César Bianchi
Y amila, Agustín, Andrés y Aldana no saben quién es Marcelo Tinelli ni Ricardo Fort. Eso no es nada: estos niños no tienen dibujos animados los sábados de mañana. No ven televisión porque sencillamente no hay luz eléctrica en sus hogares. Son niños cuya única preocupación es caminar cinco o seis kilómetros de lunes a viernes para ir a la escuela rural 182 en las afueras de Tapia, escuchar a la maestra, conocer los distintos tipos de suelos en el invernáculo o darle de comer a la chancha Pancha. Y a la noche, hacer los deberes a la luz de la vela.
La escuela, por lo menos, sí tiene luz y agua. No es poca cosa: hay unas 200 escuelas rurales en Uruguay que no tienen electricidad y 300 que no tienen agua potable. Y unas 870 de las 1.142 escuelas rurales con las que cuenta el Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP, así se llama desde la nueva ley de educación) son de un solo docente, que muchas veces vive toda la semana en el centro escolar.
Primaria cuenta con 2.068 escuelas públicas en todo el país -según datos que proporcionó el consejo-, por lo que más de la mitad están en ámbitos rurales, donde las carencias se agudizan. En el campo, el rol del maestro, aún hoy es el de un referente líder de la comunidad (parecido al de un sheriff en una película sobre el lejano oeste). Algo más de 2.000 docentes dan clase en el ámbito rural.
En el famoso Uruguay profundo, ahí nomás en las periferias de centros poblados urbanizados, hay 23.486 escolares que intentan aprender a leer y escribir.
No todos seguirán el mandato histórico del progreso que supone emigrar a la ciudad; muchos se dedicarán a las tareas de peón rural, que ya tienen sus papás.
QUÉ PAÍS EUROPA. La 182 tiene 19 alumnos, pero el lunes 14 fueron sólo nueve por el mal tiempo. Con los arroyos y cañadas crecidas, muchos se quedaron en sus casas.
Cuando los forasteros llegaron al aula, los escolares se pararon al lado del banco y saludaron al unísono con las manos atrás, y dos que llegaron tarde saludaron con un beso a las visitas.
La maestra Verónica Barreto tiene un multigrado, es decir que debe elegir una misma unidad temática para darle clase a niños en edad preescolar, y de primero a sexto, todos en el mismo salón.
Según el director del departamento de Educación Rural de Primaria, Límber Santos (ver entrevista en página 8), el multigrado es una fortaleza que tienen las escuelas rurales, más allá del desafío que implica. "Desde lo didáctico está comprobado que ofrece un gran potencial, porque implica tener niños en interacción de diferentes edades. Cada cual hace lo de su grado, pero se ve una gran solidaridad de los más grandes con los más chicos", dijo.
Barreto esperó a sus alumnos con un mensaje optimista antes de la victoria ante Sudáfrica: "¡Arriba la celeste!", escribió en el pizarrón. Tenían que mencionar países que integran el Mundial de fútbol. Dijeron China, Australia, Japón, Francia, Uruguay claro. Cristian dijo Mongolia y Yamila se la jugó: "¡Europa!". "¿Europa es un país?", preguntó la maestra, y ya todos se dieron cuenta que no por el tono de voz. Barreto vive en una casita al lado de la escuela desde hace 15 años; es maestra, directora y cuando no va la auxiliar, cocinera. Además, tres veces por semana le da clases de alfabetización a unos 20 adultos que nunca fueron a la escuela o alguna vez aprendieron lectoescritura pero se olvidaron por no practicar.
Cuando Primaria le quitó el ayudante de mantenimiento al centro escolar, la huerta orgánica quedó algo abandonada. "No me da para también trabajar la tierra, sinceramente".
Cristian es el galán de la clase: pelo rubio con gel, caravanita y pañuelo de moda. Está claro, él sí tiene un televisor en casa. Pasó al pizarrón y subrayó países que están en el Mundial y ya habían sido anotados: México, Dinamarca, Italia. Gabriel pasó a escribir Suiza pero no le salía la z. Pasó Aldana y escribió "Selandia"; llegó Estela con la misión de encontrar España y subrayarla, pero señaló "EE.UU." y preguntó: "¿éste?". Estela (9) tiene serias dificultades de aprendizaje, así como su hermano menor Guille, que también es compañero de clase. Los padres, poco alfabetizados, están en una situación socioeconómica muy precaria.
La maestra les dijo que son 32 los países que compiten en el Mundial, les preguntó cuántos integran un mismo grupo y les costó. Al nombrar los del grupo de Uruguay, entendieron que son cuatro por serie. "Entonces, ¿cuántos grupos hay?". Aldana, de túnica perfecta, pelo perfumado y mochila de Barbie, hizo la cuenta: 32 dividido cuatro = ocho.
Aldana, de 9 años, es la contracara de Estela. Su mamá, Ana González (39), ese día la llevó en moto y la esperó en la escuela todo el horario (de 10 a 15). González y su marido son productores ganaderos, tienen vacas y empleados. La estimulan a estudiar y quieren que sea veterinaria para que siga vinculada a lo rural.
Un vistazo a la planificación de la docente sobre el escritorio permite ver cómo funciona un multigrado en una escuela rural: "Motivación: ¡Arriba la celeste! en el pizarrón. Contenido de oralidad: opinión y argumentación. ¿Cómo se organizan los partidos? ¿cuántos países intervienen? Escribirlos en el pizarrón de forma desordenada. Presentar tarjetas con los nombres y ordenarlos. Geografía de 4° a 6°: ubicación de los diferentes países en el planisferio. 3°: Ordenar los nombres de la primera serie del Mundial. 1° y 2°: Dibujar los jugadores que participan en una cancha y representarlos en recta numérica. Jardinera: Clasificar figuras esféricas por color y tamaño. 4° a 6°: Ordenar los países por continentes, en equipo".
Las ceibalitas, que todos llevaron, seguían ahí, cerradas. Era día de oralidad.
Llega la hora del recreo: no hay más campana que el olorcito a comida. Los lunes hay guiso. "Es lo más nutritivo, y son los días que vienen con más hambre, por el fin de semana, ¿viste?". No muchos de estos niños, confiesa la maestra Verónica, irán a la escuela agraria de Montes o el liceo de San Jacinto. "El nivel es bajo", dijo, mientras los niños comían.
De todas formas, ella no hizo repetir a ningún alumno en 2008 y 2009. En 2006 tuvo 28 a cargo y sólo repitió dos y en 2007 el alumnado fue de 18 y también repitió dos. De los últimos 84 escolares en aula, sólo cuatro quedaron repetidores.
La atención personalizada con pocos alumnos tiene algo que ver, pero el criterio de no generar frustraciones también. Las cifras que da el documento de estadísticas llamado Monitor Educativo de Primaria son elocuentes: mientras que el índice de repetición en las escuelas urbanas de primero a sexto es de 6,4%, en las rurales es de 4,9%. Y viene bajando ya que en 2008 era de 5,4%. En el primer año, la repetición en las urbanas es de 14,1% y en las rurales del 11%, en promedio. En educación descontextualizar resulta mentiroso: ese 14% de repetición es de apenas 6,6% en contextos "muy favorables" y 18% en las "desfavorables".
Lo que sí preocupa es la falta de docentes en algunos departamentos para cubrir cargos ante pedidos de licencia. La inspectora departamental de Rivera, Edith Cotiño, debió reclutar maestras de Artigas, según publicó El País el domingo 27. Y enviará inspectores a escuelas rurales sin maestra para asignar tareas.
ONG PREOCUPADA. La asociación civil Casa Yiarel asiste regularmente con donaciones de ropa y materiales a 21 escuelas rurales del interior. Empezaron hace seis años ayudando a escuelas de Artigas pero a los meses advirtieron que las donaciones llegaban al peaje de la inspección departamental, y no a la escuela necesitada. Eso cambió y siguieron colaborando. "Empezaron a conocernos. Eso sí, las maestras tienen que solicitarnos la ayuda por escrito y recién ahí actuamos. El boca a boca hizo el resto y nos empezaron a llamar de otras escuelas", dijo Sandra Chiappe, de Casa Yiarel, quien entiende que Primaria minimiza el mal estado de la educación rural.
Su compañera Lourdes Cianflone se anima a enumerar las carencias de los centros escolares consultados: les faltan libros de texto (Primaria no da los suficientes, dicen), libros de cuentos, así como diccionarios o enciclopedias.
La ONG, además, colabora con alimentos y prendas de vestir para la comunidad de aquellas familias con hijos escolares. Y en agosto, previo al Día del Niño, organiza beneficios para regalar juguetes.
"Ahora Primaria tiene la obligación de atender a niños en edad preescolar de 4 y 5 años, y ahí es donde están más en el debe. No hay material bibliográfico para ese nivel ni mobiliario, porque los asientos varelianos les quedan grandes", dijo Cianflone. "En muchas escuelas del interior nos decían: `todos muy lindo con que los nenes empiecen a venir a los 4, pero ¿qué vamos a hacer con ellos si no tenemos con qué entretenerlos?`", narró.
Casa Yiarel censó unas 180 escuelas rurales de Rocha, Lavalleja y Florida para identificar las debilidades. Encontraron que el 70% no tenía agua potable o cuenta con agua de aljibe contaminada, que en una de las afueras de Florida el techo se llueve y los escolares corren el riesgo de quedar electrocutados, en otra del mismo departamento los niños conviven con murciélagos y en una de Lavalleja los muebles están comidos por las termitas.
"Hay 10 escuelas en estado crítico", insiste Cianflone. Casa Yiarel está imbuida por la kabbalah, una de las principales corrientes de mística judía, aunque las integrantes de la comisión de escuelas la definan como "un modo de vida".
"Nuestra idea es ayudar a los niños para que crezcan en un contexto mejor, y cuando sean grandes ayuden a otros", sostuvo Elizabeth Barneleau. Para apoyar a la veintena de centros escolares del interior organizan rifas y convencen a empresas para que realicen donaciones.
Con el CEIP la relación comenzó siendo de desconfianza y hoy es apenas mejor. "Santos (de Educación Rural de Primaria) tiene buena voluntad, pero es todo muy burocrático, hay mucho papeleo. No contamos con el apoyo suficiente", agregó Cianflone.
"¡Hay escuelas sin auxiliar de servicio, la escuela o la comisión de fomento tiene que pagarle a alguien y Primaria no se hace cargo!", se alarma Soledad Chiappe.
Que se lo digan a Alicia Gándara, la docente y mujer orquesta de la escuela 50 de paraje La Plata, a 15 kilómetros de Minas. Gándara atiende todos los días a tres alumnos: les enseña, les hace el desayuno y el almuerzo, lava los platos mientras van al recreo y oficia de líder comunitaria ante padres, la comuna, Salud Pública y los militares que la ayudan cortando el pasto o tocando con su banda en quermeses que no alcanzan.
AFUERA DE TODO. En Uruguay hay seis escuelas con un solo niño, y esta administración ha seguido la iniciativa del gremio de docentes y las Asambleas Técnico Docentes (ATD) de no cerrar un centro escolar mientras haya un alumno por aprender. Este año se cerró la 115 de Solís Chico, Canelones: tenía tres alumnos, dos hijos de la maestra, que fue trasladada a otra escuela, y la hija de la auxiliar, que también se mudó.
La 50 de paraje La Plata tiene dos escolares: Gonzalo, de 8 años, y Agustín, de 6. El más pequeño solía caminar seis kilómetros para ir a la escuela, y los días de lluvia lo hacía con botas para cruzar tres arroyos. Ahora tiene suerte: su mamá se compró una moto y lo lleva.
Él sabe quién es Fort, "el musculoso", y Mujica, "el presidente". Gonzalo no: no tiene televisor ni luz en la casa.
La maestra Alicia le planteó un problema de matemáticas a Gonzalo, que está en tercero, y se dedicó a Agustín, que lee de un libro: "Tra-ba-ja...mos en ma-te-má-ti...cas. Prac-ti-ca...mos res...ta o sus-trac...ción". Y explica: "Es un juego con dados". No le va nada mal en lectoescritura para la edad que tiene.
Le cuesta un poco más a Gonzalo resolver cuántos libros conforman la colección completa si cinco son un tercio de la totalidad. Él dice "10", ella le sugiere que lo razone más y luego los dibuje. "Eso se llama metacognisción", cuenta didáctica.
La maestra los deja atareados mientras se va a la cocina para que no se le pasen las lentejas. Cuando la comida está pronta, los manda a lavarse las manos y les sirve los platos.
La escuela se las ingenia con panel solar, como tantas otras. Para sacar agua tiene que bombear. Gándara recibe de Primaria una partida de 2.450 pesos para la alimentación, 576 para combustible y gas y 348 para productos de limpieza. La construcción es del siglo XIX pero no tiene grandes problemas edilicios. Así y todo, precisa arreglos: hoy se ingresa por un costado, por lo que habrá que hacer una puerta en el frente, y se colocarán rejas.
"La idea es llegar a tener luz eléctrica antes de fin de año", se ilusiona. "Esto es otra ruralidad. Yo antes estuve en Canelones. Acá en Lavalleja la matrícula es muy baja y es inaccesible llegar hasta acá. Antes otros niños venían a caballo".
Además de los escolares, la docente tiene a Mauro, de 5 años, que faltó a clase el día de la visita de Qué Pasa. De los tres padres de los niños de la escuela 50 minuana, dos son peones rurales y uno hace "changas", cuando las tiene. "Son rústicos, por el contexto. Y les cuesta sumarse a colaborar con el centro educativo. Está el viejo concepto de la escuela `dadora de`. Pero la escuela sola no puede", afirma. No es un concepto original de ella.
Gándara dice lo que repiten como un mantra colegas de Primaria de todo el país, siguiendo el pensamiento pedagógico de Agustín Ferreiro y Julio Castro en la primera mitad del siglo pasado. La consigna "la escuela sola no puede" es de 1949 y en buen romance reivindica el rol de la institución como dinamizadora social de una comunidad, pero sumando la colaboración de otros actores públicos.
Ni Límber Santos es optimista. "Está bueno que la escuela traiga al perito agrario, al asistente social y al psicólogo, pero que la escuela interactúe y los nuclee. Pero seguirá siendo una deuda porque tiene que ir ligado a una actitud de trabajar en equipo. Ya a mediados de los años `30 preocupaba qué podían hacer los maestros para evitar la despoblación del campo", evoca el funcionario.
A la escuela rural se le demanda que solucione problemas de la comunidad. Y con escasos recursos se las ingenia. Sobran ejemplos. La 4 de Chacras de Pintado, en Artigas, está en una zona agrícola y tabacalera y elaboró un proyecto para contrarrestar los efectos de los agrotóxicos, con huertas orgánicas que desaconsejan el monocultivo.
En el departamento de Rivera, hace seis años cuatro escuelas se agruparon con el nombre de Tres Cruces, por la ubicación de las escuelas con respecto a las rutas por las que se llega hasta ellas. Juntas organizan actividades y charlas a cargo de expertos para tratar temas tales como el alcoholismo, la salud bucal, la hidatidosis, o la nutrición infantil. Estas escuelas de Aduana de Batoví, Batoví Dorado y Paso Tapado hasta tienen un himno y una bandera que las identifican como proyecto educador.
La 84 de Muelle de la Concordia, en Soriano, cuenta con un alumnado compuesto por hijos de pescadores artesanales: fue centro experimental de cría de peces y con dos terneros guachos donados por un vecino la escuela pasó a ser criadora de ganado con vacas prestadas.
"A instancia de los padres comenzamos, en la noche, clases para adultos", contó la maestra Valeria Retamosa, coordinadora departamental de Soriano, en el Primer Coloquio de Educación Rural organizado en diciembre de 2009 en Montevideo. "Fue una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido. Ver a gente que no sabía leer ni escribir comprando sus útiles escolares y caminando varios kilómetros para superarse... no se paga con ninguna plata", agregó.
En la 182 de las afueras de Tapia, Canelones, la maestra Verónica Barreto también le da clases a adultos iletrados. Dice entre risas que está orgullosa de sus alumnos porque no tiene necesidad de rezongarlos y dejarlos en penitencia.
Juana Carmen Cabrera tiene 75 años y unas ganas de aprender que da envidia. Nunca tuvo tiempo de ir a la escuela. "Tenía 15 hermanos, y yo era la mayor, entonces tenía que cocinarles y lavarles la ropa. Siete de mis hermanos fueron a la escuela, los otros no pudimos. Además, ¡mamá estaba siempre embarazada!"
La táctica para educarse a tiempo es simple: toma revistas que le facilita la docente y copia. Pero casi no lee, porque no conoce la mitad del alfabeto. "Y me olvido de muchas letras, me olvido", repite.
Olga Rodríguez y Nelson González -ambos pisando los 60- son matrimonio y compañeros de clase. Olga dice que nunca fue a la escuela porque no la mandaron, y no la mandaron porque quedaba lejos y "ahora no es como antes". No estaban los caminos vecinales que hay ahora.
Ahora están esas callecitas de tierra, algunas casas tienen luz y los bienaventurados cuentan con internet, aunque no siempre tengan conectividad. En muchos lugares todavía sigue siendo un lujo.
pequeñas ambiciones. Según el documento de Monitor Educativo, la escuela rural tiene unos 23.486 alumnos -18.454 de túnica y moña más los preescolares- en más de la mitad de las escuelas públicas de todo el país.
Con un complejo panorama demográfico e índices de repetición tramposos por cierta flexibilidad a la hora de decidir si el chico aprueba o no el curso, la educación rural pide a gritos políticas estatales que atiendan su especificidad.
Mientras no llegan, la escuela sola -se sabe- no podrá, la maestra Verónica tendrá que agarrar la azada y trabajar la tierra (que antes atendía el peón ayudante) y su colega Alicia tendrá que seguir interrumpiendo sus clases para que no se le queme el guiso.
Un alumn0
Hay seis escuelas con un solo alumno: la 59 de La Rosada, Tacuarembó; la 51 de Guayabo, Paysandú; la 115 de Falda de Sierra de Ríos y la 129 de Cerro Largo; la 40 de Tala de Castro en Florida y la 126 de La Calera, Rivera.
1.142
son las escuelas rurales en todo el país hasta fines de 2009, según el Monitor Educativo de ANEP.
870
son de maestro único, que oficia también de director y a veces, no cuenta con auxiliar de servicio.
4,9
es el porcentaje de índice de repetición de primero a sexto. En escuelas urbanas es de 6,4%.
300
escuelas no tienen agua potable y 200 no tienen luz eléctrica. Hay convenios con UTE y OSE.
Buscando salir del "letargo"
"Es cierto que la escuela rural ha quedado algo postergada por las políticas educativas", reconoció Edith Moraes, directora general del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP). Sin embargo, en su administración -dijo- se procuró "salir de ese letargo". La primera medida fue procurar reabrir escuelas. Es así que en el quinquenio se reabrieron 50 escuelas. El consejo se preocupó, agregó Moraes, por incrementar los cursos de formación. "A los maestros de educación rural se les dieron cursos para complementar la formación para la educación en el medio", de 2007 a 2009. También destacó la implementación del Plan Ceibal para "acortar distancias", con una conectividad del 90% de las escuelas. Para el lustro 2010-2015 se buscará "trabajar articuladamente" con la educación media, promoviendo acciones coordinadas, añadió.
Un viaje frustrado por papeles
La ONG Casa Yiarel, que asiste a 21 escuelas rurales del interior del país, tuvo una mala experiencia con el directorio de Primaria. En noviembre del año pasado la asociación hizo rifas y colectas hasta sumar 36.000 pesos. Con eso alquilaron un ómnibus que traería escolares artiguenses a conocer Montevideo. Tuvieron el apoyo de las dos intendencias involucradas, del Mides y organizaron el paseo. Primaria prometió colaborar "sólo" con bandejas de alimentos, pero al llegar a la capital, un consejero les dijo que no habían solicitado los permisos en tiempo y forma. "(Héctor) Florit nos dijo que presentáramos a la asociación por escrito, cuando ya nos conocían, y nos cansamos. No lo hicimos".