Solos en la crisis

| Trabajando a la mitad de su capacidad y apelando al seguro de paro, los empresarios y trabajadores de las industrias dedicadas a la exportación intentan sobrellevar una crisis que para ellos sí llegó. Desde todos los sectores se dice que ésta es peor que la de 2002.

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Eloísa Capurro

El 15 de setiembre del año pasado, el empresario Juan Sánchez, director del Grupo Industrial Forestal, recibió un mensaje de texto en su celular: "Nos salvamos". Era un empleado de Merrill Lynch que le anunciaba así la compra de la financiera por parte del Bank of America. Lejos de tranquilizarlo, la noticia lo preocupó: era un presagio de que algo fuerte les esperaba a los países del sur. Y no precisamente en el buen sentido. "Si en un banco te dicen `nos salvamos porque nos compró otro banco`, nosotros los empresarios lo leemos de forma distinta. En ese momento hubo una preocupación importante, la gente empezó a desconfiar", recuerda.

Para Moisés Mamán, director de Hisud, también setiembre fue un punto de inflexión. En su sector, el textil, generalmente ese es el mes clave para las ventas ya que comienzan a recibirse pedidos importantes. Pero con Estados Unidos y México como sus principales clientes, los números no fueron los de otros años. "Decíamos bueno, octubre no fue, noviembre tampoco, diciembre tampoco... Llega un momento en que los pedidos ya no vienen". Hoy su planta está trabajando al 40% de la capacidad instalada. Y la mitad de su personal está en seguro de paro.

La crisis financiera internacional pegó duro en los sectores de la industria uruguaya que dependen de la exportación para subsistir. La burbuja inmobiliaria que terminó sepultando a algunas de las principales aseguradoras de Estados Unidos, significó también un fuerte estancamiento en la producción de la industria textil, metalúrgica, forestal y de las curtiembres.

Para ellos no valieron los pronósticos acerca de cuándo impactaría la crisis en el país y sonaron vacíos los anuncios de que estábamos blindados. Por lo menos la mitad de los trabajadores están en seguro de paro. Algunas empresas ya cerraron sus puertas mientras otros empresarios intentan paliar el temporal.

En trabajadores y empresarios quedaron grabadas las imágenes de la crisis de 2002. Pero de un lado y del otro, la mayoría coincide en que ésta es peor. Algunos incluso quedaron sin trabajo entonces y hoy, en la frágil estabilidad del seguro de paro, creen que el presente es más oscuro. Porque se trata de una coyuntura internacional y no sólo regional. Porque con hacer un esfuerzo para remontar no alcanzará. Y, sobre todo, porque se sienten solos en una crisis que, por ahora, sólo parece tocarlos de cerca a ellos. Por eso, con críticas o halagos, miran con atención las primeras reacciones del gobierno.

AL SEGURO DE PARO. Juan Antonio Camejo vivía de hacer changas en 2002. Una de ellas fue la pintura del Hipódromo de Maroñas. Un día, volviendo del trabajo, sus ex compañeros lo estaban esperando en su casa. Era para proponerle que volviera al sector de las curtiembres. "Nos mandaron buscar por la especialidad", dice con orgullo. Hoy tiene 52 años y está en seguro de paro.

Opina que su sector fue uno de los primeros en vivir los efectos de la crisis. Lo sintieron incluso antes de que General Motors solicitara formalmente la quiebra a principios de junio. Ya en noviembre de 2008 la empresa automotriz estadounidense había comenzado recortar su planilla de trabajadores. Y en Uruguay, señala Camejo, la gran mayoría de las curtiembres dependen de ese mercado.

"Para nosotros la crisis empieza en mayo con la reducción de 200 trabajadores en Paycueros. En junio fue la avalancha de mandar a seguro de paro: alcanzamos a tener entre 1.000 y 1.500 trabajadores en todo el sector". Los seguros de paro siguieron creciendo hasta llegar al cierre de la empresa Bader por tres meses. Camejo, integrante del Pit-Cnt por parte de las curtiembres, calcula que a esta altura ya son 800 los puestos de trabajo que se perdieron en el sector.

"Por suerte fue más el envío al seguro de paro que despidos. Acá la capacitación lleva tres años. Es un trabajo complicado. A ninguna empresa le conviene despedir porque hay una plata invertida en conocimiento", opina.

Camejo fue uno de los tantos que ya no están trabajando. Antes de la crisis, una hernia de disco lo llevó al subsidio por enfermedad por seis meses. De allí fue directo al seguro de paro. De un salario que en el sector promedia los 12.000 pesos, a él le quedaron 2.000. "Yo estoy cobrando el 20% del sueldo que tenía cuando trabajaba. Porque la liquidación del BPS toma el ingreso de los últimos seis meses". Dice que su empresa, Curtifrance, fue la que más sintió la situación internacional: de las 27 personas con las que compartía trabajo, quedan 16 y de los 1.500 cueros que entraban por día, apenas entran 300. La empresa señaló que su política es no hablar con la prensa.

Al contrario de él, muchos de los que se fueron a seguro de paro han conseguido ya empleo en otras industrias. Al menos un 80% de esos 800 puestos de trabajo perdidos, según cálculos de la central sindical. "Yo sigo en el seguro de paro. Y voy a seguir allí, esperando volver. Ya tengo una edad en la que si salgo a buscar trabajo, no hay ninguna industria que me tome. No importa la especialidad que tenga sino la edad". Su panorama se reduce a conseguir alguna changa en el puerto, en el Mercado Modelo o en la caña de azúcar, como ya lo ha hecho.

Por eso prefiere mantenerse en el seguro de paro y esperar. Mientras su mujer "hace magia" para administrar lo que queda del único ingreso del hogar e intentan comprar algo de tiempo vendiendo lo que ya no necesitan. "Hubo alguna cosa que en estos cinco meses tuvimos que desprendernos porque había que comer. Teníamos bicicletas, motos. Todo lo vendible. Hasta cierto punto". El límite, dice, es la casa que construyó de a poco y con sus propias manos en La Teja. "Eso no se toca. Porque ya no es mía, es de mis nenes, que decidan ellos".

También Andrés Morales trabajaba en Curtifrance. Y también él estuvo en seguro de paro. Ahora, después de esperar por una prórroga que al final salió, aceptó el despido. Dice que se dio por vencido. "Yo venía de la construcción. Y cuando estuve en el seguro de ese sector, hacía changas. Pero esta crisis nos tomó de sorpresa", opina. De los 30 compañeros con los que trabajaba, la mayoría ya no está en la empresa.

Sobre la mesa del pequeño comedor de la casa que alquila, descansan varios formularios. Uno de ellos es para mantener su puesto de feria; los demás son curriculum. Algunos los enviará a otras curtiembres. Mientras, seguirá haciendo feria, ahora más días de la semana. "Yo me estaba moviendo en la feria y con eso, por ahora...", dice. De vender sus cosas, no quiere ni hablar. "Mis cosas son mis cosas, uno el sacrificio que hace, a ese extremo no. Siempre salgo a buscar algo", señala. Así que él y su hijo de 10 años se arreglarán con lo que pueda sacar de la feria, que en un fin de semana le puede significar unos 700 pesos, y el sueldo de su pareja que trabaja en un hospital y que, por ahora, no ha tomado turnos extras. "Uno tiene que salir adelante", repite y se repite.

También las empresas tratan de seguir adelante, con lo que queda al menos. En Hisud, dedicada a la elaboración de tejidos para la exportación, han rotado al personal en seguro de paro para intentar evitar despidos. Las ganancias serán para otro momento. "No hay ninguna empresa que tenga un 50% del personal en seguro de paro y no dé pérdida. Estamos tratando de tener un nivel de equilibrio", explica su director gerente, Moisés Mamán. Su empresa tiene, actualmente, 218 trabajadores.

Los clientes se echaron para atrás, y de forma contundente. Tiendas que compraban entre 50.000 y 60.000 metros de tela, pasaron a encargar apenas 3.000. La mayoría dejó de hacer pedidos y comenzó a manejarse con el stock con el que contaban. "Tenemos una colección que vamos a presentar en Estados Unidos. La colección gusta, los precios son difíciles de hacer interesantes. Pero lo que más urge es la falta de demanda", agrega el empresario.

Para el sector la caída de pedidos continúa hasta el día de hoy. "A veces podés hacer reposición de stock. Pero cuando sabés que el almacenamiento queda y no hay pedidos... Las maquinas están trabajando a menos de la mitad con respecto a lo que era en 2008".

Según informa Walter Chape, del sindicato de textiles, el sector ya tiene a 1.500 trabajadores en seguro de paro. Eso contando los cierres de Fibratex y Dancotex. "La situación es realmente crítica. Si no cambian los mercados, está muy feo", asegura. Las fuentes laborales perdidas se calculan en 700.

Jannette, quien prefiere no dar su apellido, es una de las trabajadoras textiles que está en seguro de desempleo. Con 50 años y más de 30 trabajando en el mismo sector, ella vive en la incertidumbre. "Es una situación de frustración porque estás acostumbrado a salir todos los días a trabajar. Psicológicamente te afecta, económicamente te afecta. Hay gente que ha vendido sus casas para ir a vivir con familiares, padres o hermanos. Yo todavía no. Pero le he pedido ayuda económica a mi familia".

ESPERANDO EL REPUNTE. En los sectores más golpeados, algunos ya esperan que el repunte llegue a fin de año. Karina Morales es una de ellas. Desde hacía 12 años que trabajaba en la curtiembre Torial, en San José. Hoy está esperando que salga su prórroga del seguro de paro. Su marido, empleado en la misma empresa, fue uno de los 77 que quedaron trabajando. Desde marzo 217 personas han ido al seguro de paro.

En otras oportunidades, comenta, la empresa no retomó a sus empleados. Ésta vez sería diferente. "Supuestamente al mejorar los niveles de trabajo estaríamos ingresando a la planta. Lo que sí se está ofreciendo son despidos voluntarios", dice con preocupación. Allí también el problema está en la falta de pedidos. "Cueros aún siguen ingresando casi en la misma cantidad, lo que no tienen son compras porque el mercado con el que trabajan es europeo. Y al no tener pedidos no se produce la prenda".

El sindicato al que pertenece mantiene reuniones con la dirección de la empresa. Según les han comunicado, se han buscado alternativas: nuevos mercados, nuevos productos. Nada funcionó. "Yo espero que el repunte llegue antes de 2010, pero creo que no va a ser", dice.

También la ciudad comienza a sentir el significado de tener a gran parte de su población en seguro de paro. Almacenes, casas de venta de ropa, o papelerías han bajado sus ventas. Porque, como Morales, los trabajadores comienzan a readministrar sus ingresos. "Una salida al cine, la estudiás. Pagás dos cuentas que debías de la luz un mes y al siguiente dos del agua porque la tenías atrasada. Se ha hablado con créditos para congelar la deuda y hacer entregas más pequeñas para que no genere tanto interés", explica.

Para ella, la crisis tiene dos lados. "Sentís por ambos lados: un poco de tristeza y un poco de alegría. Porque también estoy disfrutando a una hija con la que no estaba casi nunca. Vas a la escuela, estás en reuniones, estás en todo. Pero por supuesto que no es lo que uno espera porque de eso no vivís".

En otros departamentos del interior también comienzan a verse los efectos de la merma de empleo. Tacuarembó es uno de ellos, aunque allí la crisis está ligada a la situación de la industria forestal. Según Fernando Oyanarte, secretario general del sindicato de la madera, las dos principales empresas instaladas en la ciudad han reducido sus horas laborales.

"Estamos trabajando con la mitad de las personas", afirma.

En la empresa en la que él trabaja, Urupanel, se llegó a un acuerdo con los trabajadores para reducir un 19% de las horas de trabajo por el mes de abril. Pero el convenio se extendió para mayo, y luego para junio. Así, de trabajar de lunes a sábado, los empleados comenzaron a ir de lunes a viernes y ahora se está negociando para que la semana laboral sea hasta el jueves. En años dorados la empresa llegó a producir 7.500 metros cúbicos de madera. Hoy esperan llegar a los 4.500. El programa de producción, además, solía realizarse de forma semestral. Luego pasó a ser cuatrimestral, después mensual y hoy se hace semana a semana.

Otras empresas ya están a la mitad de su capacidad de producción. La dificultad no es sólo la de volver a entrar al mercado estadounidense, sino también la de cobrar pedidos pendientes.

Y de apoco los resultados se dejan ver en la ciudad de Tacuarembó. "Estamos viendo una situación parecida a la de años atrás cuando había muchísimos locales para alquilar. Hoy han cerrado muchos comercios. Si bien no se ven locales vacíos es porque se alquila mucho para propaganda electoral y queda disimulado. Seguramente cuando pase la campaña, si no hay un repunte en los primeros meses del año, eso se va a ver de nuevo".

Por ahora Oyanarte conserva su trabajo en mantenimiento eléctrico. Su esposa, por otra parte, ya sufrió los efectos de la crisis. La empresa de la que era empleada, una de las tantas como Chic Parisien o Lolita que se instalaron hace pocos años en la ciudad, cerró en mayo. Igual su reinserción fue rápida. Al mes consiguió trabajo en una empresa encargada de la distribución de carne para el Frigorífico Tacuarembó. "Nosotros nos consideramos unos privilegiados. Todavía no tuve que vender cosas, pero se está dando. Lo vemos en los trabajadores, en la plaza local, en los remates. La gente se está desprendiendo de cosas que venía comprando".

PEOR QUE EN 2002. Aunque esas mismas imágenes de locales vacíos -que también supieron expandirse por Montevideo- no se han repetido en la capital, la mayoría de los entrevistados coincide en que esta crisis les toca más hondo que la de 2002. La gran diferencia está en la escala. La de hace siete años, coinciden, fue una crisis regional de la que eventualmente se saldría, remando. Hoy reina la incertidumbre de qué puede pasar cuando son los mercados internacionales los que tambalean.

"Se han perdido los puntos de referencia. Que aseguradoras como AIG pasen de valores de mercado de 100 a 10, te da la pauta de que no están seguras ni las empresas de seguros, y a nivel internacional. ¿Qué puede esperar uno de una empresa o de un empleo de mediana empresa?", se pregunta el empresario y economista Juan Sánchez.

Para él lo que esta crisis supuso fue un efecto acumulativo. "Hay gente que sale del sistema y no vuelve más. No estoy hablando solamente de trabajadores de poca o mediana formación. Es a todo nivel: gerentes de áreas están perdiendo su trabajo en Europa. El sistema no queda con esa capacidad de captar empleo. Y se ha agregado valor pero no en la medida necesaria para absorber empleo. Algunos se reincorporan en otros sectores, en el sector servicios, pero se pierde el aprendizaje", explica.

La inversión ha aumentado desde 2002 y de forma significativa. Pero, por ahora, eso no ha asegurado un blindaje a industrias que aún dependen de sus exportaciones. Y, aunque las esperanzas de una posible recuperación el año que viene existen, lo que pueda suceder es muy difícil de predecir. "En principio hay más moderación para hacer inversiones. Incluso en Uruguay hay un ciclo permanente en cuanto a las elecciones donde se da una cierta dilatoria natural", agrega Sánchez. Dilatoria que, apunta, no tiene que ver con las acusaciones que han rodeado la campaña electoral.

Esta semana siguen las reuniones entre las industrias y el gobierno, cuyas medidas satisfacen a los trabajadores, aunque no así a los empresarios. Del apoyo gubernamental que de esas reuniones pueda salir, es donde ambos sectores fijan sus esperanzas para sentirse menos solos en la tempestad.

6.232

fueron los envíos al seguro de paro en junio, según datos del BPS.

27.180

es el total de trabajadores en el seguro de paro hasta el mes de junio.

El final del bajón económico

Las cifras de la caída en la producción en los sectores afectados por la crisis son impactantes. Según datos del Instituto de Estadística, la producción en el sector textil decayó un 19,7% en el trimestre marzo-mayo con respecto al promedio 2007-2008. En curtiembres la caída fue de un 37,4% y en los productos metálicos de un 9,9%. Según datos del Grupo Industrial Forestal, las exportaciones de madera, carbón y manufacturas de madera cayeron en el primer semestre del año un 14% en valores. Las exportaciones de madera aserrada y similares sufrieron una caída de más del 45% en valores.

Sin embargo el bajón estaría por terminar. Según el Índice Líder de Ceres, la economía uruguaya podría comenzar a estabilizarse en el tercer trimestre de este año, luego de siete meses de caída. A su vez la Cepal anunció que prevé un crecimiento del 1% para Uruguay durante este año, y de 3,5% para 2010.

Expectativas. Trabajadores de todos los sectores coinciden en esperar que en 2010 se dé un repunte de la producción.

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