Milagro a medias

Tres centros oftalmológicos de Salud Pública reclamaban recursos pero el gobierno destinó tres millones de dólares al Hospital de Ojos, un "centro modelo" donde atienden técnicos cubanos y que ahora deriva pacientes a clínicas privadas y hospitales públicos.

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Eloísa Capurro

En el hospital Saint Bois funciona un centro oftalmológico que, según opinó la ministra de Salud Pública María Julia Muñoz, es un "centro modelo". Desde que se inauguró, en noviembre de 2007, allí se han realizado más de 4.000 operaciones de cataratas. Para eso el gobierno trajo a una brigada de 28 médicos cubanos, para ayudar a saldar lo que calificaban como una "deuda social". Por eso, el Ejecutivo los defiende cada vez que los oftalmólogos uruguayos cuestionan la validez de sus títulos o el régimen en el que viven. Y lo ha hecho con argumentos que no logran contestar la pregunta de por qué los médicos cubanos llegaron a Uruguay y por qué se gastaron tres millones de dólares para recibirlos.

"Los pobres del Uruguay que no ven tienen derecho a ver, y este gobierno con la solidaridad de Cuba, o el gobierno que sea, tratará que la gente pobre recupere la visión", dijo la ministra Muñoz en 2006. Entonces ya hacía un año que funcionaba la "Operación Milagro" a través de la cual médicos cubanos salieron a buscar pacientes con cataratas y los enviaron a operarse a Cuba. Según cifras oficiales viajaron 2.027 pacientes. Pero todavía está en el debe darles los lentes. "Algunos tienen, otros no", reconoció a Qué Pasa el director del Hospital de Ojos, Yamandú Bermúdez.

En Montevideo ya había tres centros oftalmológicos en los hospitales Clínicas, Pasteur y Maciel. Y todos estaban capacitados para realizar estas operaciones que ahora realizan los cubanos. La justificación oficial fueron las largas listas de espera que tenían esos servicios.

Pero la doctora Miriam De Giuda, del centro oftalmológico del Pasteur, contó que nunca tuvieron listas de espera. Allí todavía se realizan entre 25 y 30 operaciones mensuales. La doctora Estrellita Ugartemendía del centro oftalmológico del Hospital Clínicas explicó que en dicho centro las listas de espera eran de un mes porque eso es lo que llevaba realizar los exámenes previos al paciente. El Clínicas ha llegado a las 4.000 cirugías. El director del Maciel, Daniel Parada, señaló que allí "nunca estuvo planificado el desarrollo de la oftalmología" ya que el centro de referencia era el Clínicas. Aunque él indicó que las listas de espera que existían se debían a que "los oftalmólogos trabajaban pocas horas", fuentes médicas señalaron que faltaba equipamiento en la institución.

Luego se argumentó con el alto costo de las cirugías en Uruguay. Así se hablaba de los "médicos usureros" que cobraban 1.500 dólares por operar un ojo. Pero, como lo confirmó Bermúdez, en el servicio público nunca se cobró extra por operación. "En Salud Pública muchas veces no se operaba porque no había equipamiento", dijo. Hoy el 86% de los usuarios que atiende el hospital pertenece a la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) y, sin los cubanos, tampoco habrían tenido que pagar extra. Sólo el 14% es de mutualistas.

Sin embargo, el gobierno siguió adelante y en noviembre de 2007 se inauguró el Hospital de Ojos. Se eligió el hospital Saint Bois, "por razones de espacio" según explicó la directora de la institución, Sandra Menotti.

Para la infraestructura del hospital se invirtieron dos millones de dólares. El gobierno cubano puso los equipos, que costaron otros dos millones de dólares. Además el gobierno uruguayo gastó un millón de dólares en remodelar el Saint Bois.

Y eso a pesar de que las autoridades reconocen que el Saint Bois era un centro que se estaba desmantelando. "El hospital había quedado relegado. Neumología y cirugías de tórax se hacían en el Maciel. Se estaba desmantelando. Había pisos enteros y pabellones sin usar", explicó Menotti. Hoy, según un documento presentado por las autoridades del Hospital de Ojos ante ASSE, uno de los problemas a solucionar es el transporte de pacientes que viven en Montevideo y no saben cómo llegar al hospital, ubicado en Villa Colón.

Hay quejas, además, de que el gobierno eligió gastar tres millones de dólares allí en vez de repartirlos en la compra de equipos para los centros oftalmológicos que ya existían en Montevideo y habían hecho oír sus reclamos. "Acá hace 15 años que Salud Pública no compra aparatos", dijo la doctora De Giuda. Allí, como en el Clínicas, operan gracias al programa Sight First del Club de Leones, que les da instrumentos y equipos.

A pesar de todo, la iniciativa valdría la pena si se tratara de un centro cuya primera finalidad, según reza el balance de gestión presentado a las autoridades de ASSE, fuera "garantizar el acceso a la atención ocular integral". Pero esto no es tan así. El director del centro reconoció que algunas cirugías son todavía derivadas a Círculo Láser (empresa privada que ganó una licitación del MSP). "Hoy no tenemos resolución de los problemas que se originan en la retina, porque no tenemos equipamiento. Eso pensamos resolverlo en 2009", explicó Bermúdez. Cada operación de este tipo se paga afuera 30.000 pesos. El jerarca informó que tampoco tienen servicio de urgencia, por lo cual terminan derivando a la Emergencia del Clínicas. Y cuando llega un niño, es derivado al Pereira Rossell ya que en el hospital no se aplica anestesia general. En el Hospital de Ojos se atienden los problemas del segmento anterior del ojo (es decir, la córnea) y no del segmento posterior (detrás de la retina) de mayores de 16 años. El director no informó la cantidad de pacientes derivados a otras instituciones.

"Si toda la plata que se invirtió se hubiera dado para mejorar la tecnología de los centros que ya estaban, no creo que hubiéramos tenido los mismos resultados", opinó Bermúdez. Para él la necesidad de la estadía de los médicos cubanos se sustenta en el aprendizaje.

La "Operación Milagro" llegó aquí no sólo con médicos oftalmólogos, sino también con anestesistas, ingenieros, licenciados en enfermería, estadísticos, personal para el laboratorio clínico, una jefa de esterilización, optometristas, un epidemiólogo y hasta cocineros y chófer. Y ellos trajeron su manera de hacer las cosas. "No estamos aquí para enseñar, sino para adiestrar", dijo Isaac Paredes, jefe de la brigada cubana, a Qué Pasa en una entrevista realizada el lunes 17.

La diferencia en el trabajo, sin embargo, no pasa por las técnicas. "Nos enseñaron mucha cosa. No sólo en la parte de producción, métodos quirúrgicos o de diagnóstico, sino en la gestión", dijo Bermúdez.

La novedad, al parecer, recayó en la forma de trabajo y en el control de las operaciones diarias. En Uruguay es el mismo médico el que realiza los exámenes, controla al paciente, lo opera y luego hace su seguimiento post-operatorio. En Salud Pública no hay ingenieros contratados para el control de los aparatos médicos, por ejemplo.

En cambio, la brigada cubana tiene un especialista para cada asunto (incluido ingenieros), y el paciente es el que pasa por los consultorios. Tal como lo diseñó Henry Ford, que así sentó las bases del capitalismo. Según confirmó el director del hospital, la mayoría de las operaciones fueron hechas por médicos cubanos.

Además, la brigada vive en el mismo lugar donde trabaja: en el hospital. Para ellos la jornada comienza a las 5.30 de la madrugada y se extiende hasta las 16 horas, teniendo además una reunión final a las 20 horas. En el medio hacen pausas para comer el almuerzo cubano que su propia cocinera les prepara en su comedor. "Es (un trabajo) de tiempo completo", señaló Paredes. Los 16 médicos oftalmólogos uruguayos que allí trabajan, no viven en el hospital y ni siquiera tienen un comedor.

La otra novedad que aportaron los cubanos fue la de realizar una planilla diaria con la cantidad de operaciones de cada médico y los problemas que se suscitaron, de manera de poder prevenir problemas. "Podemos cuantificar el costo de cada cirugía y eso nos permite sacar números de todo lo que se ha producido", dijo Bermúdez. Así, según el jerarca, los uruguayos aprenden otra forma de hacer las cosas.

Pero trabajo conjunto todavía falta. Es que los instrumentistas cubanos están a la espera de que sus títulos sean revalidados y, hasta que esto no suceda, los uruguayos sólo pueden operar con instrumentistas uruguayos. Los motivos, según confirmó la Sociedad Uruguaya de Oftalmología, son legales. Por su parte el jefe de la brigada cubana informó que la transición "la tienen que empezar los uruguayos". Aún no hay fecha para la partida de los cubanos.

Así, mientras el llamado Hospital de Ojos atiende básicamente cataratas, los otros tres centros oftalmológicos de Salud Pública sobreviven en base a donaciones, lejos de la atención de los medios y del gobierno, y con los médicos uruguayos de siempre.

Como estrellas

A las 16 del sábado 15 un grupo de personas aguardaba frente al Hogar Tarará Prado (ex Hogar Israelita) con un estrado preparado, los equipos prontos y las sillas apiladas. Para esa hora se había programado un acto de homenaje a los médicos cubanos que trabajan en el Hospital de Ojos, en frente a la residencia de los pacientes que viajan desde el interior del país. Pero nadie había llegado.

Una hora después el panorama era diferente. Las sillas ya se habían dispuesto y la gente comenzaba a tomar asiento. Las banderas del Frente Amplio abundaban. Sólo algunos llevaron también banderas cubanas o imágenes de Ernesto "Che" Guevara. Entre ellas estaba María Mercedes Rodríguez de 63 años, una de las pacientes de los médicos cubanos. Con un recorte del diario cubano Granma esperaba poder dar su testimonio una vez que el acto comenzara. Pero, salvo ella, la gran mayoría de los asistentes eran gente del barrio o militantes del Frente Amplio. Aquello parecía más un acto partidario que un homenaje médico.

Finalmente a las 17.30 llegó la brigada cubana. Aparecieron por detrás del escenario y acompañados del dirigente sindical Marcelo Abdala. El subsecretario de Salud Pública, Miguel Fernández Galeano, y el ministro de Industria, Daniel Martínez, también se hicieron presentes.

Los cubanos estuvieron varios minutos esperando para tomar asiento ya que la gente les interrumpía el paso entre besos, abrazos y agradecimientos. Los aplausos fueron todos para ellos. Cuando estuvieron sentados, y el acto pudo comenzar, una mujer se les acercó con una bandera cubana que fueron firmando uno a uno. Un libro artesanal titulado La Leyenda Patria fue otro de los regalos que tuvieron.

En el acto se escucharon tres testimonios de pacientes operados y las declaraciones de los jerarcas del hospital. El jefe de la brigada cubana, Isaac Paredes, los presentó uno a uno y entonces los aplausos volvieron. Pero todo terminó como empezó: con gritos de "¡Viva la Revolución Cubana!", discursos de dirigentes sindicales y elogios para la gestión del Frente Amplio. Tal cual un acto político.

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