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El arte detrás de la oratoria

Hablar en público no es un don sino una habilidad. Y se puede entrenar. Cada vez hay más opciones de cursos y clubes para vencer el pánico escénico o la timidez.

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Organizar el discurso y aprender a contar una historia es fundamental.

DANIELA BLUTH

La película 23 Segundos se estrenó en mayo de 2014. Hasta allí había estado todo bien para su director, Dimitry Rudakov (33), un ruso que llegó a Uruguay de visita y se quedó a estudiar cine, hace ya más de seis años. "Si dirigís una película estás detrás de cámara, no tenés que hablar con todo el mundo", dice Dimitry sobre lo que más disfruta de su trabajo. Pero con la presentación del film en sociedad llegaron notas de prensa, conferencias a sala llena y entrevistas para la televisión. Movido por su timidez, para cada evento público "mandaba" al frente, aleatoriamente, al productor o al actor de la película.

Hasta que un día cayó en sus manos la invitación para ir al Mannheim-Heidelberg Film Festival, el segundo en importancia en Alemania, al que solo podía viajar el director. "No podía no ir, pero me desesperé. Empecé a buscar en Google qué me podía ayudar. Hasta que di con la Academia de Oratoria. Ni siquiera me daba el tiempo para hacer el curso entero. Pero fui a algunas clases. Y me ayudó. Hablar en público es una habilidad que se entrena, es una cuestión física, no sé explicarlo, pero con el tiempo el miedo va desapareciendo y lo empezás a dominar".

La experiencia que vivió Dimitry no es una rareza. Al contrario, las dificultades para hablar en público no reconocen barreras geográficas, etarias ni profesionales. De hecho, hace algunos años el comediante Jerry Seinfeld habló del tema en uno de sus célebres monólogos: "Hace poco leí que hablar el público es considerado el mayor miedo de una persona promedio. Es increíble, ¡el segundo es la muerte! Eso quiere decir que para cualquier persona, si tiene que ir a un funeral, prefiere estar en el ataúd que dando el discurso".

Aunque el planteo de Seinfeld puede parecer exagerado, lo cierto es que hablar en público es uno de los temores más extendidos de los seres humanos. Dictar una clase, disertar frente a un auditorio de 500 personas, dar el discurso para los novios en la iglesia, defender una idea en la reunión con los jefes o incluso rendir un examen pueden ser instancias difíciles de tolerar.

Sin embargo, también son experiencias que ocurren con frecuencia en la vida personal y profesional, para las cuales las personas se pueden preparar, desarrollando una habilidad que, quizás, nunca pensaron que tuvieran. "A los cursos de oratoria llegan dos tipos de gente: la que tiene pánico escénico y la que ya habla en público y quiere mejorar", dice Ismael Linares, exoficial del Ejército, futuro contador y creador de la Academia de Oratoria, que hoy ofrece tres cursos básicos y uno de argumentación y debate. Entre quienes llegan a sus clases hay gente de todas las edades y profesiones. "Desde liceales hasta jubilados; desde choferes de Cutcsa hasta gerentes de multinacionales".

Del otro lado, el universo de quienes enseñan a hablar en público también es heterogéneo, e incluye locutores, docentes y actores. Con 15 años de experiencia, Gustavo Rey es un experto en esto de "entrenar" para lograr "presentaciones orales efectivas". Profesor y locutor, Rey empezó a investigar en el tema movido por su propia timidez, que en la época de estudiante de comunicación lo llevaba a no levantar nunca la mano y a sentarse siempre al fondo de la clase. "Hoy ya no podés pasar desapercibido. Como en el mundo de los negocios, hay que pasar de la zona de confort, que te da una seguridad relativa, a una zona de expansión", opina Rey, también a cargo del coaching para las charlas TED en Montevideo. Aunque los cursos todavía "generan un poco de temor", dice, cada vez hay más interesados, sobre todo en las nuevas generaciones de dirigentes políticos y emprendedores.

Desde 2013 también funciona en Montevideo el Club de Toastmasters, una comunidad de personas interesadas en desarrollar sus habilidades de oratoria y liderazgo de forma colaborativa. El Club, que forma parte de una red internacional sin fines de lucro, se reúne una vez al mes en el Castillo Pittamiglio. "Hay gente de todos los perfiles, pero lo que siempre aparece como denominador común son las dificultades para hablar frente a una gran audiencia", comenta Mariana Paredes, licenciada en comunicación y una de las creadoras del Club. En Toastmasters no hay un docente, sino que cada integrante es juez y parte. "Los más veteranos ejercen el rol de mentor, pero todos hablamos desde un mismo lugar y con una consigna positiva-constructiva". Al no ser un curso, la propuesta es abierta y los interesados se pueden sumar en cualquier momento del año.

Paso a paso.

Pese a las diferencias y los matices, la clave de los cursos es reducir el pánico escénico, crear hábitos del buen hablar y organizar de manera efectiva lo que se va a decir, para atrapar al interlocutor y mantener su atención hasta el final.

"Cuando uno sabe exactamente qué decir y cómo decirlo, los nervios tienden a bajar. Son dos cosas que van de la mano", explica Linares. Y ejemplifica: "Es como nadar. Yo no puedo disfrutar de una playa en el Caribe si me tiran al agua y no sé nadar. Ahora, si me enseñan a flotar, verifico que aplico lo que me enseñaron y no me hundo, empiezo a disfrutar".

La oratoria, coinciden los involucrados, no es difícil pero requiere entrenamiento. "Yo trabajo mucho lo teórico, pero enseguida lo llevo a la práctica, porque la práctica hace a la habilidad", explica Rey. El foco de sus cursos está en el contenido —ser capaz de desarrollar un relato o contar una historia—, la voz y el lenguaje corporal. "Lo importante es sacar lo mejor de cada uno, no que salgan repitiendo un discurso como robots".

Según Linares, en el cuarto encuentro —de los ocho que dura su curso básico— los alumnos logran hacer "el clic". "En las clases vemos estructuras prefabricadas que nos permiten armar cualquier tipo de discurso, algo así como complete-los-espacios-en-blanco, porque los caminos de la oratoria no son infinitos", señala.

En los grupos de Toastmasters la dinámica no es la de un taller. "No hay alguien que tiene la verdad absoluta, lo más importante es la experiencia que generás en el otro y el feedback que éste te da. Todos estamos aportando", explica Paredes. Pese a esa dinámica más informal, también se rige por un manual, que hace que los encuentros tengan la misma estructura en Montevideo que en Sudáfrica.

Al igual que en la mayoría de las propuestas, el primer proyecto de oratoria es "el rompehielos", donde la persona se presenta ante sus compañeros. En su decálogo del buen orador figura organizar el discurso, ir al grano, seleccionar palabras claras, utilizar la voz y el cuerpo como herramientas de persuasión y dominar el tema. Paredes también destierra la idea del discurso perfecto. "Muchas de las charlas que resultan súper exitosas son las que demuestran cierta vulnerabilidad. Hablar desde la sinceridad ha demostrado ser muy exitoso", comenta, reconociendo en ello una de las claves del éxito de las charlas TED.

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En Uruguay, el Club de Toastmasters se puso en marcha gracias al Grupo Pértiga, una empresa que trabaja en áreas de comunicación y cambio organizacional. Funciona desde octubre de 2013 y desde este año su sede es el Castillo Pittamiglio. Los integrantes del Club pagan una membresía anual de 54 dólares. El próximo encuentro será el miércoles 20, con un debate sobre educación.

La principal enseñanza.

Saber organizar el discurso es, según Ismael Linares (foto), la principal enseñanza de las primeras clases. "Si voy a pronunciar unas palabras en una fiesta de 15 me tengo que dar cuenta de que tengo que arrancar hablando del pasado... Si quiero movilizar al público a hacer una acción, tengo que remover emociones mostrando un problema. ¡No puedo comenzar pidiendo una donación!", dice. Para el curso de debate, lo esencial es acorralar al otro "afirmando a través de preguntas".

Conceptos y consejos.

"Hoy, saber hablar en público es una habilidad súper necesaria, va de la mano de saber venderte como profesional y ponerte en valor en un mercado cada vez más competitivo", dice Mariana Paredes, del Club Toastmasters Montevideo.

"Uno de los objetivos es encontrar y potenciar el propio estilo comunicativo, de cara mejorar el desarrollo personal y profesional de las habilidades de expresión", comenta Gustavo Rey.

"Oratoria no es locución", afirma Ismael Linares. "La perfección es enemiga del orador, que puede trancarse o hasta caer desmayado por falta de aire. Eso lo humaniza. De otro modo terminamos siendo oradores TED, demasiado preparados, medidos, actuados... casi falsos".

"Después de tomar las clases me sigo poniendo nervioso, pero la diferencia es que lo puedo dominar", cuenta el cineasta Dimitry Rudakov.

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