Cuando mueren las palabras se ven los verdaderos hombres. A nadie escapa que la relación entre Gerardo Sofovich y Santiago Bal hoy es de las peores. Se han dicho y hecho cosas que demuestran que ya no son los amigos que eran. Tiempos en los que pudieron compartir una obra de teatro o épocas en las que Gerardo le regaló trajes a Santiago para que pudiera lucir su imagen en Polémica en el bar, que los tuvo como participantes de mesas y debates televisivos llenos de humor y agudez.
Por ahí Gerardo fue demasiado severo en sus puntajes y fundamentaciones con respecto a Carmen Barbieri, en el ya confirmado reality "Bailando por un sueño". Por ahí Santiago debió quedarse en su casa y no salir a desafiar los dichos de su ex amigo en televisión cuando se ofuscó con la vedette. El tema es que la ríspida relación se fue a los caños, quizás más lejos que el propio baile del caño...
Bal llamó y dejó un mensaje desafiando a pelearse en una plaza a Sofovich, muy ofendido por el trato que éste le dio en los medios a su mujer. Gerardo se pavoneaba con su celular para que escucharan lo que Santiago le había dejado grabado en su contestador. Uno decía que era una amenaza, el otro que apenas un desafío entre hombres hechos. Después de cruzarse dichos hirientes, Sofovich le derivó el tema a sus abogados. Bal sostiene que eso no lo asusta y que él también tiene los suyos... ¡En fin, son gente grande!
A esta altura del partido, una rencilla de camarín o el jueguito televisivo de un reality no puede terminar en la Tercera Guerra Mundial. Ocupar a la justicia en estas niñerías, con gente tan inteligente como uno y otro, no parece el mejor camino. En mi barrio y en el de cualquiera, hay dos maneras de arreglar estas cosas. La primera y más aconsejable, sobre todo, partiendo de la estación de la racionalidad, un buen café de por medio puede ayudar a acercar posiciones más allá de las diferencias.
La segunda, encontrarse a la vuelta de la esquina con la historia que ellos digan. A la usanza de la mejor época escolar, cuando había algún disgusto entre dos alumnos del aula, el viejo y remanido: "¡Te espero a la salida...!". El tan criollo y rioplatense "mano a mano", tan caído en desuso por discursos mariquitas, que desembocaron en soluciones que lo único que hacen es afeminar cada vez más a los verdaderos caballeros que nos quedan. Para la honra y la hombría no hay edades y los 70 puede ser un buen momento para recordarlo. Chau, hasta el Sábado... Show.