Sentados en un boliche del Parque Rodó, Diego Drexler (bajo) y Fabián Krut (guitarra y voz) dialogaron con SABADO SHOW. Están contentos, distendidos y tienen sus razones. Una de ellas es su segundo disco, "Del 2 al 70", una inteligente fusión de géneros (funk + chacarera + rock), sonidos y ritmos. "Es la segunda vez que entramos a grabar en Piriápolis, es un punto muy importante. Nos hicimos una lista de todas las cosas que esta vuelta no podíamos hacer y curtimos mucho más el estudio, eso fue lo principal. La primera vuelta íbamos y nos quedábamos un día y volvíamos. Ahora nos propusimos crear una infraestructura que nos invite a tomarnos el tiempo y eso hizo que pudiéramos tener tiempo para curtir el estudio, charlar, hablar de cómo se iba a llamar el disco, de cosas", destacó Krut en relación al trabajo realizado en el estudio "Cerro de las espinas", ubicado en la ciudad de Piriápolis.
La incorporación del baterista Irvin Carballo y la presencia nuevamente de Gonzalo Gutiérrez en la producción son claves vitales en el éxito del disco. Las diferencias con su ópera prima, lanzada en 1999, son notorias. Actualmente la banda suena más refinada, con mayor solvencia y destila en cada canción una buena dosis de sólidas y disfrutables fusiones. "El primer disco de Cursi fue todo lo que se juntó hasta 1999, año en que empezamos a grabarlo. Ahora los temas nacieron en dos años, con vivencias en común, la banda ya había nacido y también hubo una historia de laburo en conjunto muy importante. Creo que el disco abrió puntas interesantes que en el disco anterior no estaban, se potenciaron cosas que se esbozaron en el disco anterior y se abrieron puertas como para seguir trabajando", afirmó Drexler.
Los jóvenes músicos viven continuamente un proceso de experimentación, así fue como decidieron incorporar géneros nuevos y muy distantes a su estilo, como la chacarera o la milonga. Krut reconoce que fue luego de participar en un taller con su colega Ney Peraza cuando decidieron probar la extraña mezcla que puede escucharse por momentos en el disco. "Si bien están filtrados o procesados totalmente por la mirada Cursi, están ahí presentes. Abrió el espectro, es un abanico que muestra más caras y eso nos gusta mucho", señaló el cantante.
Los propios músicos reconocen que para grabar este segundo disco se exigieron mucho más, tratando de no meterse en "camisa de 11 varas". Los bajos costos permitieron al grupo realizar la mezcla y el masterizado en Buenos Aires, y durante 15 días los músicos vivieron la experiencia de enfrentarse a una mirada completamente exterior. Según Drexler, el trabajo de Román Varas, encargado de mezclar el disco, fue de depuración ya que muchas de las versiones grabadas en Piriápolis terminaron con grandes modificaciones. Para Krut esto era necesario ya que "todo el tiempo teníamos el pálpito y la necesidad de tener una mirada de afuera".
Al final, la pregunta sale sola, emerge casi espontáneamente: ¿qué es lo mejor de ser Cursi?. "Muchas veces no se hacen cosas por miedo a ser cursi, a caer en lo banal. Nosotros somos cursis y nada nos puede parar, no hay límites. Capaz que mañana estamos tocando con un charango y cuatro cuerdas. No somos una banda de ironía, tampoco somos una banda para la joda. Es parte de nuestra faceta Cursi, hay temas que son en serio. Siempre hay una necesidad de buscar un modelo y nosotros no estamos en ninguno, o más bien en todos", sentenció Krut.
Los tipos son felices y lo demuestran, "es parte del desenfado que significa ser Cursi", explicó Drexler. Por momentos la entrevista se vio interrumpida por los comentarios ante el pasaje de bellas mujeres, una muestra de que al fin y al cabo son tipos comunes, son gente Cursi que vive las tentaciones de la vida a pleno.
Luego de recorrer Atlántida, Piriápolis, La Paloma, La Pedrera, Punta del Diablo, Santa Teresa, Marindia, ahora la banda se apresta a tocar en las cercanías de la capital. Su próxima parada será en el Duncan Pub de la ciudad de Pando, el próximo 25 de enero.
Gerardo Minutti