El traje de tres piezas en el escaparate del sastre Leonard Fagan en Dublín viene con camisa negra, corbata blanca y un pañuelo negro, y se vende por 350 euros. Está hecho para que un niño de 8 años lo use una vez.
La primera comunión, un rito católico que antes se conmemoraba con trajes y vestidos usados, se ha convertido en un festival de limusinas, manicura francesa y trajes a la medida para algunos niños irlandeses. "Buscan trajes estilo James Bond``, dijo Fagan. "Quieren verse como sus ídolos``.
La Iglesia está arremetiendo: algunas parroquias celebran ceremonias los domingos y exigen uniformes para evitar extravagancias.
"He visto niños viajando en limusinas blancas, y los padres contratan carruajes y ponies Shetland``, dice el monseñor Dan O`Connor, director de la asociación de primarias católicas. "Recuerdo una fiesta en la que hubo carpa y un cuarteto de cuerdas``.
La presión social obliga a algunos padres a endeudarse para celebrar lo que debería ser un acto religioso, dijo O`Connor. "Lo que intentamos combatir es que la gente se endeude``, dijo O`Connor.
Los padres de los 60.000 niños en Irlanda que reciben la primera comunión en abril y mayo gastan hasta 4.200 euros, según cálculos de Irish Examiner. Un vestido de seda de diseñador para la primera comunión cuesta unos 500 euros, un carruaje tirado por caballos 850 euros, una limosina 300 euros y las cuentas de restaurante ascienden hasta 1.000 euros, calculó el diario.
Kerrie-Ann Grant, con un vestido blanco largo, velo, tiara y zapatos blancos, invitó a 19 parientes a comer en Milestone Inn al norte de Dublín, después de la primera comunión. "Escogió su propia tiara, eligió los zapatos. Tiene muy buen sentido de la moda", dijo su madre, Christina, antes de agregar que los niños no "están en la pasarela``. "Desde el punto de vista religioso es muy importante``. (Bloomberg)