DANIEL MELLA

"Lo que sobrevive de un libro son las imágenes"

El hermano mayor, una novela que convierte en imprescindible a un autor elogiado.

Daniel Mella. Foto: Marcelo Bonjour

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MARIÁNGEL SOLOMITA07 dic 2016

La fascinación por la muerte llevó a Daniel Mella a escribir sus tres primeros libros: Pogo (1997), Derretimiento (1998) y Noviembre (2000), en tres años. Tenía 19 cuando publicó el primero. Aunque Derretimiento se editó en España, aunque había logrado destacarse como un autor único gracias a una narración sólida, visual y tremendamente oscura, Mella no escribió por 13 años. Entonces aparecieron los cuentos de Lava, su obra más exitosa hasta la reciente llegada de la novela El hermano mayor. Tras la muerte de un hermano, Mella convirtió el dolor en una obra brillante, auténtica y tremendamente honesta. Consagrado a los 40 años, charló con El País.

—En Pogo dice que se sintió desnudo la primera vez que leyeron un texto suyo. ¿Qué le pasa con El hermano mayor?

—Siempre se siente así, aunque este libro es más especial porque es lo más autobiográfico que escribí. Y al mismo tiempo el grado de desnudez tiene que ver con las personas involucradas, que son familiares.

—Si iba a exponerlos necesitaba exponerse primero usted.

—Fue lo que me mantuvo honesto conmigo mismo. Leí varios textos de este tipo y los sentí como un gesto de comunión brutal, porque es ponerse en un lugar de fragilidad que tanto nos cuesta. Reconocer que lo que está en vos está en mí significa que somos seres universales que podemos verdaderamente estar en contacto.

—A pesar de que se sumerge en la muerte, esta novela es una gran historia de amor.

—Fue lo que me terminó de impulsar y me dio tranquilidad en el momento de cerrar el libro: descubrir que el amor lo permea todo.

—¿La imaginó así al principio?

—Sí, porque el que murió es mi hermano, pero pensé que se iba a convertir en otra cosa porque apareció esto de la competencia. Yo solo pude empezar a escribir cuando empecé a competir con mi hermano muerto. Y ahí entendí: esto no iba a ser solo sobre él, sino también sobre mí .

—¿Cómo lidió con ese sentimiento?

—Me sentí un ridículo, un vanidoso. Después me di cuenta de que eso es parte del amor fraternal.

—¿Cuándo se decidió a escribirlo?

—En el velorio. Me sentía inmoral porque veía imágenes y pensaba "qué belleza, tengo que contarlas". ¿Es posible que busquemos la estética aún estando en carne viva?

—En la novela dice que necesitaba encontrar "la pureza" para volver a escribir, ¿la recuperó?

—Cuando empecé a escribir sobre Seba surgían cataratas de emociones. Fue muy lindo, porque llevaba años sin escribir sin pensar en estructura y formas. Me hizo acordar a ese lugar al que siempre quiero llegar con la escritura, que es el de cuando no hay lector en tu cabeza.

—¿Qué es lo que hay?

—Solo la experiencia de estar haciéndolo. Ese momento para mí no tiene precio.

—¿Le costó soltar este libro?

—Es el que escribí y edité más rápido. Lo terminé en septiembre y se editó en octubre. Tenía una primera versión en junio y tuve que dejar de escribir porque entré en un agotamiento emocional y nervioso.

—¿Escribir le resulta tortuoso?

—Nunca tanto así. No podía tocar los textos. Y en un momento se me apareció el cierre. Me lo quería sacar de las manos porque que se moviera el libro era sacarme oscuridad. Y publicar tan rápido tenía algo de novedoso en mí, que es soltar la ambición de perfección.

—¿Le parece perfecta?

—No. La veo como una casa con grietas.

—¿En qué le ayuda escribir?

—Para mí no hay nada mejor.

—Pero pasó 13 años sin hacerlo.

—Empecé a leer a Shakespeare e intenté escribir teatro pero no me salió. Lo que me tortura cuando no escribo es mi relación con mi imagen de escritor, porque yo me identifico absolutamente con eso y me pone incómodo.

—¿Por qué?

—Porque sentí que yo era eso.

—¿Y qué quiere ser?

—Mucho más. O mucho menos. O no ser nada. O ser todo. Pero no quiero ser un escritor.

—¿Qué significa ser un escritor?

—Estar siempre pensando en un próximo libro. Insatisfacción perpetua. Que te importe lo que piensen los demás. Tener la ambición de perdurar en el tiempo.

—¿Y qué hizo?

—Sentí que estaba llegando a un lugar en que podría escribir cualquier cosa más o menos bien, pero esa hambre me podría hacer perder la sensibilidad de qué es lo que realmente necesito escribir.

—¿Sabe qué es eso que necesita?

—Solo cuando aparece: es una imagen, una frase o una idea, y no voy a tener paz hasta escribirla.

—¿En qué piensa cuándo escribe una novela con crímenes terribles como Derretimiento?

—Ese libro se lo saqué de las manos a la madre de mis hijas, le prohibí leerlo.

—¿Se siente culpable?

—Obvio. Yo me decía, debo estar muy mal para escribir esto. La única vez que me analicé le llevé los libros a un psicólogo y nunca me dijo nada al respecto.

—Una vez escribió: "un edificio está construido sobre sus propias ruinas". ¿Cree que es el pensamiento que atraviesa su obra?

—Sí. En mi mirada está la ruina. Veo un edificio y lo veo en 200 años abandonado y destruido.

—¿Qué suele inspirarlo?

—Hay una imagen y un sentimiento. Las ideas no me seducen como me seduce una imagen, pienso que lo que sobrevive de un libro no son las palabras sino las imágenes.

—¿Cuál fue su primer contacto con la muerte?

—Mi abuelo. Yo tenía seis años y sentí que me enamoraba de él, que tenía un acceso absoluto al sentimiento y una lucidez que es el último regalo que nos hacen los que mueren.

—¿Qué es para usted la felicidad?

—Llegar a amar todo esto que es la vida. La muerte viene y toca el lugar fundamental del amor. Yo creo que es imposible amar profundamente hasta que no terminamos de aceptar que estamos entre mortales.

¿Cómo es escribir imágenes violentas?

La obra de Mella se caracteriza por ahondar en imágenes terribles, como si los peores temores de muerte de un ser amado se concretaran. La pregunta planteada fue si escribe inspirado en estos miedos, y así respondió: "Sí. Cuando nació mi primera sobrina quise hacer un texto más luminoso. Empecé con un cuento que se titulaba Ella es un río... muy lindo, pero rápidamente se transformó en la historia de dos hermanas, ¡y una de ella era hemofílica! Así que me dije, ¿tendré un estado mental que me lleva a estos lugares para entonces acceder a otros estados más luminosos? Porque a mí me encantaría explorar todo mi ser".

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