Antes de cumplir los 21, Frank Abagnale Jr. practicó la medicina sin haber leído un libro de anatomía, ejerció de abogado sin otra preparación que unos episodios de Perry Mason y se hizo pasar por piloto aunque nunca había conocido a uno.
Si su peripecia no fuera un caso real, ningún guionista se la habría inventado. Además, Abagnale ganó 2,5 millones de dólares —de los de hace 40 años— a fuerza de pasar cheques falsos, mientras encandilaba a mujeres, conducía autos deportivos y dormía en lujosos hoteles.
En "Atrápame si puedes", Spielberg recrea la peripecia de este figura, al tiempo que, tras una serie de películas oscuras, vuelve al ambiente soleado del entretenimiento en estado puro.
Leonardo DiCaprio brilla en la piel de este estafador carismático que huyó de su casa para colarse en el mundo adulto y saquearlo, y que antes de poder pedir una copa en un bar ya constaba entre los 10 criminales más buscados por el FBI.
Frank se dedicaba a estafar a bancos y corporaciones. Estaba encantado con la forma en que la gente lo miraba cuando vestía de uniforme y no deseaba amargarle la vida a nadie: quería que lo quisieran.
Relaciones peligrosas. A lo largo de su vida Abagnale mantuvo sólo un par de relaciones honestas. La primera, con su progenitor. Frank trató de unir a sus padres, divorciados, y de devolver al viejo su dignidad, marcando una vez más el gusto de Spielberg por las relaciones paternofiliales accidentadas. Soberbio como siempre, Christopher Walken es el padre que admira las fechorías de su hijo porque así se olvida de sus propios fracasos. "La química entre DiCaprio y Walken es tal que parecen compartir genes" comentaba la prensa norteamericana.
Frank también congenia con el agente del FBI que lo persigue, Carl Hanratti (Tom Hanks), un tipo con aspecto de Blues Brother y ni una pizca de sentido del humor. Cazarlo es su razón de ser y siente por él un gran respeto.
"Nunca me consideré inteligente", comentó Abagnale recientemente. "Sólo me sentaba a pensar: si pudiera viajar por el mundo como parte de la tripulación de una aerolínea. Pero ésta era la típica mentalidad de un adolescente. Lo pensaba y luego lo hacía. Era un oportunista", explicó.
Bandidos de película. Inteligentes u oportunistas, las vidas de Abagnale y otros estafadores han sido desde siempre material fértil para películas en Hollywood. Los derechos de su historia fueron comprados incluso antes de que publicara su libro, en 1977, gracias a una aparición en un popular programa de TV.
Desde entonces, el material pasó de mano en mano, entre diferentes productores y estudios. En un momento, Tom Cruise estaba interesado en el papel, mientras que directores como Lasse Hallstrom y Gore Verbinski querían dirigir su historia.
Finalmente, cayó en manos de Jeffrey Katzenberg, en DreamWorks. "Creo que pensaban que iba a ser un filme para adolescentes, pero luego Leonardo Di Caprio se puso en contacto con Walter Parkes y le dijo que ese era su libro favorito y estaba interesado en el papel", recordó Abagnale.
"Él hace sus propias reglas. El hecho de que la historia trate sobre un criminal es irrelevante para mí", opinó Di Caprio de su papel. "Se trata del poder de la voluntad humana y que un chico de 16 años logró engañar al mundo entero durante varios años. Se trata del potencial humano", agregó el actor.
Como uno de los socios de DreamWorks, Spielberg se encarga de leer todos los guiones que llegan al estudio. Pero no fue sino hasta leer el tercer borrador que el cineasta pensó en dirigir el filme.
"De alguna forma me hizo recordar cuando era un adolescente y me ponía un traje pretendiendo ser un ejecutivo para engañar a los guardias de seguridad de la Warner y poder observar cómo se hacían las películas y los programas de televisión", comentó Spielberg.