La culpa desvelada

Entrevista con Anahí Berneri, joven directora argentina que presenta su tercera película. Por tu culpa se exhibe en Cinemateca y próximamente en otras salas. La maternidad, la culpa y el cine.

Por: Mariángel Solomita

Una mujer pasa los dedos por sus labios. La piel está lastimada con un herpes. Unas manitos la toman del cuello y la hacen caer de espaldas en la cama. La cámara está encima de ella; manos que agarran, que tironean, que mueven otros brazos y otras piernas. Y gritos. El contexto está ausente: es una lucha o un juego. De a poco el plano se abre y Julieta (35) queda tendida en el colchón junto a Valentín (8) y Teo (2). "Ah no, yo así no juego más", dice.

Del otro lado del teléfono Anahí Berneri está en Buenos Aires. Por tu culpa es su tercera película, antes estrenó Un año sin amor (2005) y Encarnación (2007). Estas cintas han sido premiadas en los festivales de Berlín, San Sebastián, Toronto, Los Ángeles y Mar del Plata."Esta es mi película más cercana, la más autobiográfica. La rodé en mi casa, la escribí pensando en mi casa. De alguna forma es el retrato de muchas madres que están alrededor mío, y es un reflejo de ciertos aspectos que veo en mi generación en la forma de criar a nuestro hijos", explica.

Según Berneri, la maternidad se construye. "Yo creo que la retraté desde la pregunta. De preguntarse de qué forma ocupar el lugar, de qué forma poner límites. De ocupar el rol de madre más allá de los deseos personales. Cómo conviven la progresión de la carrera y la forma de criar a veces un poco egoísta que tenemos los padres de esta generación".

Julieta (Erica Rivas) sin querer deja caer a Teo de la cama. Se golpea fuerte y lo lleva al sanatorio. La clínica confirma el buen poder adquisitivo de la familia. Los pasillos están desiertos. Los médicos ven algunos golpes de más en los niños. Con amabilidad y pocas palabras comienzan a cuestionar su capacidad para criarlos. Julieta se ve preocupada y culpable. Ante la insistencia del padre por llevarse a los niños a la casa, los médicos hacen una denuncia contra la madre. Todo sucede en una noche. "Intento crear personajes que no sean estereotipos. Para mí todos los personajes están haciendo lo mejor que pueden, pero por otro lado están cometiendo muchísimos errores. Los médicos no están entendiendo la situación, no contienen a esa madre pero lo hacen para proteger a los chicos. Hay una abuela que quiere hacerse cargo de los nietos pero trabaja diez horas. La idea es re-pensar los roles y generar reflexión sin juzgar a Julieta. No podía ser la madre perfecta. Los quiere pero está muy sola y se siente culpable de muchas cosas."

-¿Era inevitable la mirada masculina de Sergio Wolf en el guión?

-Sí. La anécdota es que lo llamé cuando empecé a escribir las primeras dos escenas donde entraba el marido. Había un riesgo importante de que pudiera entenderse como una película feminista, que no era mi intención.

-Ni machista...

-No, pero tuve devoluciones de hombres y mujeres que me han dicho que la película podía tener una mirada machista.

-Julieta es ambigua, la empatía no es completa, ¿cómo manejaste el margen de identificación?

-Me interesa muchísimo la identificación del espectador, cada vez más. Quiero involucrarlo con lo que está viendo. No me interesa el cine frío desde un lugar más formal o estético. Creo que la película no le funciona a quien no se identifica en algún lugar.

La película toda parece un solo plano secuencia. Se podría sospechar de un rodaje cronológico - "hasta a mí me sorprende la magia de la continuidad que no existe"-. Esta sensación es posible gracias a la habilidad de la directora especialmente en la dirección de actores, manteniendo el tono necesario en una película donde la tensión no crece, si no que es continua. Desde la primera escena el espectador siente que lo que ve está sucediendo en tiempo real. "La idea era condensar el tiempo para generar una identificación con el personaje, compartir ese sentirse desbordado por los hechos. Es como si fuera una noche de pesadilla donde todo se desbarrancó y al día siguiente se vuelve a una supuesta normalidad, re-pensando de qué manera seguir".

La restricción del tiempo y del espacio - dos locaciones: la casa y la clínica-, hacen de esta narración un recorte. No se sabe qué pasó antes ni qué pasará después. "No me gusta ponerme en el rol de un dios...yo muestro un par de horas. Y tiene que ver con no juzgar: cuando uno ve unas pocas horas de la vida de un personaje piensa `bueno, esto le pasó a esta mujer en este momento, en esta misma situación me hubiera pasado lo mismo`".

La cámara permanece en el espacio "privado" de Julieta mientras el otro espacio, "el público", casi es una desinformación que el espectador sólo percibe por el fuera de campo visual. Frente a esta decisión estética surge otra lectura: el espectador se ve forzado a observar al personaje con precaución, aguardando sus comportamientos, esperando que algo suceda.

-¿Qué grado de intimidad le das a la imagen?

-La puesta en escena de a poco se va transformando. En las primeras escenas la intimidad es mayor, la cámara es muy física, está siempre pegada al cuerpo, sigue los movimientos. A veces de tan cercana no se ve la situación completa, tiene que ver con la subjetividad de cada uno: uno no tiene un plano general de la vida, y eso a mí me ayuda para crear identificación y para estar junto a Julieta. Lo que sabemos es lo que ella ve y lo que ella vive. A medida que la película avanza la cámara empieza a recortar el entorno y a sacarlo de foco, es como si se quedara absolutamente con su subjetividad.

Los planos sonoros contribuyen en esta búsqueda. "Trabajamos con muchas capas para generar cotidianidad en las primeras escenas. Ahí el sonido está puesto para que la misma molestia que está sintiendo el personaje lo sienta el espectador. No están suavizados los agudos, quedó más real." Hay una respiración profunda de la protagonista que se hace oír en los momentos de mayor subjetividad del personaje. La fotografía, con imágenes acuareladas y pequeños desenfoques, acentúan la idea de contradicción con la gravedad de la situación que vive Julieta.

-¿Cómo fue la experiencia de filmar en tu casa?

-Es que creo bastante en la carga documental que tienen los lugares, los objetos, muchos de los juguetes son de mis hijos.

-¿Necesitabas esa cercanía para dirigir?

-Sí, pero me ha sucedido en las tres películas. En Un año sin amor filmamos en las locaciones reales que inspiraron el libreto. Intento usar el documental porque me parece que nutre de otra forma la ficción. En Encarnación, Silvia Pérez tenía toda una carga y una angustia que para mí le dan el peso que tiene a la película. Siempre prefiero no construir o recrear un espacio, los objetos, sino tomar lo que existe, lo que realmente es parte de un mismo mundo que retratar. Los niños son hermanos reales, eso fue muy positivo para la película por el permiso físico por la violencia que uno naturalmente tiene con el hermano.

-¿El imprevisto de trabajar con niños enriqueció la película?

-En esta búsqueda mía, me enriquece mucho el tener contacto con un cierto tipo de caos en el set. El caos me permite crear verdad. Por otro lado podés perder las riendas de la película. Sí trabajamos con mucha paciencia porque buscábamos algo que sólo nos podía dar un nene de dos años.

-Rivas es una actriz que utiliza mucho su cuerpo, esto se aprovechó, ¿lo tomaste de ella?

-Ya desde el guión estaba muy marcado algo desde el desborde físico. Hay algo del caos que Erica se permite como actriz y como persona que le funcionaba muy bien al personaje. Le pone el cuerpo y yo necesitaba algo físico muy presente. Pensamos con Erica que el personaje debía tener algo cutáneo que reflejara ese malestar. El primer día de rodaje apareció con un herpes. Luego se le curó y apareció otro. Eso es de transitar el personaje... es de nuevo la carga documental, creo que quién es el actor y la historia del actor pesan en el cine. Hay algo que uno inconscientemente no maneja que sí se refleja.

Bafici itinerante en Cinemateca Pocitos

Desde hoy y hasta el 28 se exhibirán en la sala de Cinemateca Pocitos algunas de las películas que integraron las secciones del BAFICI. Entre ellas se proyectarán Lo que más quiero (premio a la Mejor Película Argentina), La quemadura, El predio, El pasante y Rodríguez. Además se incluyen en la programación varias animaciones del segmento para niños y una selección de cortometrajes argentinos. Estará presente Rosa Martínez, productora general de este festival fundamental del cine independiente.

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