Una encuesta realizada por académicos de la Universidad de Chicago y reproducida en el último número de The Atlantic Monthly revela que las clases más humildes gastan más en su apariencia social, que aquellas que tienen más dinero. El estudio se centra en los afroestadounidenses pero la tendencia se repite en los latinos.
Los afroestadounidenses con los mismos salarios y la misma cantidad de miembros de su familia que los estadounidenses blancos, gastan hasta 25% más de sus ingresos en joyas, autos, cuidado personal y apariencia. Una familia negra que gana 40.000 dólares al año, gasta 1.900 dólares más en esos rubros que una familia igual pero blanca.
Ese gusto por una apariencia cara de los afroestadounidenses queda clara en los artistas de hip hop que en general provienen de clases bajas pero hacen alarde de una riqueza exhorbitante a base de joyas estrafalarias, autor carísimos y casas decoradas con derroche de dinero y, bueno, algo de mal gusto. Así, lo mismo repiten sus seguidores aunque con una cuenta bancaria bastante inferior.
El artículo de The Atlantic enmarca esto en un término acuñado por el sociólogo Thorstein Veblen en 1899: el "consumo conspicuo". Eso hace que, por ejemplo, los ricos en lugares pobres quieran mostrar su riqueza y que los pobres quieran disimular su pobreza. Y todos terminan gastando un montón en aparentar.