NEGOCIOS

Las microalgas como «motor» de un innovador y sustentable negocio

La chilena Andrea Irarrázaval contó cómo pasó de hipotecar todo a conquistar gigantes industriales.

OMEU. La emprendedora chilena disertó en el evento Más Emprendedoras.
OMEU. La emprendedora chilena disertó en el evento Más Emprendedoras.

«Yo sé qué es caerse», dice sin perder la sonrisa Andrea Irarrázaval. La empresaria chilena lidera Clean Energy, una innovadora compañía de productos energéticos 100% sustentables, con presencia internacional. El camino no ha sido sencillo: cuenta que quedó embarazada siendo muy joven, que hace unos años tuvo cáncer y un accidente vascular masivo, y recuerda cómo sus potenciales clientes no creían en su proyecto ni los bancos querían financiarla. Y sin embargo, «nunca bajamos los brazos, siempre creímos que lo que estábamos haciendo era bueno», afirma con convicción.

La empresaria disertó en el evento Más Emprendedoras, organizado por OMEU el pasado jueves 9 en la Residencia de la Embajadora de EE.UU.

Irarrázaval es trabajadora social y en sus inicios no se planteaba emprender. Todo cambió cuando como parte de la carrera la mandaron a hacer un trabajo de campo a Puchuncaví, una de las zonas más contaminadas de Chile.

«Yo soy trabajadora social, entonces diversifiqué la profesión y dije: ‘aquí hay un problema, podemos sentarnos a llorar por eso o podemos hacer algo’. Y la idea es hacer algo y eso fue lo que tratamos de construir», dijo a El Empresario tras el evento.

Irarrázaval se dedicó a perfeccionar un método que define como «sistema biológico integrado de gases». «Transformamos los gases de una industria termoeléctrica en combustible», sintetiza. La pieza que hace funcionar el engranaje es la microalga, un microorganismo que transforma CO2 en oxígeno; a su vez, con la biomasa que genera se pueden producir biocombustibles.

Aunque innovador, el proyecto debió esperar hasta 2011, siete años después de comenzar, para instalar su primera «biorefinería». «Todo ese camino, aparte de hacer investigación y desarrollo, fue ir a golpear puertas para conseguir plata, porque no teníamos. Desarrollar tecnología, patentar y hacer esto no era una cosa que la pudiéramos hacer solos. Teníamos la idea, pero también nos teníamos que rodear de personas que supieran de lo que estábamos hablando», relató la empresaria. La necesidad de trabajar con laboratorios del exterior para terminar de afinar el proyecto la llevó a acudir a bancos y empresas para obtener fondos.

La respuesta fue desalentadora: «Todas las instituciones nos decían que no, porque nadie nos creía. Nos decían: ¿Cómo van a hacer esto en Chile? ¿Por qué no lo hicieron antes los alemanes, los suizos, los americanos?», recordó.

La salida que encontró para financiarse fue hipotecar su patrimonio, el de sus padres y abuelos, si bien obtuvo recursos de instituciones estatales como la Corporación para el Fomento de la Producción (Corfo). Entretanto, además, trabajaba en otro empleo.

«Si uno baja los brazos a la primera ningún negocio va a ser exitoso. Solo el 3% de los negocios lo es desde el día 1. Entonces hay que pasar un montón de retos y pruebas y además enfrentar la crítica de personas que te dicen que no va a funcionar», analizó.

«Si uno baja los brazos a la primera ningún negocio va a ser exitoso. Entonces hay que pasar un montón de retos y pruebas y además enfrentar la crítica de personas que te dicen que no va a funcionar"

OMEU. La emprendedora chilena disertó en el evento Más Emprendedoras.
Andrea IrarrázavalCEO de Clean Energy

De hecho, recordó lo difícil que le resultó vender su proyecto a empresas mineras y de energía, ámbitos típicamente masculinos. Por eso, decidió que en su compañía las mujeres tengan un lugar relevante: ellas ocupan 28 de los 30 puestos en Clean Energy.

El despegue definitivo llegó en 2011, cuando la firma AES Gener le cedió un área para realizar pruebas con los gases que emanaban de su usina termoeléctrica (en la localidad de Ventanas).

A este acuerdo le siguieron otros con gigantes industriales como Pemex (México) y Argos (Colombia), la cuarta mayor cementera del mundo (este último por US$ 3 millones).

«La empresa empezó a ser rentable hace un par de años, tampoco nos hemos hecho millonarios porque estamos pagando lo que debemos», dijo la empresaria.

Su visión es llevar esta solución a más países, porque el de la contaminación es un problema global. Actualmente está analizando instalarse en República Dominicana, EE.UU. y Turquía. También considera llegar a Uruguay. «Podemos ser un aporte para la industria de la celulosa, fundamentalmente porque podemos tratar de forma paralela los gases y el agua», aseguró.

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