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Una joya con nombre de abuela

Un ciudadano estadounidense se detuvo junto a su hijo y dirigiéndose a su interlocutor, que se hallaba parado en la cubierta, preguntó admirando el velero.

Velero del siglo XIX con tecnología del siglo XXI. Foto: R.Figueredo.
Velero del siglo XIX con tecnología del siglo XXI. Foto: R.Figueredo.
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Foto: R.Figueredo.

—¿Dónde fue construido? ¿En Estados Unidos?

La respuesta fue escueta: "No. Acá nomás. En el Puerto de Montevideo".

El diálogo tuvo lugar días atrás en el Puerto de Punta del Este. El visitante se retiró asombrado y medio aturdido. No pensaba que en Uruguay se fabricaran barcos de ese porte y calidad.

El que respondió fue el armador Juan Carlos López Mena a bordo de la última joya de su flota: la goleta Doña Francisca, bautizada con ese nombre en homenaje a su abuela materna.

Es el producto más refinado jamás fabricado antes en la historia del país. En su construcción se emplearon sofisticados materiales, como la fibra de carbono, un componente declarado "estratégico" por el gobierno de los Estados Unidos. También se usaron las maderas más nobles, como la teka y el nogal. Su electrónica es la mejor del mundo. Pero lo más importante, resalta su dueño, es que fue construido en el país por trabajadores uruguayos.

Doña Francisca, en estos días esta amarrada en un muelle de Punta del Este y es la estrella del puerto.

"Hace diez años vendí el último velero que tenía para juntar un poco de dinero y construir este. Hablé con el arquitecto Javier Soto Acebal para empezar a definir este proyecto y a tirar números. Cuando logramos la silueta del barco nos dio 33 metros de eslora. Le dije: ¡Hacelo un poquito más grande porque va a ser el último de mi vida!. Ahora llegamos a esta eslora (52 metros) que me parece un poco demás para uno solo", explicó López Mena.

La goleta, la más grande de su tipo en el continente, comenzó a construirse hace cuatro años y tres meses, recordó su propietario.

La embarcación es la síntesis de la mejor arquitectura naval que combina la excelencia marinera con una perfección absoluta en materia de comodidades para el propietario y sus marineros.

El camarote del propietario, a popa, tiene 36 metros cuadrados. La goleta cuenta además con suites para sus invitados y dos para los tripulantes. El empleo de modernos elementos le permite a la embarcación ahorrar peso.

Las jarcias de fibra de carbono permiten ahorrar una tonelada y media de peso en comparación con las elaboradas en base a materiales más convencionales.

Para la construcción del casco debió obtener una autorización del gobierno de Estados Unidos para la compra de fibra de carbono. "En Estados Unidos me conocen muy bien. Saben quién soy. Saben todo", dijo López Mena.

Entre mayo y junio Doña Francisca largará cabos y pondrá proa a Mónaco, donde En será exhibido como uno de los veleros más sofisticados del mundo. López Mena prefirió no revelar el precio, pero seguro alcanza varias decenas de millones de dólares.

"Prefiero ser pobre"

El amor de López Mena por la navegación a vela comenzó cuando tenía 5 años y su abuelo materno le regaló un velero de pequeñas dimensiones.

—Cuesta creer que esto se haya fabricado en nuestro país.

—El otro día, un señor con un nenito de 10 años me dijo: "¿Puede explicarle a mi hijo cómo usted empezó de abajo?". Entonces le conté la historia. Se juntó una gran cantidad de personas para escucharme. En síntesis, dije que es la pasión la que mueve montañas. Si tenés pasión podés hacer todo lo que te propongas. Eso es lo bueno del sistema liberal.

—¿Por qué?

—Uno puede elegir ser fotógrafo, periodista, empresario o lo que se te antoje. Podés elegir ser pobre. O ser rico. Yo, antes de ser rico, prefiero ser pobre. No porque adore la pobreza. El dinero es una herramienta para hacer cosas, no para acumularlo y morirse rico.

—Hay muchas personas que piensan solo en el dinero.

—Tengo muchos amigos que son así. También justifico a quien quiere vivir bien, al que trabaja mucho para lograr una mejor vida.

—¿Va a dar la vuelta al mundo? ¿Piensa quedarse con el barco?

—Si saco la lotería me lo quedo. Pero como no compro números, es difícil.

—Este barco es un ejemplo de que en Uruguay se pueden hacer cosas sofisticadas.

—Si hemos hecho este barco con toda la tecnología de punta que tiene, en Uruguay podemos hacer cualquier otro barco. Incluso una fragata misilística. Hago un acuerdo con Estados Unidos para comprarle los misiles y le armo una fragata para la Armada uruguaya. Y más barata que esas francesas.

Velero del siglo XIX con tecnología del siglo XXI

"Doña Francisca" mide 52,55 metros de eslora, 8,60 de manga y tiene dos mástiles de cincuenta metros de alto. La superficie del velamen llega a 1.100 metros cuadrados. Diseñado por el arquitecto Javier Soto Acebal, la construcción se realizó en el astillero de Buquebus con mano de obra uruguaya que fue instruida por ingenieros y técnicos neozelandeses, italianos y argentinos en la construcción de barcos en fibra de carbono, un material liviano y de alta resistencia. Es un velero especial por ser autosuficiente: posee potabilizadores de agua, lo que le permite pasar meses en alta mar sin necesidad de tocar puerto. Puede almacenar más de 5.000 litros de agua fresca y el tanque de combustible tiene capacidad para 15.940 litros. "Parece un barco de 1890 pero con la tecnología moderna", dijo el armador.

Mujica y el retrato de anchorena

López Mena contó que un día el presidente José Mujica lo invitó a almorazar a la estancia de Anchorena, en Colonia. "Me preguntó si conocía quién era el señor de una fotografía que estaba en la entrada. "Si lo conozco. Es Aarón de Anchorena, el argentino que donó la estancia. Es una persona que admiro", le contesté. "Sí, usted es medio fino como él", bromeó Mujica. Le pregunté: "¿A qué le llama fino? ¿Al que le gusta hacer cosas?". Mujica contestó: "Usted tiene autos, cosas". "Mire presidente, yo a usted lo admiro mucho, pero si todos fuéramos como usted, ¿quién construiría las cosas? Sería muy complicado", dije. Y Mujica respondió: "Tiene razón, tiene que haber de todo".

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