Por: Martín Cajal
La idea era tocar temas no tan populares: aquellos que el músico llama "canciones escondidas" que, a pesar de no ser éxitos comerciales ni de presentarse comúnmente en sus recitales, son favoritas del propio autor, de parte del público, de amigos. "Éste es el show que durante años me han venido pidiendo mis amigos", explica Jaime Roos. Además, el propósito del recital se halla orientado a mostrar esa reunión de obras ocultas, de las cuales habrá una selección para su próximo álbum, a salir antes de fin de año y bajo el mismo nombre que el show: Hermano te estoy hablando (otras canciones).
Este ciclo de recitales comenzó en Buenos Aires, todos a sala completa, en La Trastienda. En nuestro país, el Teatro Solís fue el escenario elegido para estas presentaciones previstas para el miércoles 16 y jueves 17 de julio. Tal fue la convocatoria que hubo una función más el sábado y dos el domingo.
En sus shows, Jaime nos tiene acostumbrados a los himnos exitosos, a una banda extensa con murga incluida, a los lugares inmensos... Para este "repertorio velado", optó por una propuesta diferente, un verdadero reto. Reunió a tres bestias conocidas por él y público: Hugo Fattoruso, Nicolás Ibarburu y Gustavo Montemurro, quienes tocan más de un instrumento. El recital del miércoles evidenció que corresponde a los cuatro y no sólo a Roos, por más que la composición corra por su cuenta. Porque estos cuatro mastodontes sonoros convirtieron un desafío en un espectáculo, mostraron ser algo así como una banda sin nombre; un cuarteto de amigos que se encargó de edificar el proyecto de uno de los artistas más representativos del ambiente local. Por un lado, la cabeza creativa de Roos y su contundencia rítmica con sus guitarreadas, la precisión "sensible" de Ibarburu para los vuelos eléctricos, los hilados sonoros de Montemurro y la nave de teclados del señor Fattoruso. Cada uno aportó lo suyo a la hora de los arreglos, a la hora de la reinterpretación de estas canciones que recorren distintos tramos de la carrera del autor y que, sin embargo, mantienen cierto cordón sonoro que habilita el compaginado de un álbum, el armado de un show entero y de tónica diferente.
Dentro de estas "otras canciones" se escucharon 15 abriles, Lluvia con sol, Good Bye, Milonga de Gauna (tema incluido en la película El sueño de los héroes, dirigida por Sergio Renán), Carta a poste, Inexplicable, Golondrinas y varios sonetos de Mauricio Rosencof musicalizados, entre muchas otras que permiten reescuchar , reconsiderar, redescubrir la carrera de este prócer musical.
A pesar de su carácter parco y sereno, a Roos se lo vio emocionado, contento de haber cumplido otro más de sus deseos como artista. Y tuvo sus momentos de gracia medida y efectiva: "Nos vistió Magma", señaló el compositor hacia el final del espectáculo. Mientras, los otros integrantes del cuarteto se divertían con sus instrumentos, jugaban como si fueran primerizos. La quinta columna del espectáculo la sostuvo el trabajo de luces, verdaderas proyecciones visuales del sonido; coordinadas, acompasadas, con sentido.
Uno de los aspectos más curiosos del show fue la ausencia de tambores, de percusiones convencionales: Montemurro se ocupó de las bases rítmicas candomberas por medio de su laptop. Eso fue curioso. Pero singular, que un ritmo que demanda algo tan simple y genuino como una cuerda de tambores sea contrarrestado con un recurso tecnológico y no se extrañe la sangre negra... Un verdadero mérito que corresponde al cuarteto, que buceó por el folklore, la milonga, el jazz, el tango, el blues, la psicodelia, el pop, algún bolero de aires bossa... Y sin perder en ningún momento la esencia candombera. En esta nueva propuesta, el cuarteto fue más allá del formato canción: obras de estructura progresiva, de paso gradual en el que se entrecruzaron múltiples géneros. Y en cada uno de éstos, los cuatro inyectaron su estilo propio.
Este recital de viejas canciones nuevas confirma los dotes innovadores del cantautor y su peso en la música uruguaya, porque fue uno de los responsables de ensanchar el horizonte del candombe, porque continuó el camino trazado por Eduardo Mateo y supo pararse con autonomía y dibujar su sello. Crear en base a sus convicciones y experiencias, y a través de ese núcleo personal construir un sello que, más allá de que guste o no, se mantendrá imborrable.
El espectáculo también confirmó la conquista de Roos de un público fiel dispuesto a seguirlo a dónde sea. Esta vez ese "público portátil" lo acompañó en una propuesta sonora distinta, reflexiva y contemplativa en la que los aplausos ratificaron el mismo (o mayor) disfrute que en sus recitales "convencionales".
Cuatro tipos talentosos a los que el tiempo no les juega en contra: lo saben aprovechar. De ahí las baterías y tambores programados, de ahí la diversidad de sonidos filtrados por las experiencias musicales de cada uno. De ahí que el bonus track del show fuera Una vez más... en versión electrónica. Genial.