P.B.
En los últimos días se ha empezado a escuchar el concepto de sistema nacional de cuidados en boca de la próxima ministra de Desarrollo, Ana Olivera, y el de Salud, Daniel Olesker. Ambos han dicho que será una "prioridad" para el gobierno entrante. Karina Batthyány es socióloga, profesional nacional del Fondo de Población de las Naciones Unidas e investigadora de la Universidad de la República. Sus trabajos sobre los cuidados sociales comenzaron en 2000, con varias publicaciones.
-¿Qué es el sistema de cuidados que por estos días se menciona?
-Significa darle a toda la población los cuidados que necesita. Hoy en día esa realidad no existe totalmente en Uruguay porque accedemos a los cuidados en función del sector social al que pertenecemos. Las personas con mayores recursos pueden comprar servicios en el mercado pero los sectores medios, medio bajos y bajos, encuentran mayor dificultad. Los países que tienen tradición en esto han empezado por la primera infancia y los adultos mayores. La pregunta es quién se hace cargo de ellos, particularmente en un país como Uruguay, envejecido. A eso hay que sumarle que los que tradicionalmente se encargaban de cuidarlos, por el aumento de la tasa de actividad femenina, ya no están disponibles. Es lo que se asocia con el concepto de crisis o déficit de cuidados. Claramente Uruguay está en esa crisis. Por suerte el tema empieza ahora sí a integrar la agenda pública y a declararse prioridad para dos ministerios clave.
-¿A qué refiere la palabra "sistema"?
-Bueno, eso hay que definirlo, por ahora es un gran título. Cuando hablamos de sistema hablamos de acciones que combinan lo público con lo privado para garantizar la prestación de esos cuidados.
-¿Lo institucional está por definirse?
-Todo por definirse. Lo que hay son declaraciones de voluntad política y de reconocimiento de la importancia del tema.
-¿Cree que habría que crear un organismo o instituto?
-Es muy arriesgado decir cómo debería ser. Hay una experiencia acumulada en lo que es el Consejo Nacional de Políticas Sociales, toda la articulación que se ha hecho para que las políticas sean integradas y no fragmentadas. Parecería lo más lógico empezar por ahí. Papeles claves: el Mides, Salud Pública, el BPS, la sociedad civil y la academia. Cualquier política de los últimos años tiene esa combinación. No me corresponde decir cómo se debe hacer. Saludo que se empiece a hablar de este tema porque es uno de los grandes déficit de las políticas sociales uruguayas.
-¿En qué se puede ver ese déficit?
-En los niños de tres años, que normalmente son los más carentes de atención institucional en Uruguay. Si tenés dinero podés llevarlo a una guardería, pero si no, encontrás dificultades en la prestación de servicios. Un niño menor de tres años requiere 40 horas de atención por semana. Si no tenés una institución, en el 90% de los casos recae en las madres que ven recortados sus derechos de formación, inserción, participación. Otro indicador es la proliferación de servicios de acompañante para adultos mayores. Años atrás no existían estos emprendimientos.
-¿El tema entonces es aumentar la órbita pública de cuidados?
-No sólo pública, también privada.
-Pero para los que no pueden acceder, la solución está en lo público...
-Sí, hay que pensar distintas medidas. Que haya servicios de cuidado infantil para toda la población, es una de ellas. Por lo menos tener un menú de opciones. No estamos inventando la rueda. En Europa esto está muy trabajado.
-¿Hay sistemas funcionando allá?
-Claro. Y uno de los puntapiés es la experiencia española. España llegó a proclamar una ley de la dependencia que garantiza el derecho a ser cuidados. Lo que está en la base es: todos en algún momento de nuestras vidas tenemos que cuidar y que ser cuidados.
-Y el "cuidador", ¿en qué situación se encuentra?
-Yo no hablaría de cuidador, sino de cuidadora. En Uruguay las personas que cuidan son mayoritariamente mujeres: madres, amas de casa, abuelas, vecinas. Están en una situación de desprotección absoluta. Y también hay otro sector de hogares un poco menor al 20%, en los que viven personas con algún tipo de discapacidad. ¿Qué respuestas le damos como sociedad a esos hogares? En principio, muy pocas. Se sigue considerando el problema del cuidado como algo individual, privado. "Yo me arreglo como pueda". Y ese "como pueda" depende de si soy mujer o varón, joven o viejo, de si tengo plata o no. Es profundamente inequitativo. Se trata de decir que esto no es un problema privado sino colectivo. Hay que sacarlo de la puerta para afuera.
-Imaginando cómo sería el sistema, probablemente genere un montón de fuentes laborales porque gran parte del cuidado pasaría a ser remunerado, ¿no?
-Sí, claro. Es una de las bases porque la mayor fuente de inequidad en este tema está concebida sobre el trabajo femenino y sobre mano de obra no remunerada. En el caso español, una de las consecuencias positivas del sistema fue esa.
-Probablemente al principio requiera una importante inversión estatal…
-No hay que asustarse con eso. Está bien estudiado y los costos no son altos porque tienen como consecuencia gasto, consumo interno. Se han hecho varios estudios, no estamos arrancando de cero. El sistema es posible.
-¿Y en cuánto tiempo puede llegar a estar aceitado algo así?
-No hago futurología, pero lleva mucho tiempo.
-¿Un período de gobierno entero?
-Sí, claro.