Daddy y Francella para gastar la risa

Si te ponés exquisito, quedate en tu casa. Así de simple. No quieras pedirle peras al olmo. Porque nunca fueron los elegidos de Almodóvar, ni tampoco de Cóppola. Tampoco formaron parte de algún Fellini... No, no. Pero si te querés reír, con mucho ingenio, Carlitos Mentasti se las arregló para juntarlos. Hacía tiempo que la gente les marcaba el camino, pero nadie se animaba o no sabía cómo acercarlos. Ellos se tenían ganas pero había muchos compromisos en el medio, quizás alguna vanidad, alguna pizca de egoísmos... Hasta que llegó el momento y filmaron Incorregibles.

Muy simple, pasó lo que tenía que pasar. Dady y Francella la rompen. te hacen descostillar de risa, con muchos efectos especiales, una inversión importante en fotografía y postales en vivo. Mucha escena de riesgo, un dinero en destrozos y roturas, y mucho humor. Pero nada del humor inglés, tampoco la comicidad de segunda intención. Porque Dady y Francella, dirigidos por un buen director como es Scalella, recorren el corto camino hacia la risa por el sendero más directo. Nada de análisis ni reflexiones. El chiste fácil, el desopilante, el tentador. La risa por la risa misma. La humorada desde el gesto hasta el grotesco, sin ánimo de pretender el Oscar.

Se tenían que juntar, era inevitable. Como en algún momento lo hicieron Olmedo con Porcel, Perciavalle con Gasalla, Susana con Moria, el Gordo con el Flaco o Abbot con Costello. La cuestión era armar la fórmula. Sin que Dady extrañara a sus eternos Midachi, ni Francella se acordara de Florencia Peña. Si los vamos a analizar, sepamos que el humor más bruto lo recorrerá Dady Brieva desde su talento para lograr caras, situaciones ridículas, coreográficas hasta corporalmente desafiantes. Y que Guillermo Francella irá por el circuito del gran monologuista, titubeador irremediable y con su personaje de ternura hasta la médula. Lineales, explosivos, tentadores, contagiosos. Una dupla que esperábamos, al menos los que queremos reírnos de una. Incorregibles nos propone una historia de risas y la gran taquilla que viene marcando en el Río de la Plata. Un buen inicio juntos para dos grandes del humor que, si no se dejan llevar por falsos vedettismos y gigantescas ambiciones, tienen equipo para rato y eso, en épocas de vacas flacas, no es poco. Chau, hasta el Sábado... Show.

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