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ENTREVISTA A DANIEL BURMAN
¿Al fin solos?
El director presenta "El nido vacío", lo que pasa con una pareja luego de que sus hijos dejan la casa familiar.

Por: Analía Filosi

Luego de la trilogía Esperando al Mesías, El abrazo partido y Derecho de familia, todas ellas protagonizadas por el uruguayo Daniel Hendler, el argentino Daniel Burman pasa a otra etapa de la vida y presenta El nido vacío. De esta película sobre lo qué sucede en una pareja adulta luego de que los hijos dejan el hogar paterno, de sus inquietudes como director y guionista, y de sus proyectos, dialogó telefónicamente con SÁBADO SHOW.

-Siempre se ha dicho que tus películas son muy personales. En el caso de El nido vacío, es algo que te va a suceder dentro de mucho tiempo o que capaz que ya viviste con tus padres. ¿De dónde surge la idea de hacerla?

-En realidad surgió de la observación de otras personas y también de reflexiones personales acerca de cómo los hijos ocupan un lugar tan importante en tu vida y uno vive, en función de eso, muchas cosas de la pareja y de la familia. De pronto, eso desaparece, entonces ¿qué ocurre con la pareja? Es como que hubiera un ruido permanente que ocupa un espacio y en cierto momento ya no está, y el silencio se vuelve atroz. Eso lleva a decirse cosas que quizás, con la excusa del sonido, no se decían. Me pareció siempre una temática interesante por más que no la haya vivido. En realidad, son más autobiográficos y personales los miedos a lo que uno cree que le va a pasar que a lo que uno le pasa, que siempre está tergiversado por los mecanismos de la memoria. Lo que uno teme es cien por cien verdadero, no admite ninguna otra duda.

-Daniel Hendler, que en este caso no es parte del elenco, ¿colaboró en el guión?

-Sí, por supuesto. Sabía que en esta película no lo iba a poder tener como actor y me parecía muy difícil estar en un proyecto sin él, con todas las cosas que hemos compartido y lo importante que fue para mi carrera trabajar con Daniel. Entonces fue como un alivio saber que podíamos trabajar juntos en el guión y fue bárbaro, me hizo muy bien compartir la experiencia con él. Fue como un control permanente para no repetirme, porque a veces le contaba escenas y él me decía "esto ya lo hiciste en tal película, esto en tal otra". Fue muy divertido.

-¿Escribiste el guión pensando en estos dos actores de tanto peso como son Oscar Martínez y Cecilia Roth?

-No, aparecieron después. A Oscar lo conocí primero como autor, cuando fui a ver una obra de teatro de él que me encantó, que fue Ella en mi cabeza. Lo conocí, le di el guión y encontré un tipo con un humor muy particular, muy profundo, que daba muy bien con el personaje. Me hizo una devolución del guión brillante y a partir de ahí empezamos una relación artística que dio un fruto, para mí, muy logrado. Una vez que lo tuve a él, hubo que buscar a la mujer y Cecilia Roth fue una elección natural.

-El guión sufrió modificaciones a partir de los actores elegidos.

-Sí. Cuando elegís actores, como el alma en el cuerpo, los personajes se embisten en las personas. Uno no tiene que ser necio y debe tomar aquellas características suyas que puedan hacer el personaje con más carnadura y potenciarlo. En función de eso, ajustamos un poco, además de enriquecernos de todos los aportes enormes que hicieron los actores.

-¿En algún momento pesó la pareja tan fuerte que habían compuesto para la TV en Nueve lunas o para el teatro en Relaciones peligrosas?

-No, realmente no recordaba haberlos visto mucho. Para mí la elección fue por Oscar Martínez y Cecilia Roth sumados, por ellos mismos, y no por lo que habían hecho juntos.

-Has dicho que te proponés siempre no hacer una película judía y terminás haciéndola. En este caso, eso se comprueba con el viaje a Israel de los personajes.

-Se me escapa. Para mí es algo muy natural, ni siquiera lo pienso.

-¿Ya habías ido a Israel antes de filmar la película?

-Un poco antes, pero no demasiado antes. Lo había hecho para el estreno de mis películas anteriores y me pareció como un lugar muy impresionante, donde la realidad era inasequible. Era como una sensación que tuve en mis primeros viajes, bastante parecida a la que le pasa al personaje de Martínez en la película.

-En tu caso, la sensación iba acompañada de "qué bueno sería hacer una película acá"...

-Sí, sí... me di el gusto.

-Se habla también de las influencias de Woody Allen que tiene la película.

-No es algo consciente. Seguramente lo que a uno le gusta debe tener un peso, naturalmente. Me encanta Woody Allen como autor y sus películas, tengo una gran admiración por él. Pero no sé cuánto hay de él, algo debe haber seguro.

-¿Qué otras influencias tenés?

-Y Francois Truffaut para mí simboliza el punto justo de representación de cierta liviandad para poder transitarla.

-¿Cómo llegaste a Jorge Drexler para incorporar dos temas suyos en la película?

-Me parecía que había un tema de Jorge que podía ir en la historia. Yo no lo conocía y pensaba que, después de ganar un Oscar, iba a ser bastante difícil conseguirlo. Pero Hendler me dijo "es uruguayo, así que dale; no es argentino y no va a estar con la energía que le puede pasar a una persona después de algo tan fuerte como ganar un Oscar" . Gracias a Hendler, le escribí, lo contacté y encontré una persona con una generosidad impresionante e infrecuente en este medio, que enseguida me abrió la puerta y, no sólo puso a disposición su repertorio, sino que me propuso crear una canción especialmente para los títulos de la película. Para mí es un cierre maravilloso y bellísimo. Así que quedaron dos canciones de él, una original y otra de su repertorio anterior. A partir de ahí conocí a un artista extraordinario con el cual me gustaría volver a trabajar. Fue de las mejores cosas que me dejó esta película.

-Aparecen tus hijos, de 3 y 5 años, en la película. El más grande ya había actuado en Derecho de familia, como hijo del protagonista.

-Sí, pero en este caso aparecen muy poquito. Como que no le dan importancia, es como para el hijo de un panadero un horno.

PRÓXIMOS PASOS. En el marco del Festival de Venecia (27 de agosto al 6 de setiembre), Daniel Burman recibirá el Premio Robert Bresson que conceden los Consejos Pontificios de las Comunicaciones Sociales y de la Cultura, junto con el Ente del Espectáculo de Italia. El premio fue instituido por el Papa Juan Pablo II en el año 2000 y ya lo recibieron Giuseppe Tornatore, Manoel de Oliveira, Theo Angelopoulos, Krzysztof Zanussi, Wim Wenders, Jerzy Stuhr, Zhang Yuan y Aleksander Sokurov. A Burman se lo entregará Monseñor Claudio María Celli, ministro de Comunicaciones del Papa. Luego de eso vendrá el Festival de San Sebastián (del 18 al 27 de setiembre), en el que El nido vacío será parte de la Selección Oficial. Allí se medirá con películas como La belle personne, de Christophe Honoré; Sueño, del coreano Kim Ki-duk; Tiro en la cabeza, de Jaime Rosales; Fear me not, de uno de los creadores del movimiento Dogma, Kristian Levring; Río congelado, de la estadounidense Courtney Hunt, y Ein Milad Laila, del palestino Rashid Masharawi.

-¿Vas a estar en esos festivales?

-Sí. Voy a acompañar la película con algunos actores. Y van a haber otros festivales más.

-En Argentina, El nido vacío fue éxito de taquilla (más de 400 mil espectadores), ¿qué te devolvía la gente?

-Fue bastante impresionante porque la verdad fue una repercusión muy grande, la reacción de la gente en las salas, cómo se emocionaba y cómo se sentía representada. Para mí fue un shock y una sensación hermosa.

-¿Qué dijeron tus padres?

-Les gustó mucho, pero no hablo mucho de cine con mis padres.

-¿En qué estás trabajando actualmente?

-Estoy promocionando la película y preparando una obra de teatro que voy a estrenar el año que viene, mi primera obra. Además, estoy escribiendo un guión nuevo para cine.

-La obra de teatro, ¿qué es?

-Un drama, una comedia dramática... no lo tengo muy claro. Es una historia de cuatro personajes que estoy escribiendo con Damián Dreizik. Tengo definido elenco, pero por ahora es un proyecto que mantengo en reserva.

-¿El guión de cine también?

-Lo estoy trabajando. Trato de que las cosas, mientras no tienen los detalles definidos, dejarlas dentro mío.

-¿Estás trabajando en algún guión con Daniel Hendler?

-Estamos viendo, seguramente hagamos algo juntos. Es muy difícil pensar un proyecto sin él. Es una persona que me gusta mucho y un gran amigo.

DE GUSTOS Y OTRAS YERbAS. Burman no es sólo un director de cine, sino que está al frente de BD Cine, con la que produce sus propios proyectos pero también los de otros. Dentro de los propios, va por su sexto largometraje. Antes de la trilogía con Hendler, había filmado Un crisantemo estalla en Cincoesquinas (1998) y, luego, Todas las azafatas van al cielo (2002).

-¿Hay alguna de tus películas que te haya marcado más que las otras?

-Bueno, sí, El abrazo partido fue como un punto de inflexión en mi carrera, pude saltar cierta barrera y llegar a ciertos mercados a los que no había llegado antes. Me dio una seguridad en lo que hacía muy importante.

-¿En qué te inspirás cuando escribís guiones?

-En pequeñísimas cosas que me pasan en la vida, eso es lo que me alimenta, lo cotidiano. Nada de las grandes cosas. Cuando se te acerca alguien y te dice "tenés que escuchar esto que puede ser una película", yo inmediatamente cierro los oídos porque seguramente no me va a interesar. Esa es la parte que más odio en mi vida, cuando me dicen eso.

-¿Te gusta la etapa que atraviesa hoy el cine argentino?

-Sí, es una etapa bastante viva, con sus momentos altos y bajos, pero me parece que es un momento muy interesante.

-De afuera, ¿qué te gusta? ¿por qué vas al cine?

-Soy muy ecléctico, desde Kung Fu Panda hasta La visita de la banda.

-¿Tenés algún reparo con lo que se tilda como "cine comercial"?

-No, para nada. El cine es básicamente comercial.

-¿Tus películas son comerciales?

-Y sí, si no va gente a verlas son un pedazo de lata que no tiene sentido. Desde ese punto de vista son comerciales, después pueden funcionar o no, pero lo comercial no hace buena o mala a la película.

-¿Tu idea es seguir en el cine siempre?

-En principio, sí. No sé si toda la vida, pero por lo menos sí un par de años más.

-¿Alguna vez pensaste en estar del otro lado de la cámara?

-Sí, pero lo intenté en una cosa muy pequeña y me di cuenta de que es un trabajo realmente muy, muy difícil.

DB

Productor, director y guionista cinematográfico, Daniel Burman nació el 29 de agosto de 1973, en Buenos Aires, Argentina. Su primer documental, ¿En qué estación estamos? (1993), recibió el premio especial de UNESCO. Dos años después participó de Historias breves, un largometraje armado con diez cortos filmados por estudiantes de cine y nuevos directores jóvenes que marcó un hito en el cine argentino contemporáneo. En ese mismo año, creó su sociedad de producción BD Cine, con la que realizó su primer largometraje, Un crisantemo estalla en Cincoesquinas, cuya premiére mundial fue en la Sección Panorama del Festival de Berlín de 1997, además de participar en otros prestigiosos festivales. En 2000, con Esperando al Mesías, comenzó a explorar el tema de la construcción de la propia identidad, que se completaría con El abrazo partido y Derecho de familia. En medio de ellas, filmó Todas las azafatas van al cielo. Todas han ganado importantes premios, destacando los dos Oso de Plata para El abrazo partido en Berlín: Película y Actor (el uruguayo Daniel Hendler). Desde BD Cine, Burman produjo en forma independiente más de 15 largometrajes, incentivando proyectos de nuevos autores argentinos y desarrollando un intenso vínculo con productoras europeas y latinoamericanas.

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