Ya son multitud los lectores que me escriben expresando honda preocupación. Dicen que mientras nosotros acá, tan patrióticos, sesudos y democráticos, debatimos sobre aspectos históricos, poéticos y musicales del Himno Nacional, el Uruguay real está en otra cosa.
El Uruguay real, dicen, no habla más que de Claudia Farro, Mónica Fernández, el baile del caño, Tinelli, Sofovich, "Bailando por un sueño", "Patinando por un sueño" y otras cosas igualmente importantes.
Se habla, por ejemplo, de los pichones de Tinelli que pululan en la TV uruguasha. Y se habla de los escandalitos artificiales que han armado en torno a un informativista de TV que anda con una modelo reconvertida en presentadora.
Fascinante tema, sin duda.
Según sho, estos lectores no tienen de qué preocuparse. Siendo, como somos, una colonia televisiva de Buenos Aires, es normal. ¿Qué esperaban?
Es normal que los tinellitos vernáculos (con perdón de la palabra) se afanen en hacer descender cada día más el coeficiente intelectual de nuestra población.
Es normal su compromiso con el deterioro del gusto nacional. Sino, por ahí una día se quedan sin laburo.
En eso no somos distintos de la TV de Estados Unidos, con su política del mínimo común denominador, que ya ha descendido a la altura del zócalo. O de un felpudo.
En eso, tampoco somos distintos de la televisión mexicana, donde el cuasi monopolio de Televisa es la central nuclear de ataque contra el buen gusto y las neuronas de sus millones de espectadores y oyentes.
Si han padecido cosas como Paulina Rubio, Thalía, Timbiriche o, peor aún, RBD, sabrán a qué me refiero.
Dicho sea de paso, RBD es una copia de la vieja idea de Cris Morena: en esto de hacer guita a costillas de deformarle el gusto a los tiernos infantes y adolescentes, México y Buenos Aires se sacan chispas.
Bue, tampoco se quedan muy atrás Rio, Bogotá y Caracas, ya que estamos.
Los uruguayos, por qué no, también tenemos el derecho a decaer hasta los más bajos peldaños en la escala del gusto. Y nuestros tinellitos se entregan con mercenario fervor a esa encomiable tarea.
Ni los nombro, para no hacerles propaganda. La indiferencia y el anonimato son el peor castigo para esa especie de mamífero. Es como veneno para ellos.
Como el perejil para los loros, sin perdón por la comparancia.
También es normal que después de décadas de contemplar impotentes cómo las terrajitas del otro lado del Río de la Plata reinaban en las pantallas, las pasarelas, las revistas del Maipo y las publicaciones cholulas, ahora se festeje a la Fernández y a la Farro.
Desde las épocas de oro de Enzo Francescoli que un par de gambas uruguayas no eran tan veneradas en Buenos Aires. Y ahora son DOS pares.
Imagínense. Años y años bancándonos a Zulma Faiad, Nélida Lobato, las hermanitas Rojo, Adriana Aguirre, Moria Casán y luego toda esa veloz sucesión de redondeadas pibas que se autodestruyen en cinco segundos, como la grabación de Misión Imposible.
Mónica y Claudia significan una revancha histórica contra el reinado milenario de la recauchutada Moria Casán.
Hay que tener cuidado, porque la antropofagia y el centralismo porteño pueden fagocitarlas y se las pueden llegar a apropiar.
Nuestra soberanía exige que sepamos defender, como bravos en fieras batallas, la uruguayidad de estas tsicas.
Ya nos hemos dejado expropiar durante demasiadas décadas nombres como los de Gardel, Canaro, Florencio Sánchez, Horacio Quiroga, Carlos Mareco "Pinocho", Juan Carlos Onetti y Hermenegildo Sábat.
Ya nos hemos dejado arrebatar nuestra soberanía sobre el tango y sobre el dulce de leche.
Internacionalmente hasta nos hemos dejado arrebatar un bien cultural como el Postre Chajá.
No podemos seguir dejándonos de esa manera. Así que yo, lo que más les pido, les suplico y les recomiendo a estas tsicas es, por favor, que no se dejen.