OPINIÓN
POR MIGUEL ALVAREZ MONTERO
Para los de su generación fue "el pionero", apelativo que supo ganarse en los comienzos de la TV. Raúl Fontaina fue el primer rostro que se vio en pantallas nacionales en aquel glorioso día de diciembre de 1956, cuando nuestro país accedió por primera vez a ese formidable invento. Y ese hecho, histórico, quedará para siempre unido a la memoria de Raulito Fontaina, el hombre que en aquellos años fue pilar fundamental para proyectar a Canal 10 a una constante superación. Fue el principal impulsor para acercar a la TV uruguaya a figuras cuyas visitas hicieron historia, desde Maurice Chevalier a Josephine Baker. Su carisma, su dominio de la pantalla y hasta su galanura lo llevaron a una pronta celebridad, de tal manera que, entre la teleaudiencia nacional, llegó a competir en fama e idolatría con los famosos de Hollywood que llegaron a Punta del Este en el festival de cine de 1957, a los que entrevistó luciendo un perfecto dominio del idioma inglés. Los avatares del destino lo llevaron más tarde a Canal 12, como presentador del informativo Telemundo 12. Allí tuve el honor de apreciar su calidad humana y aprender de él los secretos de la TV, que Raulito volcaba con el desprendimiento propio de los seres generosos. Fue un amigo entrañable, querido hasta el extremo por quienes lo conocieron. Su desaparición es nada más que física, porque el recuerdo de su bonhomía y su sentido del humor, perdurá para siempre entre quienes tuvimos el privilegio de honrarnos con su amistad.