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La fauna que pende de un hilo

Denuncian falta de políticas estatales para proteger animales en peligro de extinción.

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El jaguar, el felino más grande de América, está extinguido en Uruguay. No hay dudas acerca de eso en tanto desde el inicio del siglo XX no hubo registros. También se sabe que desaparecieron por completo el pecarí de collar o chancho rosillo, y el oso hormiguero grande.

Pero en el reino de los mamíferos hay otras especies que solo pueden considerarse "presumiblemente extintas", como el ciervo de los pantanos (el mayor de los cérvidos de América del Sur) y el lobo grande de río, que llegó a ser ubicado históricamente en Artigas, Cerro Largo, Salto, Rocha y Tacuarembó. "Hay algunos registros visuales recientes pero nuestro país no tiene un sistema de investigación que le permita decir si algunas especies están o no", dijo a El País el zoólogo Enrique González, quien está al frente de la sección Mamíferos del Museo de Historia Natural.

Justamente en estos días González terminó de escribir sobre el hallazgo de restos de un tatú carreta en Cerro Largo. "Es la primera cita científica documentada de la especie en el país pero correspondería a un pedazo de cuero que guardaban unas personas de la primera mitad del siglo XX. Vamos a comunicar que se registra su presencia aunque lo vamos a dar como presumiblemente extinguido" explicó González.

En Uruguay, en realidad, no existe ningún investigador que esté saliendo al campo a rele-var ese tipo de animal, conocido también como armadillo. Quien decidiera hacerlo debería primero ubicar a un baqueano, y con un perro tatucero caminar unos cuantos kilómetros por la noche, y hacer entrevistas con estancieros y peones para conocer si vieron a algún tatú de ese tipo, o si tienen cueros.

Alerta roja.

Entre las especies de mamíferos en extremo peligro de extinción figuran por ejemplo desde el puma y el aguará guazú o lobo de crin hasta el venado de campo y el tucu tucu, un roedor que solamente habita en las costas de Uruguay.

Sobre este último, González cuenta que si bien es abundante en algunas localidades, tiene su área de distribución extremadamente fragmentada por la urbanización costera y la construcción de infraestructura, algo que impide la comunicación genética entre sus poblaciones. Al ser propio de una franja costera es proclive además a tener problemas si subiera el mar por efecto del calentamiento global.

En cuanto al puma, las mayores presiones que sufre es el acorralamiento de los perros (que los lleva a treparse a los árboles y quedar inermes) y la caza practicada por lugareños.

También sucede que si el puma es sorprendido comiendo lanares, por ejemplo, se lo persigue y se lo mata debido a los perjuicios económicos que está causando. González acaba de enviar un capítulo para un libro internacional titulado "Conflictos entre félidos y humanos en América Latina", en donde advierte acerca de la ausencia de una política estatal en Uruguay para proteger animales como el puma.

González enfatiza que no hay jurisprudencia ni una cultura nacional de respeto a los animales o por lo menos a la ley de fauna; al contrario, no se valora a esta, lo cual queda de manifiesto cada vez que pasa otra Semana Santa y no reciben ninguna sanción aquellos que mataron especies en vías de extinción, aun cuando sean depredadores o inofensivos como el venado de campo, declarado Monumento Natural del Uruguay en 1985, que solo estaría sobreviviendo en campos privados de Salto y Rocha, y ahora en Tacuarembó.

Para el especialista, en pro de su conservación el Estado nunca hizo nada, salvo que se cuenten los esfuerzos de investigadores, como la doctora Susana González en el Instituto Clemente Estable. Si bien existe una ley y una oficina de fauna que tiene inspectores, no llegó todavía a implementarse un plan de monitoreo de las especies en peligro de extinción.

El drama de ser chorlo cabezón en Uruguay.

"Lista Roja de las Aves del Uruguay" es el título de un libro de investigación de Adrián Azpiroz, Matilde Alfaro y Sebastián Jiménez. En esta primera evaluación del estado de conservación de la avifauna nacional (con base en los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), se advierte que hay 45 especies amenazadas y 28 casi amenazadas.

Entre las amenazadas, dos de ellas se encuentran en peligro crítico, el gaviotín real y la tijereta de las pajas. Doce están en situación de peligro, desde el pato criollo, el albatros real del norte, el pico amarillo y el errante hasta el chorlo cabezón o el cardenal amarillo.

Entre las especies vulnerables, que suman 31, se menciona por ejemplo a la perdiz de monte, el flamenco austral, el pingüino penacho, la águila mora, la urraca azul y el capuchino castaño.

En relación a las especies extintas a nivel regional están mencionados el playero polar y el guacamayo azul.

Para los investigadores, la lista roja podría ayudar, entre más, a la formulación de políticas nacionales que promuevan la conjugación de la actividad productiva con la conservación de la vida silvestre.

A modo de conclusión se sostiene que es necesaria más investigación para evaluar la magnitud del impacto de las amenazas en las distintas especies. En la actualidad aún existen interrogantes en cuanto a "los efectos reales sobre las poblaciones de aves de actividades como la caza (legal e ilegal) especialmente de patos y pájaros de jaula, la modificación de humedales y pastizales, la tala indiscriminada de ciertos tipos de bosques nativos y la captura incidental de aves marinas asociada a la actividad pesquera".

Para reflejar de forma lo más precisa posible el estado de conservación de las aves debería mantenerse un monitoreo y actualizaciones cada cuatro años.

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