Con el estacionamiento del Hotel Conrad Casino & Resort repleto (dentro y fuera de las barreras) desde atrás del escenario se escuchó la voz del esperado Diego Torres: "Bienvenidos a un mundo diferente". Así, haciendo alusión al nombre del disco que a lo largo de este año le ha llevado a obtener un gran éxito, comenzaron dos horas de música y charla.
En la primera mitad del concierto mucho silencio, tímidos aplausos y respeto es lo que se pudo ver de parte de los espectadores que iban de los 70 a los 5 años de edad. Esta particularidad fue incluso resaltada por el propio cantante que hizo referencia a sus años como docente en los que había aprendido a mantener a sus alumnos callados. Lejos de sus primeros años como artista no se escucharon las clásicas demostraciones de amor, ni los llamados desesperados de las fans buscando la atención de Diego Torres. Pero a esto bromeando, también hizo referencia él. "Chicas no me griten más. Si hay algo que veo hoy acá y me enorgullece es que yo no estudié para ser músico y que las mujeres me griten. Yo estudié para que toda la familia pueda disfrutar de mi música".
Pero una hora más tarde la energía comenzó a subir tanto sobre el escenario como entre los espectadores. "Sueños" fue la canción que obligó al público a pararse sobre las sillas y bailar. A esta le siguieron otras como "Que no me pierda", "No me olvides" u otro de sus clásicos anteriores "Penélope". Pero la explosión fue al culminar con el esperado y previsible gran éxito que abre el disco: "Color Esperanza".
La interacción con el público fue constante pero no se vio a un Diego Torres showman. Sobre el escenario simplemente se pudo conocer a un joven sencillo que dijo malas palabras cuando el teclado sonó en un tono diferente, que se negó a "mover la colita"; cuando contó una anécdota personal que involucraba a su actual pareja Angie Cepeda, o cuando intentó contar chistes y nadie logró entenderlos. Así y todo la conversación se mantuvo hasta el final cuando presentó a una cuerda de tambores de Maldonado, agradeció a Carlos Páez Vilaró por sus interminables charlas e hizo una reflexión en cuanto a la crisis que atraviesa la región.