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2016, año bisiesto, año de mitos

Cada cuatro años se agrega un día más a febrero y cuando eso sucede llegan los rumores: esperan catástrofes y niños que nacen con poderes sobrenaturales.

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M. Luther King. Foto: EFE

La llegada del 29 de febrero puede ser motivo de celebración o de nerviosismo. Los años bisiestos tienen curiosas tradiciones, pero también hay grandes catástrofes. Es que la excepción siempre motiva la atención, y este año toca un día más.

Los años bisiestos tuvieron su origen hace más de cuatro siglos, cuando en 1582 el Papa Gregorio XIII reemplazó el impreciso calendario Juliano por el calendario Gregoriano. Desde ese entonces, cada cuatro años se añade un día más al mes de febrero. "Nuestros días están definidos en términos de las rotaciones de la Tierra y nuestros años en términos de la traslación de la Tierra alrededor del Sol. Una vuelta de la Tierra toma 365 días 5 horas y 57 minutos y, como no es número entero, las horas y minutos sobrantes se acumulan", explica el astrofísico Andreas Reisenegger. Esta es la razón por la cual cada cuatro años se aplica esta corrección de "tiempo sobrante" sumando el día 29 al calendario.

Desde su aparición se dice que los años de 366 días están ligados a malos augurios y presagios. Aunque parezca sorprendente, los acontecimientos de la historia se han encargado de reafirmar la creencia popular de que en este tipo de años ocurren grandes desgracias, como la Primera Guerra Mundial en 1914, la cruenta Guerra Civil Española que de 1936 o la apertura del campo de concentración de Auschwitz en 1940.

Sumado a esto, connotados asesinatos como el de John Lennon (1980), Robert Kennedy (1968), Martin Luther King (1968) y Mahatma Gandhi (1948) han sucedido en años bisiestos, lo que alimenta las sospechas de las personas. "Cualquier cosa fuera de lo normal, la gente tiende a asociarlo a supersticiones, pero no tiene ninguna base científica", afirma Reisenegger.

Aunque la ciencia lo descarta porque se trata de una corrección del calendario, Cristián Simoneti, antropólogo y académico chileno, asegura que el conocimiento sobre la naturaleza es una mezcla entre las supersticiones y las ciencias exactas. "Sería un error pensar que solo la ciencia moderna apunta hacia la verdad y no se rige por el conocimiento popular y supersticiones".

Antiguamente se pensaba que los nacidos en años bisiestos podían poseer poderes sobrenaturales o malignos. Hoy no existe esa connotación negativa, pero nacer un 29 de febrero sigue siendo algo especial. En Irlanda existe la familia Keogh, en la que miembros de tres generaciones nacieron en dicho día.

Una de las personas que nacieron un 29 de febrero es Sebastián Merino (28 años) quien mañana, en estricto rigor, cumpliría 7 años. No es novedad para este ingeniero que la gente se ría, se burle o encuentre rara su fecha de nacimiento. "Todos me dicen ah, qué pena, te celebras cada cuatro años, pero al final lo celebras todos los años el 28 de febrero o el 1° de marzo", dice.

Respecto del día especial en que cumple años, Sebastián no se preocupa. Él cuenta que cuando toca bisiesto se celebra el triple. "Cuando hay 29 es algo muy especial, siempre lo festejo en grande, un año lo celebré tres días seguidos. También me acuerdo cuando cumplí 12 años, que en teoría eran 4, mis abuelos me dieron cuatro regalos representando los años que no me había tocado celebrar".

Tradición romántica.

El mito cuenta que el 29 de febrero fue, en tiempos donde eso no era costumbre, un día en que las mujeres pueden pedir matrimonio. La historia señala que esta tradición nació en la segunda mitad del siglo V, en Irlanda. Fue en ese entonces cuando Santa Brígida se quejó ante San Patricio de que las mujeres no encontraban candidatos para casarse. Ante el reclamo, el santo autorizó que las mujeres "pidieran la mano", pero solo en años bisiestos.

Sin embargo, si el hombre la rechazaba debía darle un vestido de seda y 12 pares de guantes para que la mujer escondiera con vergüenza su mano sin el anillo de compromiso. La tradición se ha expandido por todo el mundo e incluso fue la inspiración para la comedia romántica Leap Year (2010), protagonizada por Amy Adams. 

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