La ministra Daisy Tourné ha propuesto aumentar el número de policías en la calle como una manera de combatir la inseguridad, un aspecto que va a ser explotado en la campaña como una de las deudas de este gobierno. El otro día alguien contaba una escena que vio en la Ciudad Vieja: dos muchachos se dedicaban a fumar pasta base mientras, a unos metros, un agente mataba el aburrimiento de su ronda concentrado en mandar un mensaje de texto con su celular. Otro contertulio apuntó, con razón, que quizás entonces no es un problema de cantidad si no, como diría Fito Páez, una cuestión de actitud. El desdén con que las autoridades enfrentan el problema de la inseguridad achacándosela a las políticas de los gobiernos anteriores y al decir que la solución es un cuerpo policial más numeroso, se suma a la desazón que genera en el cuerpo policial el saberse en el peor trabajo por el peor salario y con eso justificar la negligencia. Creer que bajando las condiciones de ingreso a la policía o sacando oficinistas a patrullar se va terminar con la delincuencia es una buena manera de eludir el problema.