Fabián Muro, en Conchillas
Mario Leal está contento. Es tal vez el único en Conchillas que, en medio de la incertidumbre y desazón que provocó la partida de la papelera española Ence, porta una sonrisa.
Autoproclamado defensor del patrimonio del lugar -"este pueblo es un diamante en bruto, solo hay que pulirlo y brillará", exclama-, le pone contento que la compañía española se vaya. Pero su alegría llega hasta ahí nomás. Como a los 400 habitantes del pueblo, le preocupa lo que pueda traer el futuro, cuando Stora Enso y Arauco, las empresas que se hicieron con lo que Ence vendió -unas precarias instalaciones y un predio de 500 hectáreas- decidan qué hacer con su compra. Y si invierte en Conchillas.
"Desde un principio estuve en contra de que se instalaran. Cuando esa empresa anunció que vendría para acá de Fray Bentos fui a internet y puse `Ence` y `contaminación`. Ahí me enteré que directivos de esa compañía habían perdido juicios por contaminar". Leal empezó a hacer campaña en contra de la pastera. Llegó hasta a poner un cartel en su casa: "No a Ence".
Alguien le contestó con otro cartel: "Sí a Ence. No a Leal". Guarda esa prueba de hostilidad pero dice entender que sus vecinos hayan tomado partido por la empresa: "Claro, cómo no. Un día llegó Papá Noel al pueblo. De repente, el liceo rural tuvo cuatro computadoras. El equipo de fútbol tuvo indumentaria nueva. Y la Junta Local, una donación de 20.000 dólares".
Es que a todos les servía que Ence se instalara en Conchillas. Al que aspiraba alquilar una habitación a 25 dólares por día, al agente inmobiliario que tenía tierras para vender, a las empresas de transporte que llegaron a instalarse en el pueblo, a los comercios que por primera vez en años podrían aumentar sus niveles de venta y hasta aquel que ahora sí podía atenderse su dolor de muelas en un recién instalado consultorio odontológico.
Por sus calles, aparecen varios de los testimonios de esa historia que Leal exalta y venera: una Conchillas que supo del modesto esplendor de ser un pueblo obrero en funcionamiento. Calles con nombres británicos como Kyle y Evans hablan de cuando la vida del pueblo giraba en torno a Walker & Sons, una empresa que extraía piedra y arena para Buenos Aires, la metrópolis cuyas luces a veces se divisan en el horizonte. Así cuenta Líder Gogna que tiene 65 años en el pueblo. Se jubiló luego de más de cuatro décadas de trabajar para Roselli, la empresa que continuó con el menguado negocio de llevar arena a Buenos Aires. Fueron los terrenos de Roselli los que compró Ence.
Cuando los españoles anunciaron, desde la Casa Rosada en la capital argentina, su mudanza hacia Muelle de Conchillas, Gogna invirtió sus ahorros en abrir una fábrica de hormigón. Y ahora se aferra a la esperanzas de que algo finalmente se concrete en negocios y trabajos estables y duraderos.
DESILUSIONES. Quien ya perdió las esperanzas es la dueña del autoservicio Nómade, Elena Carro, a dos cuadras de lo de Gogna. Acepta hablar y se pone a llorar. No es un llanto desbocado, sin frenos. No se le corta ni le tiembla la voz cuando relata cómo fue a parar a Conchillas. Las lágrimas simplemente le caen como si sus ojos fueran una canilla rota. Tras el mostrador de su negocio, maldice a políticos sin distinciones partidarias. Y a los empresarios españoles.
Carro se instaló en Muelle de Conchillas, la población más cercana al predio de 500 hectáreas que bordea la costa.
Carro quería que el auge económico que iba a traer la instalación de la pastera la ayudara a pagar deudas bancarias. Las ganancias, esperaba, iban a ser importantes. "Luego de que Sudamtex quebrara y mi esposo quedara sin trabajo, sacamos créditos para poner un comercio en Colonia. Con la crisis de 2002 y cuando el dólar pasó de 11 a 33 pesos, refinanciamos una vez. Hace poco más de un año vine sola para poner este negocio, con la esperanza de que ganando bien acá, podría pagar las deudas que tenemos con mi esposo en Colonia". No cree que eso vaya a suceder. "Ahora estoy más endeudada que antes. Puse 35.000 dólares en este autoservicio", dice.
Mientras Carro habla con Qué Pasa, dos vecinos entran, no para comprar sino para charlar. Los tres escucharon el mismo programa de radio, donde se hacía una comparación entre la agenda de fechas de Botnia y la de Ence. Los tres cuentan que mientras los finlandeses cumplieron cada una de las metas, los españoles tienen varias promesas incumplidas.
Primero dijeron que se instalarían en Fray Bentos, cerca de Botnia. Luego, aduciendo un clima poco favorable para construir y desarrollar su planta, se anunció la mudanza a Colonia. Se compró un gran predio, se lo alambró y empezó la actividad. Hasta ahora, incluso después de la noticia de la venta, nunca se ha detenido el trabajo, por más que en los últimos tiempos se ha enlentecido bastante. A principios de año una nota de la sección Economía de El País, y titulada precisamente "Dudan de plan de Ence en Uruguay", daba las primeras señales de que la principal promesa era incierta. "Banco cree que si no hay un socio, cancelará la planta", resumía la nota.
En el pueblo, en tanto, Leal recuerda que Ence había prometido construir un camino alternativo para que los camiones no pasaran por Conchillas y generaran, con sus vibraciones, la rotura de fachadas. Las casas, construidas por Walker & Sons hace un siglo, no tienen cimientos y están hechas solo de piedras y barro; son Patrimonio Arquitectónico nacional.
Además, Leal recuerda el episodio en el que se le cuestionó a Ence que, en caso de un derrame en la planta, podía contaminar al pozo que antiguamente abastecía de agua potable a la estancia presidencial de Anchorena. Entonces, la compañía tomó una medida tan pragmática como poco simpática: corrió el alambrado unos metros y dejó afuera de su terreno al pozo. Allí una placa de Julio María Sanguinetti cuando era presidente en 1998, le da prestigio histórico al pozo.
Cerca del negocio de Carro, Dennis Valcheff mira la entrada de su carnicería, justo enfrente a su casa. Un poco más allá hay varios módulos de casas prefabricadas que pusieron algunas empresas convocadas para proveer la construcción de la planta de Ence. Adentro de esas casas están las camas con los colchones enfundados en nylon. Solo faltarían las sábanas y las almohadas. Hay heladeras apagadas y algunas sillas desperdigadas. Todo está cerrado y vacío. Es como si fuera un pequeño barrio fantasma defendido por un perro feroz pero atado.
Con mate y el termo bajo el brazo, Valcheff todavía no quiere dar todo por perdido. "Vamos a ver. Espero que no tenga que cerrar, pero ahí, a esas casas prefabricadas iban a venir a vivir obreros y técnicos y ya ven, no hay nadie", señala entre una cebada y otra. Los cortes de carne, con su rojo intenso, están ahí pero nadie viene por ellos.
Cuando la prensa se hacía eco de las primeras dudas de la viabilidad del proyecto de Ence, Sebastián Torres abría su parador "Vuelta y Vuelta". Al lado del río y con una vista espléndida, el parador aparenta tener todo para ser un negocio redondo. Aunque es mediodía, no llama la atención que esté cerrado. Torres dice que invirtió 25.000 dólares en acondicionar el lugar.
Tiene un gesto de amargura, y no se ilusiona en cuanto al futuro de esa apuesta. Hará lo que pueda tanto por mantener el lugar como para reactivarlo si Stora Enso y Arauco deciden, luego de un año, instalarse en el predio y desarrollar algún tipo de actividad empresarial. A esta altura, parece que cualquier emprendimiento en ese enorme terreno a lado del río le vendría bien a Conchillas y a sus pobladores.
Gogna no se resigna todavía. Dice que si hicieron tanto hasta ahora, alguien va a terminar el trabajo. Sigue confiando en las autoridades, en las que sea, aclara, aunque admite que Conchillas solo tuvo acceso a información veraz cuando se confirmó la partida de Ence. Antes, afirma, todo era muy incierto.
En la visión de Carro no hay lugar para la esperanza. "Políticos de todos los colores usaron esto como plataforma para sus carreras. Los escuché a todos. Maldigo el día que voté al Frente Amplio. Era la única alternativa que quedaba, porque a Lacalle no lo voy a votar", dice e intenta acordarse del nombre de algún candidato colorado pero para también negarle su voto. No se acuerda de uno. Mira las fotos de sus nietos mientras la cara se le sigue llenando de lágrimas. "No creo que haya futuro para ellos en este país. Yo no me voy porque tengo 54 años y quiero terminar de pagar mis deudas. Pero creo que harían bien en irse a vivir a otro lado".
Aunque algunos ya dan por perdida la construcción de una planta procesadora de celulosa, dicen que si se termina de construir el puerto, hay una posibilidad cierta de que eso compense lo que se anunció y no se cumplió. "Nadie construye un puerto pensando solo en un plazo de 20 o 30 años", afirma Gogna.
Entre el esplendor de antaño, expresado en construcciones como la del almacén de ramos generales, o el hotel inaugurado a principios del siglo pasado y hoy cerrado, Conchillas se mueve en una cotidianidad lenta. Las características casas cuya construcción fue financiada por Walker & Sons son como un lazo que se extiende hacia un pasado añorado pero también cada vez más distante. Hay que hablar con gente veterana, como Pedro Barreto, quien vive en frente a la Casa Evans (ver recuadro) para que algo de ese fulgor ya desaparecido vuelva a ofrecer algún que otro destello.
Barreto señala su casa y dice que hace décadas que sigue en pie sin que haya que hacerle nada, que los ingleses -en rigor, eran principalmente escoceses y galeses, pero todos se refieren a los otrora industriales como ingleses- hicieron muy buenas cosas, y que nadie puede hablar mal de ellos.
No hay mucho para hacer, pero tampoco parece un pueblo fantasma. El liceo rural es chico pero prolijo. Y la fachada del club de fútbol Uruguay, con los mismos colores de Peñarol, luce cuidada. Por estos días, además, los del lugar reciben a la prensa. "Estos periodistas... vienen solo cuando hay mucha plata o cuando todo está fundido", dice con hostilidad un habitante al salir del autoservice de Elena Carro. Es la única muestra de aversión hacia los que preguntan por el estado de ánimo del pueblo.
Es que en un lugar en el cual todos se conocen y han compartido actividades y estudios, las muestras de hostilidad son menos frecuentes. Lo habitual es contenerlas. Al otro día, hay que cruzarse con ese vecino enemistado o compartir la cola para pagar en el almacén.
Hasta Mario Leal puede atestiguar de esa voluntad conciliadora, cuando recuerda el cartel que algún vecino le dedicó. Resignado a vivir entre quienes alguna vez lo colocaron en el papel de oveja negra del pueblo, dice que saluda a todos y que ya no le importa lo del cartel. El pueblo ahora tiene otras urgencias.
Lo que sí le apasiona es convencer a todos de la importancia de la historia del lugar. En el pasado estuvo lo mejor, y en el pasado está también la llave de una futura prosperidad, dice. El interés del turista por esa historia en la cual el industrialismo británico se mezcla con los negocios de tierra del primer presidente, Fructuoso Rivera, más la producción local, serán, esperan algunos, los que le devuelvan a Conchillas ese brillo perdido y anhelado.
En 2008 se triplicaron los valores
Gracias al anuncio de la llegada de Ence a Conchillas, un terreno de 4.000 o 5.000 dólares triplicó su precio, según el agente inmobiliario Andrés Duarte, de la inmobiliaria Raúl Machado. "Pasaron a valer 15.000 o 20.000 dólares -lo más que se pagó- siempre pensando en un mercado destinado a Ence. La rentabilidad estaba dada en los alquileres altos, por la información que había llegado de lo que pasó en Fray Bentos y porque Ence aparentaba ser seria", agregó. Según Duarte, hoy los oferentes siguen pidiendo lo mismo al no tener confirmación de qué sucederá con los nuevos accionistas y, estimó, a lo sumó bajarán a 10.000 dólares. "Conchillas sigue siendo un buen destino para la instalación de un polo industrial, ya sea para una pastera o lo que fuere. Hacer un puerto acá no molesta", dijo. Cree que a lo sumo en 2010 habrá un emprendimiento funcionando en la ciudad. Por lo pronto, aquellos que habían invertido detuvieron sus obras.
504
cantidad de héctareas que Ence compró en la zona para construir la planificada planta procesadora de celulosa.
20.000
dólares se llegó a pagar un terreno en Conchillas. Eso era más de tres veces su valor antes de Ence.
140.000
hectáreas en todo Uruguay que Ence vendió a Stora Enso y Arauco del total de 170.000 que tenía en el país.
340
millones de dólares fue el precio que pagaron las empresas Stora Enso y Arauco a la pastera española.
El remate de un edificio emblema
"No al remate de la Casa Evans", dicen carteles y pancartas colgados en el pueblo. El edificio lleva el nombre del único sobreviviente del naufragio del barco Sophia, un cocinero que se convirtió en un acaudalado comerciante. El edificio, que fue el principal local comercial de Conchillas en la época de Walker & Sons, viene acumulando deudas desde hace décadas y hoy se debe cerca de dos millones de dólares al Banco República, que rematará la construcción el miércoles. La deuda fue creciendo mientras el edificio era administrado por una cooperativa local, cuya directiva nunca pagó nada. Tal como muchas de las casas del pueblo, también la casa Evans es parte del Patrimonio Arquitectónico uruguayo.