Testigo de lujo

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Paula Barquet

Era agosto de 1968 en Praga, antigua Checoslovaquia. Un pueblo observaba esfumarse su paz, su soberanía, su todo. Un ejército cumplía órdenes de preservar la moral comunista de un vecino descarrilado. Y un ingeniero aeronáutico, con una cámara fotográfica en mano, aceptaba finalmente su vocación, se trepaba a los tanques del ejército soviético y congelaba la incomprensión, la angustia, la rebeldía y la muerte. Josef Koudelka no asumió la autoría de esas imágenes hasta 20 años después, por miedo a las represalias. Son, quizá, el testimonio más escalofriante y leal de lo ocurrido aquel agosto. Hoy se puede ver parte de su trabajo en la fundación OSDE, en el centro de Buenos Aires.

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