Cuando dos de los hombres más ricos y poderosos del mundo se unen para destruir un enemigo, conviene prestar atención. Bill Gates, el ex mandamás de Microsoft, que ahora dedica su tiempo a su fundación, viajó la semana pasada a Nueva York, la ciudad que maneja Michael Bloomberg, para unirse a la campaña contra el tabaco de su colega multimillonario.
¿Será que estos potentados encontraron su rival más difícil? A pesar de las décadas de trabajo de los activistas, más de mil millones de personas aún fuman. Fumar mata a la mitad que no logran dejar de pitar, reduciendo su expectativa de vida entre 10 y 15 años. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de cinco millones de personas mueren prematuramente por año por el tabaco. Eso excede las tasas combinadas de sida, tuberculosis y malaria.
A pesar de tan penosa situación, hay tres razones para darle a estos nuevos activistas una esperanza de triunfar: dinero, métodos y motivación. Gates y Bloomberg prometieron gastar unos 500 millones de dólares en el tema. Como la organización de Bloomberg ya había anunciado 25 millones, los nuevos fondos alcanzan "sólo" 375 millones; 250 millones del alcalde y 125 millones del magnate del software.
¿Cómo se va a gastar? De maneras bastante innovadoras, y esa es la segunda razón para el optimismo. Hasta ahora, la mayoría de los fondos anti-tabaco se habían canalizado a través de unas pocas y gigantescas burocracias. Pero la organización de Bloomberg quiere apostar a muchas iniciativas, tanto públicas como privadas, para ver cuál funciona.
Que dos gigantes unan fuerzas es un punto de inflexión en la filantropía estadounidense, comparable con la decisión de Warren Buffett hace dos años, de poner su fortuna al servicio de la fundación Gates. Como parte del nuevo compromiso, Gates da sus 125 millones directamente a la organización de Bloomberg, el resto irá a proyectos cuidadosamente monitoreados en India, China y otros lugares donde el número de fumadores no para de aumentar.
Y está la motivación. Hay grandes jugadores en esta causa, lo que debería inducir a cada nuevo integrante a traer ideas frescas al combate. A comienzos de año, la OMS comenzó una campaña contra el tabaco, MPower. Uno de sus puntos más atractivos era que, en contraste con tantos otros proyectos, tenía una idea clara de lo que se necesitaba.
Los expertos de la OMS listaron una series de tácticas, que iban de una agresiva educación pública a un incremento de los impuestos al tabaco que dio buenos resultados; aunque impuestos altos alientan el contrabando y evasión, estudios hechos en Brasil demuestran que las medidas fiscales logran bajar el consumo. El Banco Mundial está pensando unirse a las campañas anti-tabaco después de años de displicencia al tema. (The Economist)