Isaac Asimov o Arthur C. Clarke seguramente se revuelven en sus tumbas. Los viajes interestelares que ellos y otros escritores de ciencia ficción imaginaron como un futuro cierto, seguirán siendo fantásticos. A esa conclusión llegaron expertos de Nasa, la Fuerza Aérea y académicos en una reciente reunión en Hartford. Luego de todos los cálculos posibles, decretaron que aún con las tecnología más fantásticas, es casi imposible que un ser humano alcance a la estrella más cercana (a 4,3 años luz de distancia) en vida. Uno de los principales obstáculos es que se requeriría la energía de todo el planeta Tierra para alimentar el motor a propulsión. Y eso con el más optimista de los cálculos. Más probable es que se necesite 100 veces más que eso.