"Al caer la noche -le dijo el hombre- vaya hacia las lanchas". Le aseguró que el viaje sería fácil: cuatro días en barco a Tailandia, luego una corta caminata a través de las colinas boscosas de Malasia. Y después, dijo el hombre, nadará en dinero.
En cambio, Mohamed Sharif quedó cautivo en la bodega de una embarcación junto con cerca de 100 personas. Sólo pudo comer arroz y beber agua, mientras la tripulación amenazaba con palizas y la lancha estuvo a la deriva durante semanas, perdida en el mar, bajo un sol que parecía una brasa ardiente. Sharif, un taxista de 26 años, había sido víctima de una red de contrabandistas de seres humanos que han emergido en comunidades costeras de Bangladesh para servir a clientes dispuestos a arriesgar sus vidas con tal de llegar a costas más propicias.
La suerte corrida por las personas de Bangladesh que intentan ingresar de manera ilegal a Tailandia ha causado indignación internacional. Se ha denunciado que las autoridades de Tailandia obligaron en fecha reciente a casi 1.000 inmigrantes a retornar al mar en embarcaciones sin motores, tras proveerlos de algunos sacos de arroz. Centenares murieron ahogados. Muchos de los que huyen de Bangladesh son rohingyas, un grupo musulmán que huyó originalmente de Mianmar para escapar a la persecución.
Cientos de miles de rohingyas viven en Bangladesh.
Las autoridades tailandesas atraparon a 1.025 inmigrantes rohingyas en 2006, a 2.700 en 2007 y a casi a 5.000 el año pasado, según el Proyecto Arakan, con sede en Bangkok, que defiende los derechos de este grupo musulmán.
Los militares tailandeses dicen que nunca obligaron a los inmigrantes a retornar al mar, y que se limitan a detenerlos y a repatriarlos. Pero el primer ministro Abhisit Vejjajiva ha dicho que las autoridades están investigando los cargos.
Por su parte las autoridades indias rescataron a más de 300 inmigrantes a fines de diciembre y de comienzos de enero, y las internaron en las islas Andaman. Tienen en prisiones a unos 200 inmigrantes que llegaron a la isla de Sabang. (AP)