POR GONZALO SOBRAL
Hace algunas semanas escribíamos sobre la importancia del género documental en la formación de una industria audiovisual nacional. Saludábamos allí la presencia casi continua de premiadas producciones extranjeras del rubro y reclamábamos más espacio para la industria nacional.
Si lo que se necesitan son pruebas de taquilla, vale la pena reparar en los 40 mil espectadores que mantienen en cartel a Hit, a cuyas bondades cinematográficas ya nos referimos.
El documental es un género habitualmente transitado en la creación local (por lenguaje, costo, etc.) pero poco estrenado, aunque con los años ha encontrado alguna vía de exhibición en festivales locales, en la programación de Cinemateca o en el ciclo de producciones locales de Nuevo Siglo o en programas de TV Nacional.
Pero siguen faltando salas que se decidan a exhibir con la calidad (y la comodidad) necesaria productos como Cachila (de Bednarik), que ha tenido una carrera en el circuito carnavalero, la reciente Decile a Mario que no vuelva (de Handler) o la casi desconocida Un puente demasiado largo (de Matías y Alejandro Ventura) sobre el conflicto de Botnia, producida por la Escuela de Cine Dodecá.
Sobra talento. Faltan los exhibidores.