Como el gato y el ratón

Vendedores ambulantes ilegales en 18 de Julio

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César Bianchi

Dos muchachos venden cosas en la esquina céntrica de Montevideo de 18 de Julio y Vázquez. Uno, de unos veintipoco, Mario, vende lentes. El de al lado tiene unos años más, quizás 30 y vende lo que antes se conocía como compact disc y ahora es cd, así a secas.

Tanto los pares de lentes como los cds son "truchos". Por eso quienes los venden no vocean su mercadería ni hacen mucha alharaca con lo que ofrecen: un inspector municipal puede andar cerca. Los vendedores ambulantes sólo le dirán lo que valen las cosas a los curiosos.

Diego dice que entre ellos se avisan cuando ven de lejos a algún inspector. "Nos gritamos o decimos `¡¡vamos!!` en voz alta", y el que está más cerca entendió que nos tenemos que ir".

A él lo han descubierto in fraganti un par de veces, tal vez tres, y se llevaron su mercadería. Los inspectores, dijo, sólo pueden requisarle los pares de lentes, pero no llevarlo preso. La vez que le decomisaron más lentes, se quedaron con unos 9.000 pesos en mercadería: el salario de un mes.

Si el día de la consulta para esta nota lo hubiera detenido un inspector le hubiera privado de una ganancia de 5.000 pesos.

Además de Diego y Mario hay un tercer joven con una tarea bien definida: vigilar que no haya moros en la costa. "Yo ando vichando, mientras ellos trabajan. Y si veo que vienen les pego el grito", dijo.

"Al que pueden llegar a llevárselo detenido es a mi amigo, que vende cds", dijo.

Su amigo, Diego, hace 10 años que es vendedor ambulante. Explica que si hay una denuncia de la Cámara Uruguaya del Disco, además de retenerle los discos "truchos", pueden llevárselo detenido hasta tres meses.

A él lo procesaron, pero nunca lo detuvieron.

-¿Por qué delito o infracción te detuvieron?

-Por… pirata.

-Por piratería.

-Ahí va.

La llegada de un transeúnte preguntando si tenía la última Viernes 13 le sirvió para cortar el diálogo, y advertirle a Mario que no hablara más, que no proporcionara más datos. Antes desmintió eso de que se alertan entre ellos cuando anda un inspector cerca: "cada cual cuida lo suyo", dijo.

Mario y Diego coinciden en que ellos tienen "bien calados" a los funcionarios municipales, y por eso están atentos a cerrar su mesita plegable y huir, generalmente a tiempo.

El director de la Inspección General de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), Jorge Alberti, admitió que "el Centro es una preocupación constante" de la comuna y por eso se fiscaliza a los vendedores callejeros diariamente.

La directora del servicio de Vigilancia de la intendencia, Cecilia Pintos, informó que "diariamente" se recorre 18 de Julio en procura de estos puestos de venta ilegales. Pero la falta de recursos humanos y de locomoción juega en su contra: hay cuatro móviles (con dos o tres inspectores cada uno) para recorrer todo Montevideo, incluyendo las ferias.

Para colmo, el personal está avejentado, se quejó Alberti. "Son los mismos que en la década de 1990 trabajaron muy eficientemente, pero tenían 15 años menos que hoy. Hoy si los corren, no los agarran y hasta pueden agredirlos".

EN FAMILIA. En 18 y Tacuarembó, un hombre de 38 años de nariz excéntrica y el pelo como un rolinga pero "plancha" vende cigarrillos de contrabando. Hace muchos años que se viene desde Sayago hasta esa esquina. Más de 20 porque empezó a vender mercadería ilegal en la principal avenida siendo menor de edad.

Pablo, llamémoslo así, ha trabajado toda su vida de eso: de vendedor ambulante ilegal. Y no tiene otro empleo. No va a vender sus productos a ninguna feria y descansa los fines de semana. Se puede dar esos lujos porque la ganancia es buena: en un mes malo obtiene 8.000 pesos y en uno bueno, 13.000. Y le alcanza.

"Me gusta trabajar acá porque estoy en contacto con la gente", argumenta. Tanto le gusta que no ha buscado un trabajo formal en más de dos décadas. Se nota que lo de él es vocación, la que incluso le inculcó a su hijo, de 18 años, que está al lado suyo vendiendo pares de lentes.

El hijo empezó el año pasado cuando era menor. Dejó el liceo en tercer grado, cursó un par de años de UTU para ser electromecánico, y se vino a 18 de Julio a ofrecer lentes sin el permiso de ninguna óptica habilitada.

"Antes, los `chanchos` me decían que como era menor no me iban a hacer boleta. Lo que pasa es que si te hacen boleta, te la tienen que mostrar y contarte los lentes delante tuyo. Y si no, ponen los números que ellos quieren", explica el jovencito.

Padre e hijo son colegas en la ilegalidad y trabajan juntos, compartiendo pequeñas delicias. "Minas como esa que acaba de pasar ves todo el tiempo", cuenta el adolescente.

El papá dice que ya conoce a todos los inspectores. Que pasan todos los días de un lado para el otro, "van y vienen, van y vienen". Pero no siempre paran y van en su busca. Hay una suerte de acuerdo tácito de "dejarlos vivir". Alberti no permite que se diga que hay un pacto que les permite la supervivencia a los vendedores: "no es cierto. Si los vemos, actuamos. Y si es mercadería ilegal, se destruye".

Dice Pablo: "Cuando nos vienen a buscar, levantamos campamento y armamos la mesita una cuadra después".

-A tu padre le gusta trabajar acá por el contacto con la gente. ¿Y a vos?

-¿Que me guste? Nada. Es un trabajo.

El padre, algo inquieto, interrumpió el diálogo de manera abrupta. "¿Sabés que me gusta de estar acá? Esto: ¡rajemos!", exclamó. Y padre e hijo se fueron sin más. u

Cosa de todos los dias

Cecilia Pintos, directora de Vigilancia de la IMM, dijo que "todos los días" hay incautaciones de mercadería ilegal en Montevideo. Y cuando la integridad física de los inspectores está en riesgo, piden apoyo a la Policía. "El inspector va de frente, no se disfraza", dijo.

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