Opinion
El duelo de los domingos
POR ANALÍA FILOSI
No hay duda de que la competencia incentiva a la superación. Está pasando con los mediodías dominicales desde que Pizza a Carballo eligió medirse con El show del mediodía. Y lo hizo nada menos que apelando a las viejas armas de El show..., esas que usaba antes del cambio al asado entre amigos: bailarines, un Cante y gane llamado Pizza en Do Mayor y Menor, tribuna en vivo, la rueda de la fortuna (la misma de Cacho) y juegos con la audiencia. El show... sintió el impacto en rating y desempolvó los juegos interactivos, además de sumar personajes (Novarese es Susana Giménez). Pero cambiar no necesariamente conduce a una mejor TV. En definitiva, son dos programas que cada vez se parecen más: tienen sketches, invitan políticos, pasan chivos todo el tiempo, comen durante el programa y sacan móviles en vivo (si hay clásico, saldrán desde el Estadio, no lo dude). Sus integrantes se parecen mucho también, con un marcado sesgo hacia el humor de doble sentido a pesar de la hora. Y no hablo del espacio de la sexóloga en Pizza..., que es el de lenguaje más directo -se habla de sexo-, sino al resto del programa. Lo mismo con Cacho en El show... Son buenos en ese humor, pero el horario no es el adecuado (Carballo quería la noche del sábado, pero mandó Zapping). ¿A favor? La parodia de El Lolo en El show... y El copetín formativo en Pizza... Lo demás es muy repetido, no hay sorpresa. La competencia provocó algo, pero falta mucho para que entiendan que mejorar no es copiar lo que le funciona o funcionó al otro, pasa más por buscar un camino propio. Más de lo mismo empantana y, a la larga, aburre.
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