TRABAJAR CON LOS MUERTOS

Embellecer a los difuntos: el singular oficio de una uruguaya

Selene Gutiérrez cuenta su experiencia; ya ha maquillado a diezfallecidos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Antes de comenzar a maquillar Selene se coloca los guantes, un tapabocas y la túnica. Foto: El País

Tanatoestética es el nombre de un oficio que, pese a su aparente truculencia, procura un fin noble: preparar el cuerpo de un difunto para que preserve su mejor apariencia, aplicando técnicas de maquillaje y conservación.

Esta tradición se remonta a la época de los antiguos egipcios, y en las últimas décadas se ha vuelto a valorizar en varios países de Europa y América.

En Uruguay, la profesión es poco conocida. Prueba de ello es que existen solo dos maquilladores de cadáveres en todo el país.

Selene Gutiérrez es una de ellas. Se dedicó toda su vida al maquillaje social, pero la tanatoestética siempre la atrajo. Como en Uruguay no había cursos específicos, decidió irse a estudiar a Buenos Aires, donde estuvo capacitándose durante varios meses.

A su regreso, lo primero que hizo fue recorrer las casas funerarias con un folleto donde explicaba en qué consistía su trabajo. Todas le contestaban lo mismo: que en Uruguay no había mercado para esa actividad ya que las familias preferían velar a sus seres queridos a cajón cerrado. A pesar de ello, siguió con la idea de desarrollar esa técnica localmente. Desde que volvió al país, hace dos meses, ya ha maquillado a 10 personas fallecidas.

Sobrellevar el duelo.

"Lo que se busca con esto es mejorar la apariencia física del fallecido; ayudar a sobrellevar el duelo, que el recuerdo y el encuentro de los familiares con ese ser querido sea lo más agradable posible, y que la última imagen no resulte traumática", explicó Selene a El País.

El proceso, que suele durar entre una y dos horas —dependiendo de la causa de muerte— comienza siempre por la desinfección del cuerpo con químicos. Preparar al difunto para su exhibición en público.

Los pasos siguientes —el maquillaje y el peinado— dependen de la decisión de los familiares, como también la vestimenta que va a llevar.

"Hay algunos que te piden, sobre todo si se trata de una mujer, que esté bien maquillada como si fuera para una fiesta. Otras familias, en cambio, te dicen algo sencillo, que la persona luzca como era en vida. En cuanto a la ropa, nosotros les sugerimos que sean prendas que les queden bien y cubran lo máximo que puedan del cuerpo", comentó Selene.

En caso de que la muerte se haya producido por un accidente de tránsito y se requiera mucha reconstrucción, antes de comenzar su trabajo Selene le solicita a la familia una foto del difunto, para ser lo más fiel posible a su imagen en vida.

Para tapar las cicatrices o marcas utiliza cera "que queda como una segunda piel", además del maquillaje. La especialista también realiza masajes en el rostro para ablandar los músculos y restaurar las facciones.

"La idea es que queden como estaban en su mejor momento en vida. Y que en el transcurso del velatorio a cajón abierto la gente lo pueda ver, le pueda tocar la mano y se pueda despedir de la persona con un beso", dice.

Todo el trabajo se desarrolla en las camillas de que disponen las funerarias, donde los funcionarios se encargan de colocar el cuerpo en el cajón. "Una vez que está ahí se hace pasar a la familia para que lo vea y diga si le cambiaría o agregaría algo".

Foto: El País
Foto: El País

Cuidados.

Una vez que termina su trabajo, comienza la tarea de desinfección tanto de su cuerpo como de los elementos que utilizó para maquillar. Su maletín queda fuera de su casa luego de haber sido limpiado y no lo abre a menos que esté en su lugar de trabajo.

"Tampoco puedo llegar a casa y abrazar a mis hijos, sino que primero debo lavar bien la ropa y la cara para evitar la transmisión de posibles enfermedades", dice.

Los elementos descartables los tira, pero la túnica y la ropa que utiliza las deja reposando en jabón desinfectante por dos horas y luego las pone en el lavarropas.

"Siempre se pide, por las dudas, el acta de defunción de la persona para saber cuál fue la causa de la muerte, porque si la persona tenía alguna enfermedad tenemos que tomar mayores precauciones", anota.

El costo —que incluye el trabajo y los materiales— parte de una tarifa de $ 1.500, pero puede variar, según explica.

"No me gusta abrumar con el precio a una familia que ya de por sí está pasando por un momento difícil, así que si veo que no tenían previsto este gasto adicional —como ocurre en algunos casos—, lo manejo distinto, les cobro un poco menos", afirma.

"Al principio fue complicado, sobre todo el primer contacto".

Según cuenta Selene Gutiérrez, la primera vez que tuvo que maquillar a un muerto fue "complicado", sobre todo en el primer contacto. "Pero luego vas creando una especie de empatía y te va resultando cada vez más fácil", confiesa. Dice que cuando cuenta a la gente a qué se dedica, suelen mirarla con cara rara, pero ella remarca la importancia que tiene el hecho de poder abrazar o agarrarle la mano a una persona que se ha ido, y la satisfacción de saber que se puede colaborar para que el recuerdo de ese ser querido "sea lo más agradable posible". Los casos más impresionantes que enfrentó fueron el de un joven que falleció en un accidente de tránsito en Maldonado y el de una joven madre que murió por un cáncer de mama. "El resto de las personas que me tocó maquillar eran mayores que sufrieron enfermedades propias de la edad, como infartos", agregó.

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