El coloso emergente marca grandes diferencias con China en su demanda global

Un nuevo rol para India en el contexto internacional

Mientras China ingresa en un proceso de desaceleración, otro jugador de peso se consolida como un eventual nuevo motor de la economía mundial. Es el caso de India, que con una serie de reformas liberalizó su economía y muestra, a juicio del economista español Fernando Fernández, un rol de liderazgo entre los emergentes. A continuación, un resumen de la entrevista.

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Doctor Fernándo Fernández. Foto: Archivo El País

—¿Qué rol jugará India en el concierto internacional?

—Puede ser el motor de crecimiento de la economía mundial, pero de una forma muy diferente a lo que venía siendo China. Estamos hablando de una economía que tiene más de 1.200 millones de potenciales consumidores, que parece que después de mucho tiempo de promesas incumplidas, tiene un gobierno que está enfocando razonablemente bien sus problemas.

—¿Cuáles son los principales problemas que afronta?

—El problema más grave de India era una estructura política que hacía casi imposible crecer, con rigideces institucionales, inflexibilidades internas y enormes dificultades para la libertad de movimientos de capitales y mercancías. India tiene 29 estados en los que las regulaciones han sido muy cerradas incluso entre sí, a lo que hay que agregarle una política de comercio exterior muy proteccionista, con unos subsidios agrarios insostenibles, medida típica para, teóricamente, sostener el consumo de la población, pero que lo que hace es impedir que crezca una economía competitiva.

Era un ejemplo típico de la captura del Estado por parte de grupos de poder, que se han perpetuado durante siglos, en una realidad social y religiosamente mente muy complicada.

Un nuevo gobierno reformista, de jóvenes radicales innovadores, ha liberalizado la economía; estamos viendo tasas de crecimiento de 6-7%, cuando su expansión anterior era de 2-3%. Y tiene un gran potencial de contagio e impacto sobre los países de su entorno.

—¿En qué se diferencia con China?

— Los productos que demanda India son muy diferentes. Por tanto el impacto que va a tener en el resto del mundo no va a ser igual. India demanda bienes manufacturados de primera necesidad. Se van a beneficiar todos aquellos que sean capaces de proveerles de lavarropas, televisores, todo equipamiento doméstico básico. Esa es una gran diferencia con China, que demanda materias primas y eso para América Latina es muy importante. India no necesita tantos alimentos ni metales.

—A pesar del aumento del consumo…

—Es que el cambio no es de tanta magnitud. En India ya contaban con otro nivel de alimentación que no se veía en China y que configuró el gran salto de su consumo. No es la aparición de una economía que vivía en el feudalismo y el asistencialismo y de repente se incorpora a la civilización y el desarrollo económico. Es una economía que estaba sumida en un desarrollo insuficiente y crónico, y que de repente comienza a crecer. No digo que tuviera una clase media fuerte, pero sí una clase media-baja que participa del consumo.

—Pero hay una gran desigualdad social…

—Como en toda Asia, es cierto. Pero quizás lo bueno de esta estructura tan descentralizada de decisión que tenía hasta ahora, de poder y reparto de influencias, es que geográficamente, al estar el poder distribuido, también lo estaba la actividad económica. Y eso hace más fácil los procesos de crecimiento. En ese contexto, también va a demandar mano de obra más calificada que la que tiene, tanto para el desarrollo del área de la energía, donde cuenta con insuficiencias notorias, como en infraestructuras.

—Los indios se caracterizan por contar con mano de obra calificada en el área de ingeniería

—Sí, pero con especialización en el ámbito tecnológico, especialmente en software, pero muy poco en la producción metalmecánica, que es por donde va la demanda. Se van a necesitar muchos ingenieros, de un perfil muy distinto al que han focalizado hasta ahora.

—¿Cómo fue el proceso de liberalización?

—India se liberalizó internamente primero, permitiendo el traslado de bienes de un lugar a otro dentro del país con reglas de mercado. Al mismo tiempo, le fue quitando poder de decisión a los gobiernos locales y eso redujo las posibilidades de clientelismo y amiguismo. En paralelo, modificó la estrategia de su eterno conflicto con Pakistán, pasando más a negociaciones económicas que al campo militar. El gobierno cuenta con un respaldo legislativo importante que le da legitimidad, y si bien proviene de un sector con una historia claramente nacionalista, actúa con mucho pragmatismo.

—¿Qué pasa con las restricciones arancelarias?

—Están en descenso. Partimos de niveles "brasileños" y hoy se ubican en niveles "chilenos", para ser gráficos. Ese es el proceso. Con una medida de apertura unilateral, con la expectativa de que si esto continúa así durante todo el período de gobierno, lo que resta de este y una posible reelección, tendríamos en el horizonte una economía muy abierta para entonces. No olvidemos además que están siendo protagonistas de tratados y acuerdos comerciales multilaterales, sin el afán de liderazgo político y económico de China, por tanto, resulta un socio menos complicado. El actual presidente Pranab Mukherjee identificó que se juega su futuro político con el desarrollo económico, sin dejarse influenciar por actitudes nacionalistas o radicales. Toda su agenda política apuesta a la apertura económica. Está en la búsqueda de la inversión extranjera, especialmente para dos sectores cruciales como son la infraestructura y la energía, y hacia allí apuntan todas las grandes empresas del mundo, que luego subcontratan con empresas locales o de otros sitios, abriéndose oportunidades enormes. Para tener una idea, el plan oficial de inversión en infraestructura para los próximos cinco años es de 300.000 millones de dólares.

—¿Existe capacidad para atraer inversores?

—La capacidad de atracción de inversiones depende de un marco regulatorio relativamente estable y muy conocido, porque en el fondo, India tiene legislación inglesa, que se observa en la legislación mercantil, contable, la seguridad jurídica. Esas cosas se han mantenido desde la colonia, y son un punto a favor. Los choques culturales que existen con China no se dan tanto. Por otro lado, hay muchos indios trabajando en la industria financiera, en Londres o Nueva York. Una diáspora capaz de movilizar capitales para invertir en su país, con una formación muy británica, dominio del inglés, de las matemáticas y las finanzas, son los grandes vendedores de India. Otro gran paso de India es el protagonismo que está tomando en liderazgo entre los emergentes. Así ocurrió en la reciente Asamblea del FMI en Lima, donde Raghuram Rajan, antiguo economista jefe del Fondo Monetario y actual presidente del Banco Central de su país, encabezó las demandas de cambio de los equilibrios dentro de los organismos internacionales, atentos a una nueva realidad internacional. No es el liderazgo económico de China, pero desde el punto de vista intelectual, los indios van ganando terreno en la representación de este grupo de países a pasos agigantados.

—¿Qué avizora para América Latina en esta nueva relación de poderes?

—El gran reto que esto tiene para América Latina es el de incorporarse nuevamente a la producción de manufacturas, en un proceso de industrialización difícil, pero que es muy necesario. Todo ello con políticas más inteligentes, no las que se utilizaron en los 80 con sustitución de importaciones o apuestas por sectores considerados estratégicos en aquel momento. Las políticas de industrialización inteligente van por el lado del capital humano, de la creación de clústeres de conocimiento, más sofisticadas. Hay toda una literatura nueva sobre política industrial inteligente que implica una apuesta importante.

Perfil.

Fernando Fernández. Doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Fue economista Jefe del banco Santander y economista principal del FMI en el Departamento del Hemisferio Occidental. Consultor y docente en la IE Business School.

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