El mundo eligió su candidato para presidente de Estados Unidos mucho antes que el Partido Demócrata lo hiciera. La Obamamanía ha llegado hasta el sudeste de Asia, donde el candidato Barack Obama vivió de niño en Indonesia. Alí Detta es una típica chica de 11 años y la precoz niña es una gran admiradora de Obama. Para probarlo lleva puesta una camiseta con la leyenda "Go Obama". "Él es su héroe, ¡lo más grande que hay"`, dice su padre y, cuando se le pregunta si piensa que el candidato demócrata ganará, él responde: "Esperamos que sí".
Es que Asia se siente descuidada por la política exterior de la superpotencia del mundo. Cuando el actual presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ha tenido que ver con el continente sólo ha sido por amenazas terroristas. A los asiáticos les importa la seguridad, elevar los niveles de vida mediante un intercambio comercial más justo y una relación más equitativa con la mayor economía del mundo.
Por eso, parte del atractivo de Obama en Asia se debe, en particular a su compromiso de dedicarse más a la diplomacia que al enfrentamiento. Aunque también es generacional. Obama es un cuarto de siglo más joven que su opositor republicano, John McCain, y muchos países asiáticos tienen poblaciones jóvenes.
Observadores como Kishore Mahbubani, un ex diplomático singapurense y decano de la Lee Kuan Yew School of Public Policy, también señalan la cuestión étnica. Ver a este hijo de un negro keniata y una madre blanca de Kansas llegar a la presidencia podría elevar la fama de Estados Unidos en todo el mundo.
Nunca antes los medios de prensa extranjeros dedicaron tanto tiempo y escribieron tanto sobre las primarias en Estados Unidos. Además de Asia, también en África -donde nació el padre del candidato- estalló la Obamanía. En Alemania una empresa de juguetes ya diseñó su propio mini-Obama, con una edición limitada a 999 muñecos (ver foto).
Pero el interés debe ser tomado con pinzas. Una de las cosas que hundió a John Kerry en 2004 fue la percepción de que los extranjeros querían que él derrotara a Bush. Más allá de lo que los estadounidenses elijan en noviembre, el interés por una política exterior renovada en Estados Unidos es claro (BLOOMBERG y AFP).