La frase del título es de la canción No tan Buenos Aires, del músico argentino Andrés Calamaro, que hace poco llevó a 15.000 personas al Velódromo. Luego de dos clásicos por la final del Uruguayo con violencia, represión y detenciones, también Montevideo es una ciudad sitiada por la pelota. Una que, más allá de lo que haya dicho alguna vez Diego Maradona, está cada vez más manchada por la violencia y la intolerancia. De un lado aquellos que rompen, pegan y hieren. Del otro, una policía guiada por alguien que equipara a gente con animales. En el medio, una casta directiva que hasta ahora nunca pudo o supo garantizar el transcurso más o menos civilizado de un espectáculo por el que se cobra precios nada desdeñables. Y más allá, una gran cantidad de personas a las que no les queda otra que soportar los desmanes, pero que a menudo sigue entendiendo el fútbol como un asunto que no admite razonamientos. "Si no lo sentís, no lo entendés", según el slogan de un programa deportivo. ¿No será que habrá que entender antes que permitirse sentir?