Parar la mano con la porteñada

| ¿Quién va a decidir que es TV chatarra y que no es chatarra? ¿Peteco? ¿Magoya? ¿El Gran Bonete? El combate al cholulismo tampoco pasa por la censura o los impuestos.

2008-08-02 00:00:00 235x313

Fabián Muro ha publicado un estupendo informe sobre la porteñización de los uruguayos. Fue hace dos semanas en el suplemento Qué Pasa.

Ahí queda claro que la Farro, junto con la Fernández, la Castro y un travesti de apellido Pereira, son el cuarteto mercenario que encabeza las invasiones porteñas.

El caso de la Farro y la Fernández no es tan difícil de entender. O se trabajaban un lugar en la farándula porteña o estaban condenadas a ser vedettes de Carnaval y a mostrarse en algún equívoco antro de la noche montevideana.

O tenían que agarrar para las ocho horas.

Un poco distinto es el caso de Eunice Castro. Esta modelo con veleidades sabe que la edad no perdona.

Por el dudoso privilegio de haber perdido el marido a manos de la traqueteada Susana Giménez, Eunice se convierte en centro de un interés morboso, que Tinelli no duda en explotar.

Por la manera en que maneja públicamente su relación con otro trabajador de la tele, es fácil ver que el estilo porteño de fama a cualquier costo no le repugna para nada a la longuilínea Eunice.

Desconozco los pormenores en el caso de Pereira.

Todas estas personas tienen todo el derecho del mundo de restregarse contra la Tota o la Pocha o como se llame el gordito ese.

Tienen todo el derecho del mundo de treparse al caño, sacudir sus prominencias y hacer un mango.

Cualquiera tiene el derecho de verlos y seguirlos, de nuestro y del otro lado del Plata.

También creo que les estamos dando una dimensión que no corresponde. Igual que el Chengue Morales y Carlos Bueno, son figuras infladas. Se les ha dado un papel que no tienen con qué bancar. Ídolos con pies de barro. Reflejan la carencia de modelos válidos que estamos padeciendo.

Pero también creo en la opinión pública y en que los otros, los anti cholulos, tenemos derecho al pataleo.

Ser anti cholulo es un derecho humano.

Sé que hablo por miles y cientos de miles de uruguayos cuando me resisto al imperio del chisme y del escandalete.

Pero la única forma de votar contra el cholulismo y la grasa chorreando de la pantalla es con el control remoto.

Desde lo más profundo de mis caracuses intelectuales, rechazo al cholulismo y detesto a Tinelli. Pero escucho hablar de censura a la tele o impuestos especiales, como quiere el Sr. Director de Cultura Mardones, y se me pone la piel de gallina.

Formé parte del equipo que, a la vuelta de la democracia, acompañó a Carlos Maggi y a Ruben Castillo a Canal 5.

Las ilusiones eran enormes. Los intereses en juego también eran enormes y la cosa quedó en nada. El voltaico Maggi y el proteico Castillo fueron prontamente reemplazados por el anodino Pedroso. Y Canal 5 siguió siendo el de los dos sillones con el filodendro al costado y El sello de hoy.

Sigo creyendo en una TV pública fuerte e inteligente, onda BBC. Sigo creyendo en políticas culturales de Estado. Como en Francia, España, Holanda y Canadá.

Pero resulta que el actual Director de Cultura, Mardones, no es una persona de la cultura. Su sillón es un premio a su gremialismo.

Ahora Mardones se pescó una gripe, estuvo mirando tele durante dos semanas (lo compadezco). Se desayunó de que estamos invadidos por los porteños y se le prendió la lamparita de cobrarle impuesto a la TV chatarra.

Que no se agarre una gastritis porque vaya uno a saber lo que puede pasar.

Deploro la TV chatarra tanto o más que el ocurrente Director de Cultura. Pero hay un pequeño problemita, ¿quién va a decidir que es chatarra y que no es chatarra? ¿Mardones? ¿El Gran Tuleque? ¿Magoya?

No señor, la libertad es libre, incluso cuando no nos gusten sus resultados. Y el voto que el alma pronuncia tiene que emitirlo la gente, con el control remoto.

Es posible que los anti cholulos estemos condenados a la derrota. Vivimos en el reino del paparazzi. La música esta en manos de los disc jockeys. Un impresentable como Jorge Rial tiene las llaves de Punta del Este.

Pero con libertad, ni ofendo ni temo.

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