Parece que estuviera allí mañana, tarde y noche. Si los chicos de Gran Hermano viven dentro de la famosa casa, él da la sensación de hacerlo en los estudios de Telefé que la contienen. Ha salido al aire desde la puerta de entrada, desde el control... hasta que este año fue "promovido" a la conducción de los debates del reality show y demostró que tenía amplios argumentos para estar de ese lado del mostrador. Muchos lo prefieren incluso a Jorge Rial, el conductor de las galas. Hablamos de Mariano Peluffo, la cara del seguimiento minuto a minuto de este encierro mediático que genera tanta polémica.
-En una entrevista que te hizo el diario Clarín por el primer Gran Hermano de este año, dijiste que Rial sería como el médico de cabecera que pasa a ver al paciente dos veces por semana y vos el médico del día a día. En pleno tercer Gran Hermano 2007, ¿sentís que sigue siendo así?
-Sí, más que nada porque es como tomarle el pulso diario a la cosa. Estás en el día a día del paciente. Jorge, por ahí, habla por teléfono con el productor general o cruzamos mails y así está al tanto, pero viene sólo para las galas y ahí se entera de todo lo que pasó en el medio. Mi tarea es ver el día a día, y Jorge tiene la responsabilidad mayor de los dos ejes del juego, que son las galas de nominación y expulsión.
-Además de estar en ese día a día, cuando te vas ¿también estás pendiente de lo que pasa?
-Sí, la verdad que es muy complicado desconectarse. Paré dos días entre un Gran Hermano y otro y ya estaba llamando para ver si estaba todo bien.
-¿Ves el programa en tu casa?
-Tengo el cable pero no lo veo porque por lo general no estoy. Llego a la noche y de madrugada no me cuelgo a mirarlo. Lo que pasa en la madrugada lo leo en los informes diarios que hace la producción. Con esos informes se arma el programa del mediodía.
-Este año tu papel en los Gran Hermano dio un salto respecto a los de años anteriores, empezaste a hacer más cosas, a conducir.
-Fundamentalmente lo que me pasó fue que me tocó hacer los debates. Fue un voto de confianza muy grande del canal para conmigo. En las otras ediciones los hacía Juan Alberto Badía. Este año no pensaba que me podía tocar a mí y quería. Cuando me tocó, me dije: "lo aprovecho al mango y trato de mostrar todo lo que uno siempre tiene". Le gustó al canal, le gustó a la gente, me sentí cómodo yo… así que se armó como una cosa de, si fuera un videojuego, pasar a la etapa siguiente. La verdad que está bueno, la gente lo compró. Me pone muy contento todo eso.
-¿El Peluffo que vemos es el que sos en la vida diaria, tenés ese humor ácido que mostrás en televisión?
-Es que Gran Hermano está más desacralizado que en las ediciones anteriores, las que se hacían con Soledad Silveyra. Ahí, Gran Hermano era como la voz del Papa. Ahora todo el mundo sabe que es un juego, que hay plata de por medio, entonces te permite ironizar o trazar paralelos con situaciones del afuera o de la vida real, de la política, del país. Pero siempre volvés al juego. O sea, podés reírte de algunas cosas del programa sin faltarle el respeto al programa porque, en definitiva, nosotros también somos el programa. Si nos riéramos burdamente de lo que pasa adentro, estaríamos desarmando lo que estamos armando, sería contradictorio. Me parece que hay pequeños resquicios para reírse. Incluso en la situación más tensa o más comprometida de lo que pueda vivirse adentro de la casa, siempre hay lugar para una broma porque descomprime. Descomprimir te permite volver a tensar. Un programa de dos horas de tensión constante sería muy complicado de ver, como esas películas de terror del cine yankee en las que te vas hundiendo en la butaca y te parece que en cualquier momento entra el asesino... y aparece un gato. Te permite aflojarte y volver a tensionarte. Me parece bueno poder manejar esa cuerda porque hace que la gente se enganche.
-También te animás a ir a fondo, como en el primer Gran Hermano 2007, en que acorralaste a la "malvada" de Nadia.
-Le rodeamos la manzana y esperamos que se entregara, pero no se entregó. Cuando terminó ese programa y hablé con los chicos y con Marcos Gorban, el productor general, me dijeron que estuvo bueno. Pero ir bien a fondo era cruzar una línea que a mí me parecía que para una entrevista íntima con un personaje que salía de la casa, no daba para más. Podría haber empezado a meter la mano en el fango y sacar el tema de las hijas y el ex marido, pero me pareció que hasta ahí estaba. Hay una línea que nosotros no cruzamos, por ahí se la cruza en otro lado. Es un tema editorial, si nos comemos a los que salen de la casa sería ilógico.
-¿Qué te pareció la jugada ganadora de Marianela en el primer Gran Hermano del año?
-Para mí estuvo bárbaro. Fue una jugada muy arriesgada pero que, con los resultados vistos, podemos decir que salió bien. Si hubiera sido una mala jugada, ni Diego hubiera salido cuando estuvo nominado ni ella hubiera ganado el juego. Termino pensando que ella hizo una excelente lectura intuitiva de lo que tenía que hacer para ganar: eliminó a Diego, que por ahí para el afuera era el ganador, y se catapultó como ganadora. Le costó que hoy ninguno de los chicos de la casa le hable, pero cada uno paga el precio que está dispuesto a pagar por lo que quiere.
-¿Por qué creés que se produjo una caída de audiencia tan grande con Gran Hermano Famosos?
-Cumplió con las expectativas de rating. A nivel histórico, los Gran Hermano Celebrities, en todas partes del mundo, no funcionan tanto como el común, porque el espíritu de Gran Hermano es gente común.
-Y la paradoja es que haya ganado el que no era famoso.
-Sí, el que no era famoso pero era popular. Siempre pensando en qué términos medimos la fama. No es la misma fama la del "Roña" Castro por haber sido Campeón Mundial de boxeo, que la de Luis Vadalá por haber sido la pareja de Moria Casán. Me han dicho "Diego no es famoso", pero ha tenido más tapas de revistas que Cynthia Fernández, por ejemplo. ¿Cómo medís la fama? Me hubiera gustado que ganara cualquiera y me pareció raro que ganara Diego porque el público de Gran Hermano, si lo tomás como una masa que es fanática, es el que lo sacó en el Gran Hermano anterior y por un porcentaje importante. Y quizás sea el mismo público que lo consagró ganador... o no. Ojalá uno pudiera tener la posibilidad de desglosar los llamados telefónicos para verlo.
-¿Y la competencia, no la tomás como otra causa de la caída del rating?
-En el verano, Telefé picó primero cuando largó el primer Gran Hermano. Copó la pantalla y se llevó todas las miradas y comentarios en una televisión nuestra que, ya hace un par de años, gran parte de su programación vive de retroalimentarse de la misma programación. Hay programas de archivos y de lo que pasó en la televisión como nunca. Eso hizo que Gran Hermano copara todo. Entre el final de ese Gran Hermano y el arranque del otro, arrancó la competencia. Hoy son los dos grandes temas de los que se habla en la tele: se rebota Gran Hermano y se rebota ShowMatch. Van tomando protagonismo uno u otro, depende en el momento del programa en el que estén. El actual Gran Hermano está carreteando, las galas miden lo mismo que las de Gran Hermano 4 en el verano, entre 16 y 18 puntos. Pero la sensación hoy es otra porque hay más cosas en la tele. Hay un determinado público cautivo que mira Gran Hermano y que se va enganchando con el correr del ciclo, cuando se van conociendo los participantes y se van perfilando las distintas personalidades. También funciona el boca a boca, y lo mirás para entender de qué se habla en el trabajo o en tu casa. Lo bueno es que el espectador va descubriendo a los participantes y tiene el poder de decir "para mí éste es el bueno", mientras que para otro es otro. Es como mirar una microsociedad por la tele y no difiere mucho de si pusiéramos 40 cámaras en la oficina de producción y grabáramos las 24 horas. Veríamos quién habla mal de quién. Es que así es el ser humano, Gran Hermano está totalmente emparentado con la condición humana, eso es lo que lo hace atractivo.
-¿Te pasa de irte involucrando con los participantes y, aunque no lo digas públicamente, ser hincha de alguno?
-En realidad, no. Hay lugares comunes de pensamiento a los que no les escapo por trabajar adentro. Me encantaría que gane los 150 mil pesos alguien que los necesite. Con esa forma de pensar, el primero en la lista es Damián, el cartonero. Pero me parece que hay pibes más atractivos como jugadores. Damián tiene una historia fuerte, pero es la única bandera que tiene, una historia muy fuerte pero muy simple, de privaciones. En el resto de la gente hay muchos matices interesantes y fuertes. Por otro lado, trato de separar quién lo necesitaría de quién se lo merecería por entrar a convivir y ser el que mejor lo hace. Me cuesta perfilarme con uno. Pensás en que se vaya dando todo como tiene que darse, de la mejor manera para que llegue a buen puerto y que termine bien.
-¿Participás de las decisiones de producción?
-No de decisiones fundamentales. En las reuniones de producción o cuando nos juntamos a ver las notas, por ahí sugiero un cambio en el orden a seguir para poder decir algo que me parece bueno. Se me escucha y muchas veces se toma lo que propongo. Me imagino que es como el piloto del auto de Fórmula 1, hay mecánicos, jefe de escudería, pero el que maneja soy yo y cuando estoy en la pista, arriba del auto, me tengo que sentir cómodo. Me ha pasado de encontrarme en situaciones en las que no estaba demasiado cómodo y hacerlas, como por ejemplo el encuentro entre Griselda y Claudia en Gran Hermano 4 para hablarse de las extensiones y de lo que se dijeron. Me sentía que estaba buceando en el fango, pero la gente lo quería ver y yo no le podía sacar el cuerpo a eso. No es el tipo de conducción que me gusta, pero entiendo que es otra faceta de esta conducción.
-Y pasa que a veces las situaciones no rinden tanto como uno las imaginó previamente o al revés, como cuando Damián entró y besó a Claudia.
-Tal cual y no lo esperábamos. Estaba todo dado para ir viendo, para que él se animara a decir que era "Cuore" o sacarle a ella de mentira a verdad. Y Damián entró y le comió la boca. Listo.
-¿Qué respondés a los que dicen que está todo guionado?
-A mí me gustaría que la gente pudiera venir y ver cómo se hace todo, con qué cuidado se les entrega algo en el box de intercambio. En el imaginario de la gente está que en un momento se corta el programa, entran tres productores y les dicen a los participantes lo que tienen que hacer. Sería tan aburrido y tan artificial. La gente tampoco entiende cómo a los dos días los chicos ya están llorando. Pero imaginate que cuando te olvidás el celular en algún lado, sentís que te falta algo. Acá no tienen celular, Internet, noticias de los suyos… y están con 17 desconocidos que los empiezan a conocer sabiendo que cada uno muestra lo que quiere y que afuera hay gente que ve todo. Es complicado, eso en la cabeza te detona.
-En la escala jerárquica de Gran Hermano, ¿te gustaría llegar a ser el médico de cabecera o sea lo que es hoy Jorge Rial?
-No, me parece que está bueno que la conducción de los ejes principales sea una figura consagrada y de renombre. Le da un prestigio al programa y un peso específico que en su momento se lo dio Solita. Soy consciente de que a mí me falta. Siento que lo podría hacer, pero que a nivel chapa me quedaría grande y, la verdad, no tengo ese apuro. Me complemento fenómeno con Jorge.
-¿Te meterías en la casa de Gran Hermano?
-No podría, ya con conducirlo tengo de sobra.