El año que vivimos en peligro

| La educación, la salud, el fútbol, la seguridad y hasta la interna del Frente Amplio fueron algunos escenarios críticos que vivió el país en 2008. Los uruguayos, acostumbrados por su propia idiosincrasia a vivir en estado de caída inminente, empezaron a percibir que la crisis es una realidad crónica de la que aún no se encuentra el salvoconducto para salir.

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Fernán R. Cisnero

Mal pero acostumbrado", solía decir Mendieta, el perro de Inodoro Pereyra. Y ninguna frase define mejor el estado de muchos uruguayos, que aprendemos rápidamente a convivir con un montón de instituciones, rutinas y servicios con funcionamiento deficientes, carencias importantes y retribuciones mínimas.

Se podrá decir, con cierta razón, que ha sido siempre así pero en 2008 -como último año productivo del primer gobierno de izquierda y en el que factores externos se suman a históricas ineptitudes domésticas para solucionar los problemas- dejaron más en evidencia la situación crítica de muchos sectores. Y que en algún momento hay que empezar a encarar los escollos de una manera más contundente. Por eso 2008 es el año de las crisis: porque algunas de esas situaciones en las que estamos "mal pero acostumbrados", llegaron al "punto caramelo" de volverse intolerables.

A mitad de año, la palabra crisis tomó la amenazante forma de debacle financiera internacional a partir de la descuidada avaricia de la especulación en los grandes centros de poder. Fue un desastre. Al principio, el gobierno se vanaglorió de que Uruguay estaba blindado a esa catarata de malas noticias que llegaban del mundo. Últimamente ya se habla de prevenirse para lo que vendrá. El ex presidente del BID, Enrique Iglesias, habló de que la región no tiene conciencia clara del alcance de la crisis financiera. Qué Pasa dedicó en su momento un número especial a la crisis financiera y sus consecuencias locales.

Que no nos golpee esta nueva "Gran Depresión" -aunque seguramente lo hará- es un tonto consuelo para un país acostumbrado a un estado crónico de crisis . Y este año, además, hubo picos de mayor angustia en esas situaciones críticas.

Hemos elegido centrarnos en algunos casos notorios de asuntos críticos como la caída en la autoridad de Tabaré Vázquez dentro del Frente Amplio; la combinación de paros, malas notas y violencia de la educación pública; el desinterés del gobierno de que el Sistema Nacional Integrado de Salud fortalezca al mutualismo privado combinado con un servicio público percibido como ineficiente; la "sensación térmica" que cada vez es más temperatura: la delincuencia y la violencia dominan la vida diaria ante la incompetencia oficial. Y finalmente, el fútbol enredado entre la violencia, la incapacidad deportiva y la inacción política de los responsables del principal deporte, pasión de multitudes que desde hace años se conforman sin ganar una copa internacional.

No todo es culpa de este gobierno, ni tampoco de las "políticas neoliberales de la década de 1990", como suele decir la izquierda que ahora está al mando. Las razones son variadas y es ocioso culpar a alguien. Este especial no se trata de eso sino de trazar un estado de situación y medir las consecuencias. Se herirán susceptibilidades, qué más remedio.

Hay otras crisis, claro. Y no se trata de entrar en disquisiciones sobre el momento económico que vivimos. Alguien podrá hablar de cómo se desintegra diariamente la idea de un Uruguay sensato, culto y educado, aquel que solía tener el público más exigente del mundo, los mejores científicos y los artistas más elogiados. Y ahora, argumentan, eso fue vencido por la TV chatarra y los adolescentes que no leen. O cómo el concepto de familia se ha dañado a partir de datos sobre violencia doméstica, desobediencia filial o la presencia de las drogas, con la pasta base como disolvente del entramado social de muchos barrios. Y la crisis de los valores nacionales de los cuales solíamos estar orgullosos basados en los pilares de la tolerancia, la educación y el respeto ajeno. Una estampida sindical en la oficina del director de Trabajo, por ejemplo, fue elocuente de muchas de esas cosas. Cualquiera puede comprobar que esos son aspectos de un momento duro para el orgullo nacional.

Lo que ha pasado será analizado este año electoral por una oposición deseosa de hacer cotizar la desazón y un gobierno que se aferrará a los datos de cierta mejoría. Y la crisis será todo un tema porque aprendimos a vivir con ella y es el diagnóstico seguro en muchas áreas.

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