Sebastián Auyanet
FOO FIGHTERS ECHOES, SILENCE, PATIENCE AND GRACE
ROCK
(SONY-BMG)
Han pasado ya doce años del nacimiento de "la banda de Dave Grohl, el baterista de Nirvana". Y es que la sombra de Kurt Cobain y Krist Novoselic parecía demasiado pesada como para que el menos carismático de los tres músicos quisiera pegar el salto por sí solo. Pero desde aquel Foo Fighters (1995), Grohl patentó un nuevo estilo, fresco y lejos del "grunge feliz" del que se lo acusó en un principio. La marca de fábrica es simple: sin rodeos y sin guardarse nada, Grohl sale a comer el oído de quien aprieta play con un rock potente, exorcizante y frenético. En aquél primer disco fue This is a call, en The Colour and the Shape (1997) fue el hit Monkey Wrench, en There is nothing left to lose (1999) serían Stacked Actors y Breakout y en One by One (2002) vendría All My life. Este disco no es la excepción. El caballo de batalla es The Pretender, un verdadero himno radial de cuatro minutos que lo tiene todo: un melancólico punteo que engaña, seguido de una entrada de batería que anuncia que se caen las estanterías. Suenan los distorsionados riffs y empiezan los adictivos gritos de Grohl. Para cuando llega el estribillo, la explosión ya fue anunciada. Tenemos un hit, dirían los Who.
Sin embargo, siempre es una cuestión lo que viene detrás de esas grandes canciones. Discos como The Colour and the Shape o There is nothing left to lose cumplían con un cierto equilibrio. Es decir, la lista de temas no se agotaba en los primeros tres o cuatro y algún otro sobre el final del disco. Había más. En cambio, sus últimos dos trabajos acusan cierta falta de consistencia y muchos temas de relleno. Incluso la mitad acústica del disco doble In your honor termina siendo un experimento satisfactorio a medias. Hay que seguir pidiéndole el disco definitivo a los Foo Fighters porque si bien este Echoes... cumple con lo que uno espera al abrir un disco de Foo Fighters, no termina de haber consistencia. Let it die (con dedicatoria especial a la viuda de Cobain, Courtney Love) o Erase/Replace son, al igual que The Pretender, rocks tan efectivos como agresivos, pero para el cuarto tema el disco toma un ánimo más melancólico y aburridamente relajado. Y esos no son los Foo Fighters. El interés se reactiva recién al final, cuando vuelven a pisar el pedal en But, honestly. De todos modos, da gusto ver al tipo que estuvo tras la última gran locomotora de la historia del rock pasarla tan bien. Se lo merece.
DRASTIC FANTASTIC
KT TUNSTALL (EMI)
Será parte de la naturaleza humana que lo musicalmente cómodo termina por hartarnos, pero ese es el problema con este segundo disco de KT Tunstall. Después de un primer trabajo de bonitas canciones (Eye to the telescope) que la mostraba como una Dido más rockerita gracias a sus guitarras a lo Sheryl Crow, este segundo disco tiene los elementos típicos del disco "de despegue": una producción demasiado perfecta, artificialmente armónica y mil por ciento apta para FM. Las canciones no son para nada malas, sino irrelevantes en lo que hace al disco. Entran por un oído y salen por otro. Dentro del sonido nada rechina, y quizá sea esa falta de sorpresa lo que fastidia un poco.
LINGUA
CAETANO VELOSO (UNIVERSAL)
A veces, los manejos de los sellos para seguir vendiendo pueden dar bronca, incluso al propio músico. De hecho, Caetano ni siquiera se enteró de que esta recopilación de canciones suyas en distintos idiomas sería editada. Un curro es un curro aquí y en Brasil, pero de todos modos, este disco permite disfrutar al Caetano políglota. No es sólo su versatilidad para cantar en distintos idiomas sino esa forma de interpretarlos dando un tratamiento especial en la pronunciación a cada palabra, de alguna forma "abrasilerando" el inglés (Nine out of ten) o el español (Fina estampa). Sus versiones de Let it bleed (Rolling Stones) o Help! (Beatles) son exquisitas.
CON LA MENTE PERDIDA EN INTERESES SECRETOS
FRANNY GLASS (INDEPENDIENTE)
Gonzalo Denis se valió de un acompañamiento bien minimalista (guitarra acústica visitada ocasionalmente por una eléctrica y un teclado) para armar las canciones de uno de los discos más interesantes que aparecieron durante el año. Franny Glass puede hablar de historias de amor que comienzan y terminan en dos minutos y medio o contar la hilarante historia de dos personas que tienen en común el haberse cruzado con Dios, pero lo que atrapa es su forma de narrar. Sin evitar temáticas, pero encaradas con bastante originalidad, la melancolía que desprende su disco engancha. Se consigue a 100 pesos escribiendo a frannyglass@adinet.com.uy.