mayoría de quienes vienen son profesionales. Muchos tienen dificultades para conseguir trabajo en sus áreas de especialización, aunque sí lograron un empleo casi todos los especialistas en software, los radiólogos, las enfermeras, los fisioterapeutas, algunos médicos y algunos ingenieros, contó Sarmiento. Muchos trabajan como taximetristas, chefs, mozos, en empresas de seguridad, como conductores de Uber, en el comercio, la hotelería y en restaurantes, dice.

Las dificultades no faltan. "Muchísimos" venezolanos viven en pensiones montevideanas con malas condiciones de higiene, asegura Pantoja. Es que para alquilar tienen que hacer depósitos que les resultan inaccesibles. Algunos se juntan para sumar ingresos y comparten apartamentos. Por otro lado, el rápido ingreso de los niños en las escuelas y liceos públicos es un aspecto que facilita la integración, destaca. De todas formas, aseguran que hay muchos venezolanos en Uruguay en situación de mucha vulnerabilidad.

Consejos prácticos.

Pantoja cuenta risueña que a los venezolanos que llega les explica que en el invierno uruguayo no alcanzan dos capas de ropa. "No se puede vivir sin calientacamas que es el mejor aliado del venezolano. No se puede salir sin abrigarse. La calefacción es cara", dice. Por eso "Manos Veneguayas" organizará otra jornada de recolección de abrigo el viernes 19 de mayo de 16 a 18. Muchos venezolanos que ya tienen algún duro invierno uruguayo encima se acercaron a entregar ropa. "Hubo gente que vino de Atlántida específicamente a hacer donaciones y eso es lindo", comenta Pantoja.

La idea de Pantoja y Sarmiento es ir creando un centro de referencia en el que orientar a sus compatriotas en asuntos básicos, como a dónde dirigirse para hacer trámites. O dar un poco de compañía y ayuda a los que llegan ofreciéndoles un café, alimentos no perecederos o ropa. Ya planean organizar un festival gastronómico venezolano.

Las dos mujeres reconocen que el actual gobierno uruguayo tiene una actitud más "contundente" frente al venezolano que el anterior. Aún así entiende Sarmiento que "es increíble que todavía se discutan cosas tan elementales como si se están violando los derechos humanos porque es algo indiscutible la violación diaria que tenemos en Venezuela". "El rechazo al gobierno actual es del 80%. Ya no estamos hablando de izquierdas o de derechas. Es un problema ya de superviviencia", cree Sarmiento.

Pantoja vive en Pando y dice que "me causa mucha gracia que la gente se queje de la inseguridad, porque llego el bus a las once de la noche y no hay un alma y no me pasa nada". En Venezuela, según Sarmiento, "te da miedo subir a un bus, entrar a un cajero automático es jugarte la vida, es una lotería y todo el mundo tiene un número en la mano". Hay secuestros "exprés" y una especie de toque de queda que la población se autoimpuso, asegura.

Cuando la charla termina, las mujeres vuelven a escribir sobre las muchísimas cajas de cartón, "zapatos", "ropa de hombre", "juguetes".

Aseguran que se falsifican documentos para trabar salidas

Alicia Pantoja y Vanessa Sarmiento aseguran que el gobierno venezolano traba la emigración dificultando los trámites deliberadamente. "Las apostillas que deberían validar los documentos vienen falsificadas. Las falsifican funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano. Hay un mafia. Y eso hace que el trámite de residencia en Uruguay se retrase.

La Cancillería uruguaya ahora se muestra bastante flexible. Da una cédula transitoria y pide que se vuelvan a tramitar los documentos, "pero eso implica otra vez tratar de conseguir un gestor en Venezuela", dice Sarmiento. Los documentos deben tener un código internacional que debe poder ser leído en todos los países que suscribieron el Convenio de la Apostilla de La Haya. En Uruguay "ingresan el código y no corresponde al documento", explica.

A los venezolanos sin cédula se les hace difícil acceder a un crédito. Para adquirir un bien necesitan tener residencia legal. La residencia en trámite les permite sí conseguir un trabajo. Los venezolanos deben esperar aproximadamente un año para lograr una cita en la Cancillería uruguaya para tramitar su residencia. Son el segundo grupo cuantitativamente en lo que refiere a solicitudes. A ellos correspondió en 2016 el 24% de los pedidos. Solamente fueron superados por los argentinos y se colocaron por encima de los brasileños.

Muchos venezolanos se han instalado en Pocitos y Punta Carretas.

Arepas, "chévere" y "ahorita" por todos lados.

Ya es muy frecuente escuchar el acento venezolano en Montevideo y frases llenas de "chévere" y "ahorita". En un restaurante en la calle San José y en muchas ferias barriales se pueden conseguir las tradicionales "arepas", un alimento de origen indígena que se elabora con harina de maíz y que se puede rellenar de las más diversas maneras (con carne, con queso y un largo etcétera). Son la base de los desayunos venezolanos.

En Uruguay hay páginas web como venezolanosenuruguay.com.uy que buscan facilitar la inserción de los venezolanos. Estos, así como los argentinos y brasileños, tienen derecho a solicitar la residencia permanente en el país solo con su partida de nacimiento y su registro de antecedentes penales. El diputado blanco Jaime Trobo ha pedido agilitar los trámites a los venezolanos que llegan.

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