No apto para discapacitados

Por las Paraolimpíadas Beijing intentó adaptarse, pero falta

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China sorprendió al mundo con la rapidez con la que logró adaptarse para los requerimientos de los Juegos Olímpicos. Pero, aunque las competencias terminaron, la labor de Beijing no.

Para los Juegos Paralímpicos, la ciudad debió rápidamente transformarse y hacerse apta para el tránsito de personas discapacitadas. Es que, aunque hay 83 millones de personas discapacitadas en China, el país nunca ha sido especialmente hospitalario para con ellos. Así que, casi de la noche a la mañana, Beijing creó 16 líneas especiales de automóviles para los casi 4.000 atletas discapacitados que visitarían la ciudad china. Además instaló señales de tránsito para ciegos y subtes que permitieran el paso de personas en sillas de ruedas. Incluso acondicionaron la Gran Muralla china con una rampa y un ascensor.

Los esfuerzos le significaron el aplauso de las autoridades que organizan los Juegos Paralímpicos. Pero no todos están satisfechos. De acuerdo a los atletas, Beijing está lejos de ser una ciudad "amigable" para con los discapacitados. La mayoría de las veredas no están niveladas así como la mayoría de los cruces no tienen rampas. Además cruzar la avenida Chang, la arteria que divide el este del oeste y donde se encuentra Tiananmen, es imposible para una persona discapacitada: no tiene cruces peatonales y la mayoría de los automovilistas ni siquiera frenan ante la presencia de los peatones. De hecho, un ejecutivo de la Asociación Internacional de Deportistas Ciegos explicó que su advertencia para los atletas es simple: "corre para atravesar la calle, porque no pararán por ti".

La organización dice también que el hotel en el que se hospedan no tiene explicaciones en braille. Además estaban contando con los ómnibus de los juegos, pero su ruta no incluye pasar por el hotel.

Esther Vergeer, cuatro veces campeona en tenis en silla de ruedas europea, explicó que estaba emocionada por visitar la Gran Muralla. La primera vez que había podido ver la construcción había sido en 2007, cuando un extraño se ofreció a llevarla en sus espaldas. Esta vez pretendía verla por sí misma. Pero una vez que llegó, la rampa para discapacitados no funcionaba. Preguntó a qué se debía la falla, y nadie le supo explicar.

(Newsweek)

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