Internet te deja aún más tonto

Academia estadounidense evalúa qué hará de nosotros la red

Mark Bauerlein tiene una opinión nefasta de los adolescentes. Por algo el nuevo libro de este profesor de inglés de la Universidad de Emery se titula The Dumbest Generation ("La generación más tonta") y está subtitulado "De como la era digital idiotizó a los jóvenes estadounidenses y arriesga nuestro futuro, o no confíes en nadie menor de 30". Bauerlein le reconoció al Chicago Tribune que el título del libro es una provocación más que una comparación, pero luego da pruebas de que va por el lado correcto. Constata por ejemplo que más de la mitad de los estudiantes del 12° grado (el final del liceo) saca una nota por debajo de lo básico. Aunque internet obliga a leer "no hay una internalización del conocimiento". De acuerdo a un estudio del Pew Center, el segmento de la sociedad estadounidense menos informado es el que tiene entre 18 y 29 años, justamente el que más utiliza internet y otras herramientas de información.

"En lugar de abrir la cabeza de los jóvenes estadounidenses a los terrenos de la civilización, las ciencias y la política, la tecnología ha contraído su universo a ellos mismos y a la escena social que los rodea", dice Bauerlein en su libro, citado por el Kansas City Star. El diario informa que el 60% de los que entraban en la universidad en 1966, consideraban estar al tanto de los avatares políticos como algo "muy importante". En 2005, esa cifra cayó al 36%.

Los jóvenes parecen tener otras inquietudes. Bauerlein dice en su libro que los estadounidenses de 15 y 24 años dedican cinco horas y media diarias al ocio, de las cuales hasta cuatro son destinadas a la televisión o a los videojuegos.

La tesis de Bauerlein se inscribe en una tendencia de la academia estadounidense de que internet, más que contribuir a una mejor formación, solo nos ha idiotizado en grado importante. Un reciente artículo de The Atlantic firmado por Nicholas Carr se titula ¿Está Google haciéndonos más estúpidos? sobre cómo los medios que usamos moldean nuestro cerebro. Para cimentar su teoría, Carr recuerda como Friedrich Nietzsche se compró una máquina de escribir en 1882, y esa mecanización de su tarea marcó profundamente su trabajo: su prosa se volvió más escueta. El propio filósofo lo reconoció a un amigo: "nuestros equipos para escribir tienen su parte en la formación de nuestros pensamientos". Así, dicen, la computadora está forjando una nueva manera de acercarse a las cosas. Una reciente encuesta sobre la relación de los usuarios con videos on line era clara: el promedio de la capacidad de atención en YouTube, por ejemplo, excede apenas los dos minutos.

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