Carisma y capacidad no son lo mismo

En el crisol de los grandes negocios vale todo y no son pocas las veces que querrán venderte gato por liebre. Los empresarios, publicistas, promotores y managers de turno insistirán en hacerte creer que sus estrellas son las mejores y la verdad es que, la mayoría de las veces, ni siquiera estamos hablando de estrellas. Apenas promocionados figurones que después el medio termina crucificando contra la cruda realidad. ¡Cuántos huérfanos de la fama y el éxito encontraremos mirando sólo un poco para atrás! Eso ocurre porque se confunde la genética del carisma con la de capacidad. Dos criaturas esencialmente diferentes, que no son hermanas y ni siquiera primas, porque nacen de padres y familias diferentes. Una del cariño y la admiración, la otra del esfuerzo y el talento. ¡No todos son Gardel reuniendo a ambas en el mismo frasco!

Y en este mundo superpoblado del espectáculo y la televisión, hambriento y sediento de ídolos instantáneos y de famosos aunque fueren de cartón, tratan de hacerte creer que popular es lo mismo que idóneo y no es así. Por eso hay que saber mirar muy bien los valores de cada artista, de cada estrella, de cada nombre de tapa, porque en ese análisis entenderemos mucho mejor lo que pasa con cada uno de ellos después que pasa la gran noche, el gran concierto, la gran gala o la ficción más exigente.

Hay casos testigo que pueden ser referentes de carisma y capacidad. Tenemos a una Laura Fidalgo muy preparada, muy buena en su metier de bailar, muy autosuficiente en su actividad escénica, pero también a una mujer con poca simpatía para el gran público, una profesional con poco carisma y escasa llegada afectiva. Si tuviera las dos cosas juntas sería una de nuestras máximas artistas. A contrapelo de lo que expongo, Iliana Calabró demostró que más allá de su tesón, de toda su preparación y de la mayúscula estructura que movilizó desde el peso de su apellido, la consagración llegó a través de preparar postres y recrear personajes del grotesco para que la gente la coronara desde su carisma como un fenómeno de los medios. Algo parecido ocurrió con Nazarena Vélez, con Silvina Luna y otros nombres declarados como figuras o estrellas, cuando en realidad son carismáticos que sobrevivirán en tanto y en cuanto la gente los siga queriendo desde el amor, la simpatía y no desde sus demostraciones y aptitudes. Chau, hasta el Sábado... Show.

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