Zapping demorado

Hace tres años, Uruguay se decidió por el sistema europeo para la televisión digital abierta. Hoy, con 50 millones de dólares como incentivo para cambiar hacia una norma impulsada por Brasil, el futuro de la TV digital se posterga.

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Fabián Muro

Se habla de ella como la solucionación a todo en la pantalla hogareña. O casi. La televisión digitalizada y abierta no sólo sería un avance tecnológico. Traería más opciones para el televidente y, también, la posibilidad de ensanchar el mercado. Con más canales, más posibilidades de producir contenidos.

Hasta es, para los más optimistas, una herramienta casi subversiva. O al menos democratizante. "La televisión fragmentada en un número cada vez mayor de canales presta a este escenario una especial configuración: el definitivo `ocaso de los grandes shares`, es decir de los tradicionalmente poderosos y escasos generalistas", imaginaron unos expertos españoles hace dos años en el libro Alternativas en los medios de comunicación digitales.

Pero no es tan así. La TV digital genera más dudas que certezas. Y apostar a ella es embarcarse en un camino que puede culminar en un páramo tecnológico.

Aquellos que pueden, compran aparatos con todos las conexiones posibles. Los otros esperan que quienes toman las decisiones definan de qué manera vamos a recibir las señales y quién va a financiar un cambio inevitable.

Es que el Estado uruguayo primero optó por una norma promovida por la Unión Europea -durante el gobierno de Tabaré Vázquez- y hoy, con José Mujica, parece inclinado a seguir a Brasil, que ya adoptó y modificó la norma japonesa para sus intereses y necesidades. "No nos atamos a nada", dijo el presidente anunciando que se podría rever la decisión de la anterior administración.

El Estado, en este sentido, actúa con la misma actitud dubitativa que los operadores privados. Por una vez, los uruguayos salimos más o menos igual de mal parados que otros países en este tema.

El experto en comunicación y televisión de la Universidad de la República, Gabriel Kaplún, publicó en julio de 2008 el artículo Uruguay y la televisión digital: "Puede servir como consuelo pensar que países con (...) más recursos, no lo están haciendo mejor. El caso brasileño parece similar al uruguayo en cuanto a anteponer la decisión tecnológica sin una claridad en las políticas generales".

Sin embargo, Brasil contribuyó a que la norma de transmisión promovida por intereses japoneses dominara en el contexto continental. Hoy, sólo Uruguay, Paraguay, Bolivia y Colombia están fuera del dominio de la norma japonesa modificada por Brasil. Las razones por las cuales este país puso su capital político y diplomático tras la norma japonesa -y también dinero, ya que hay 50 millones de dólares en incentivos para Uruguay- tienen que ver con las aspiraciones a desarrollar un polo tecnológico propio, otro peldaño en el trayecto hacia el Primer Mundo con el que Brasil sueña desde siempre.

Cambiarse a la norma impulsada por Brasil es renunciar a un convenio firmado. Ya hay resoluciones que comprometen formalmente a Uruguay al sistema promovido por la UE, pero como dice el decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica Omar Paganini, eso no sería un problema.

"Si bien hay documentos firmados, no están implementados. Aunque fuimos el primer país en adoptar la norma europea, no la implementamos. Colombia, que apostó a esa norma después que Uruguay, fue mucho más rápido en ese proceso y fue donde los europeos eligieron concentrar su atención, también porque es un mercado mucho mayor que el nuestro".

Más allá de los desafíos en materia de relaciones internacionales, la discusión afecta las políticas de comunicación y difusión en el mercado interno. Como le dijo el actual director de telecomunicaciones Gustavo Gómez a Qué Pasa cuando fue entrevistado en abril, "el debate debe ser para qué digitalizarnos". ¿Más canales sólo para mejorar la calidad de imagen y sonido? ¿O nuevas oportunidades para ampliar el pequeño mercado televisivo nacional?

VASOS VACÍOS. Aumentar la cantidad de canales significa que hay que llenar los nuevos espacios con contenidos. Y no es seguro que haya inversores dispuestos a poner su dinero en la generación de programas, entre otras razones porque no se sabe si la principal fuente de ingresos para los canales de televisión abierta, la publicidad, podrá o querrá financiarlos (ver recuadro).

"La digitalización (...) desafía el modelo de negocios actual", escribió Gómez en su libro Tv digital terrestre, publicado en enero donde también afirmó "Casi todos los operadores de TV tienen incertidumbre (...) En principio aparecen más dudas y peligros que ventajas", quien ante este escenario recomienda mantener la televisión abierta como un servicio universal, gratuito y abierto. En otras palabras, que todo siga por ahora como está.

Más allá de los negocios hay un debate ideológico en torno a la señal digital: "¿A quién está dirigida hoy la TV analógica y abierta en América Latina y en Uruguay? A los sectores de la población menos favorecidos", comenta Paganini. Según él, los segmentos más pudientes de la sociedad ya tienen señales digitales a través del sistema para abonados y no tienen un fuerte incentivo para migrar hacia la televisión digital abierta. El acceso a la televisión para abonados divide al país en dos mitades casi idénticas, según el Instituto Nacional de Estadística: 47% de los uruguayos tienen TV por cable.

Una vía para que la utopía digital le llegue a todos es que el gobierno subvencione la compra de aparatos para los más pobres, algo que Gómez recomienda a través de líneas de créditos y subsidios directos.

En caso de que el Estado participe de la compra de dispositivos que permitan el acceso a la señal digital para los más postergados -emulando en cierta forma el impacto del Plan Ceibal para el acceso a la computadora y sus conexiones-, sobreviene otro problema. Porque puede que los fondos públicos vayan a una apuesta inconducente. "Hoy, el futuro no es la televisión, es internet", afirma Paganini.

Algunos indicadores parecen sustentar este pronóstico. El estudio Perfil del internauta uruguayo de la empresa de encuestas Radar indica que en menos de diez años (2001-2009), la llegada de computadoras personales en los hogares uruguayos creció 70% (gran parte de este crecimiento es atribuido al Plan Ceibal). Uruguay ocupa hoy, junto a Chile y Argentina, uno de los tres primeros lugares en el continente en cuanto al acceso a internet, según la fuente que se consulte.

Otro indicio es que mientras casi todos los números relacionados a la red parecen incontenibles, sentarse frente a la televisión es una actividad menos convocante hoy que hace unos años.

Una investigación del Observatorio Universitario de Políticas Culturales constata que en comparación con 2002, el año pasado la TV había pasado al segundo lugar como pasatiempo preferido, tras las reuniones con familias y amigos. La diferencia entre ambas actividades fue de 17%.

El desafío que representa la red es, dice Paganini, lo que provoca que incluso países más desarrollados que Uruguay vengan postergando el "apagón analógico" que inauguraría la era digital en la televisión abierta.

Con una norma sin implementar que podría ser cambiada si Lula hace valer los 50 millones de dólares ofrecidos, es natural que Uruguay sea -de todos los países americanos reseñados por Gómez en su libro- el único junto a Honduras que no ha definido cuándo iniciaría el proceso de transición. Mientras tanto, seguiremos iluminados por la luz analógica. El futuro es ahora, es una frase repetida. Pero para un país que aún no tiene claro qué camino seguir y por qué, el maná audiovisual para todos luce distante y hasta quimérico.

80%

es la población latinoamericana que está cubierta por la norma de TV digital impulsada por Brasil.

2016

año límite para el proceso de transición a la TV digital en Brasil. En Argentina, será en 2019.

2

lugar que ocupa la televisión como pasatiempo preferido por los uruguayos. En 2002, era el primero.

ISDB-T

Japón-Brasil

La norma respaldada por el gobierno de Lula permitiría una transferencia de la señal televisiva más fluida hacia el mercado de los teléfonos celulares. Uruguay tiene una de las mayores tasas de cobertura celular en el América Latina, cercana al 80%.

DVB

Unión Europea

Algunos temen que Uruguay quede aislado si no acompaña la iniciativa brasileña, pero las mayores posibilidades de interactuar para el usuario que se tendrían con la norma europea es un rasgo a tener en cuenta antes de desecharla.

Contenidos y publicidad

Un aspecto significante de la discusión de la migración hacia una televisión abierta digital en Uruguay está relacionado con la producción audiovisual y el mercado publicitario local. Hasta el presente, el modelo predominante para la financiación de la televisión local se ha basado en una fuente principal: la publicidad. Si los cuatro canales de televisión abierta en Uruguay aumentaran a 50 de señal digital, surge la duda si habrá 12 veces más ingresos por conceptos de publicidad para financiar la oferta que podría surgir de tanto espacio disponible. Para algunos, es difícil visualizar que la torta de ingresos publicitarios pueda aumentar tanto. Otros, como Pablo Arriola, el director de la productora de programas y piezas publicitarias Oz Media no son tan pesimistas. Arriola fue hasta hace un par de meses el primer presidente de la Cámara Uruguaya Audiovisual, y sostiene que la mayor cantidad de canales por la cual poder dar salida a los mensajes publicitarios es algo bueno. "Permitirá a las marcas encontrar caminos más directos hacia el público al que pretenden dirigirse". Arriola recuerda cuando produjo el programa Blog, de escasa duración en la televisión abierta. "Las marcas que nos apoyaban querían apuntar directamente a su público, no insertarse en una televisión `generalista` como la uruguaya, en la cual se apela a la mayor cantidad de espectadores posible". Por otro lado, también dice que mayor cantidad de "ventanas" para mostrar contenidos es un incentivo para la producción nacional.

"Como los canales de TV abierta hoy tienen más producción propia que antes, las empresas independientes no tienen espacios para emitir sus producciones".

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